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Supervivencia salvaje – Por Félix Hernández

Ceremoniosamente se repite el ritual. Al igual que en la sabana africana, aunque no se trate de la migración de los herbívoros entre los parques del Serengueti y Masai Mara, esos queridos vertebrados, etiquetados como políticos, con sus distintas especies y subespecies, ya están en marcha en busca de pastos mejores. Sin el ánimo de perpetrar ofensa alguna a cebras, antílopes, gacelas o ñus, con la candidez del biólogo aficionado, estudiaremos los parecidos razonables entre el comportamiento de unos y otros en este salvaje páramo de la política local.

El primer método de defensa para salvaguardar la vida ante tanto depredador suelto consiste en comportarse de manera gregaria, juntarse en rebaños lo más numerosos posible con el objetivo, casi estadístico, de disminuir las probabilidades de ser devorado. Comer lo mismo, mantener ojos y orejas bien abiertas ante una posible amenaza también es habitual entre congéneres. Eso sí, cuando la situación se pone peligrosa que cada uno salve su trasero como pueda. En el caso de antílopes o gacelas, los líderes del rebaño suelen marcar el itinerario de huida; por su experiencia, fortaleza y reconocimiento curtido en mil carreras. Sin embargo, estos líderes perciben su decadencia cuando empiezan a comprobar que, ante cada ataque, con el paso de los años se duda de su solvencia. En desbandada anárquica, todos sus iguales corren alocados en distintas direcciones, dejando sin protección a los más jóvenes, a los más veteranos y al mismo líder del grupo. Terreno abonado para que un depredador haga su trabajo.

También merece mi atención la técnica de los ñus para salvar el río crecido por las últimas lluvias e infestado de cocodrilos. En este caso, los primeros en saltar a las aguas por imprudencia o seguidismo se convierten en el aperitivo de los reptiles, incluso lo que resulta políticamente más interesante, los cuerpos de los que agotados se ahogan sirven de apoyo para que otros alcancen la ansiada orilla y las verdes praderas que les esperan al otro lado. Otro ejemplo de manual de supervivencia política. Al final, no quiero olvidarme del trabajo esencial de los carroñeros que, por unas míseras migajas y el chupeteo de las pieles y huesos, son capaces de hasta reírse de sí mismos y hacerle el trabajo sucio a los reyes de la sabana. Hay sitio para todos.

@felixdiazhdez