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Antonio Castro: “Canarias tiene para mí más derechos que Cataluña y País Vasco y debe votar el Estatuto en referéndum”

Antonio Castro Cordobez. | Sergio Méndez
Antonio Castro Cordobez. | Sergio Méndez

Por CARMELO RIVERO

Antonio Castro Cordobez, perito agrícola y consejero histórico de Agricultura entre otras facetas, en realidad quería ser marino, y ahora, con 68 años, está decidido a hacerse de nuevo a la mar en la etapa política que se inicia el 24 de este mes, después de barajar “seriamente” su retirada. Su nombre volvió a aparecer, como un Guadiana en la política canaria, entre los posibles candidatos a presidir el Gobierno autónomo. “Ese tren ya pasó”, afirma el presidente del Parlamento, el político palmero más influyente en el último tercio de siglo.

Estar a bordo de la política es su hábitat natural y asegura saberse de memoria el himno de la comunidad, el arrorró, que invita a continuar “navegando la esperanza”, pero lleva en el bolsillo de la chaqueta, por si acaso, la letra oficial plastificada junto a la copia del carné y el certificado de residencia, que muestra sarcástico.
Es el último superviviente del Parlamento provisional de 1982 y concurre de nuevo como cabeza de lista a la cámara por su isla natal, La Palma, pero ya sin cargos orgánicos, como un militante de base de Coalición Canaria (CC), el partido que él mismo bautizó, como desvela en esta entrevista. “Voy a contar una anécdota. Nadie sabe que el nombre de CC nació en una conversación mía con Lorenzo Olarte, que era presidente del Gobierno. Le dije: ‘Lorenzo, ¿qué te parece el nombre de Coalición Canaria?’. Y Olarte enseguida lo defendió”.

-Elija un momento de todos estos años.
“Cuando Canarias llegó a tener mucha fuerza en Madrid y CC logró un grupo propio de cuatro diputados. Mariano Rajoy y yo redactamos el pacto que firmaron Aznar y Manuel Hermoso. Aquel día, por parte del PP, estaban Rato, Rajoy, Arenas y Bravo de Laguna. Y por CC, Mauricio, Adán Martín, Julio Bonis y yo. Después de haber llegado al acuerdo, los demás dijeron, bueno, Mariano Rajoy y Antonio Castro que redacten el documento, y allí nos quedamos los dos. Todo era nuevo para nosotros, tanto para él como para mí”.

-¿Qué opinión tiene de Rajoy?
“Una persona de palabra. Por eso no entiendo lo que ha estado pasando con Canarias”.

-Usted era el famoso negociador de los convenios de Estado: carreteras, aguas, costas… ¿Qué pasó?
“Eso fue fruto de aquella época, los 90, cuando CC tenía grupo en el Congreso y un acuerdo con Aznar. Esa cultura de los convenios se deriva de una fuerza política en Madrid que hemos perdido. Y yo espero que la recuperemos en beneficio de Canarias”.

-¿Se ve en Madrid?
“Confieso que ese es un reto que, si surge, sí digo que me lo pensaría. Ana Oramas está peleando, pero es predicar en el desierto, en la mayor soledad”.

-¿Entonces, si su partido se lo pidiera se lo pensaría?
“Sí, ese ahora mismo es el reto más importante de Canarias: formar nuevamente un grupo parlamentario”.

-¿Cómo será este mes el Día de Canarias?
“Va a ser un 30 de Mayo sin precedentes. Una carrerilla de pasillos y tanteos. Me sorprendería enormemente que ese día estuviera hecho el pacto”.

-Esa sí que es una liturgia.
“A veces los partidos los han tenido precocinados antes de las elecciones. Esta vez, no serviría de nada”.

-Usted fue de los que dio el biberón a la autonomía, ¿cómo ha salido la criatura?
“Muy bien. No podíamos sospechar los avances que hemos tenido en estos treinta y tantos años”.

