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Alegre y Martinón sacan toda su artillería en la recta final al Rectorado

Alegre y Martinón se saludan antes del comienzo del debate organizado por AlumniULL. / FRAN PALLERO
Alegre y Martinón se saludan antes del comienzo del debate organizado por AlumniULL. / FRAN PALLERO

SARAY ENCINOSO | La Laguna

Un debate con menos público pero “con más ritmo y armonía”. Así definió el moderador Zenaido Hernández el segundo encuentro organizado por AlumniULL entre los dos candidatos a rector, Antonio Martinón y Olga Alegre. Su descripción se acercó a la realidad: al contrario que en la primera cita, esta vez sí hubo espacio para la réplica y la contrarréplica e incluso se habilitó una mesa a la entrada para que docentes y alumnos dejaran por escrito, y de manera anónima, sus preguntas. El acto, que volvió a celebrarse en la Facultad de Periodismo, fue la última oportunidad para que los dos catedráticos dejaran claro qué los une y qué los diferencia. El formato y la cercanía de las elecciones -tendrán lugar el jueves- elevó la tensión entre ambos y el tono fue notablemente más tenso que hace dos semanas.

Para poder tratar los temas más relevantes de la campaña, la asociación de antiguos alumnos de la Universidad dividió el debate en cuatro grandes áreas temáticas: el profesorado, el alumnado, el personal de administración y servicios y las titulaciones. Tanto el profesor de Matemáticas como la decana de Educación coincidieron en líneas generales en que para transferir mejor la investigación que se realiza dentro de la Universidad a la sociedad es imprescindible dotar al profesorado de apoyo técnico que evite la excesiva carga burocrática a la que se ve obligado. Sin embargo, a pesar de compartir inicialmente esta visión, los dos catedráticos no estuvieron de acuerdo en cómo materializar ni ese ni otros muchos objetivos. Alegre criticó las previsiones de Martinón de conseguir que todos los departamentos logren atraer a al menos “un Ramón y Cajal en los próximos 15 años”, lo acusó de no valorar la investigación que ya se realiza en la institución y de no ser realista. “No podemos captar a los becarios, ellos eligen a qué universidad van”. Fue el primer desencuentro de otros tantos. “La profesora Olga Alegre ha caricaturizado nuestro programa. Yo no he pretendido ofender la inteligencia de nadie; la inteligencia en la Universidad está por encima de la media y por eso no me atrevo a hacer comentarios como el suyo”, le espetó Martinón.

El reglamento del Trabajo de Fin de Grado (TFG), que ha generado ya algunos problemas en la universidad por falta de docentes para coordinarlos, fue también otro de los asuntos en los que parecieron no estar de acuerdo, aunque al final resultó que estaban diciendo lo mismo. Alegre insistió en que “no había que revisarlo”, como había sugerido públicamente en alguna ocasión el antiguo decano de Matemáticas, sino “cambiarlo” entero. Martinón respondió con evidente ironía que para él revisar implicaba hacer modificaciones a posteriori. La normativa de permanencia, una de las reivindicaciones más clamorosas del alumnado, fue otro de los temas de discusión que los alejó e hizo subir el tono. En esta ocasión, Alegre no se refirió a Martinón cuando habló de que había escuchado en algunos campus hablar de “abolir” esta normativa, pero él se dio por aludido rápidamente y sostuvo que jamás había hecho esa promesa. En cualquier caso, los dos candidatos se reafirmaron en sus intenciones de revisar el texto y hacer más flexible la norma. También pusieron sobre la mesa el compromiso de promover una mayor participación del estudiantado. Martinón aprovechó para lamentar que con motivo de estos comicios la Universidad no haya promovido una campaña para incentivar el voto de los jóvenes, el colectivo más numeroso de la institución y el menos involucrado (a pesar de que subió la participación ocho puntos con respecto a las elecciones anteriores). Este apartado fue el que más crispó el debate. Alegre recordó su implicación en la reivindicación de una facultad digna para Educación, “cosa que no sé si han hecho otros decanos”. El matemático, que interpretó que se refería a él, explicó que la Facultad de Matemáticas es más que suficiente para acoger a todo el alumnado y acusó a Alegre de hacer protestas “con tufillo electoral”. Por último, amenazó con “airear” material del que disponía e hizo un llamamiento a “no pasarse de la raya”, porque una vez que se traspase, “es muy difícil volver atrás”.

El personal de administración y servicios, muchas veces olvidado, tuvo también protagonismo. Alegre destacó el papel que desempeñan, muchas veces de manera altruista, y el compromiso férreo que mantienen con la ULL. Martinón, por su parte, abogó por impulsar planes de movilidad para el PAS, además de garantizar la estabilidad de la plantilla (igual que la del profesorado).

Las casi dos horas de debate ayudaron a despejar dudas: primero, que Alegre aboga por la continuidad solo en algunos aspectos -se desmarcó de varias decisiones del equipo de gobierno actual- ; segundo, que hay diferencias en las candidaturas, pero también entre los candidatos a suceder a Eduardo Doménech; y, tercero; que queda poco margen para convencer a los indecisos.