Antonio Castro en el Parlamento. | S. M.
Antonio Castro en el Parlamento. | S. M.

-Se cierra la VIII legislatura y se convocan elecciones. ¿Qué Parlamento saldrá detrás de la cortina?
“Inédito. No se parecerá en nada a los de toda la autonomía. Hemos dispuesto la infraestructura tecnológica para que esté cerca de los ciudadanos. Será más plural, más complejo y más real”.

-¿Le gustaría ser presidente de ese Parlamento?
“Qué duda cabe duda, pero dos legislaturas son suficientes para un político. ¿Por qué no una mujer presidenta del Parlamento?”.

¿Algunas leyes hay que tirarlas a la papelera?
“Sí, alguna sobra y otras hay que cambiarlas”.

-Le cito 1978, ese año puso un pie en la política…
“La primera mitad de ese año estuve trabajando. Era jefe de Extensión Agraria en el norte de La Palma, en San Andrés y Sauces. Y Galván Bello y Zenón Mascareño me llamaron a la política. En el 79 fui a la Junta de Canarias de consejero de Agricultura. Ahí empezó todo”.

-Varias veces consejero, senador y presidente del Parlamento en dos legislaturas, pero nunca candidato a la presidencia del Gobierno. ¿Tuvo opción?
“Sí, sí. Nunca fui candidato porque era palmero y en los foros del partido había, voy a decirlo, otras componendas. En un par de ocasiones he podido serlo. Pero siempre se imponían las tesis de Tenerife”.

-¿La ley de gravedad de Tenerife-Gran Canaria?
“Sí, esa expresión jocosa se ajusta a los hechos”.

-¿Cuándo fue la vez que estuvo más cerca?
“Cuando fue Román Rodríguez. Hubo que rescatar a un viceconsejero que había hecho una buena gestión. En un momento determinado estaba solo yo”.

-¿Por qué no fue el candidato entonces?
“Por eso, porque soy de La Palma. CC dice que el presidente puede ser de cualquier isla, pero eso está en los papeles, la realidad es otra”.

-¿Y ese tren ya pasó o todavía no?
“Sí, sí, por supuesto. Eso ya no me lo planteo. Esta última vez hubo otra oportunidad. Se habló de Ana Oramas y de mí. Al final, el partido optó por Fernando Clavijo y lo correcto es que todos lo apoyemos. Cuando fue imputado había gente que reabrió el tema, pero sabíamos que las imputaciones no tenían fundamento; tuvimos confianza”.

-¿Qué valoración hace de la figura de Clavijo?
“Tiene un potencial político enorme, si obtiene escaños suficientes para ejercer la presidencia y se rodea de las personas adecuadas”.

-Fernando Jáuregui ha escrito De Franco a Podemos, un período que abarca nuestras vidas. ¿Qué opina de Podemos, ya sin Monedero?
“Me merece mucho respeto. Pero en las formas pueden llegar hasta la hipocresía”.

-Combaten a su generación, la del 78.
“Con el tiempo se arrepentirán de decir esas cosas con la boca caliente. Quienes intervinimos en la Transición sabemos que no fue sencillo pasar de la dictadura a la democracia. Asumimos riesgos. Aquello fue…”.

-¿Un salto sin red, como Pinito del Oro?
“Exacto. Yo tuve la fortuna de verla. Tenía a todo el circo en vilo. Si te caes no tienes remedio. La Transición se hizo de ese modo, sin red”.

-¿Y el mayor error de Canarias cuál ha sido?
“No haber alcanzado un Estatuto del máximo nivel”.

-¿Haber quedado fuera de las autonomías históricas?
“Sí. Recuerdo la frustración que nos produjo cuando los 87 municipios de Canarias, los Cabildos y la Junta de Canarias acordaron un proceso por la vía del artículo 151, con referéndum, y un pacto de UCD y el PSOE en Madrid lo impidió. Nunca lo entendí, fue una injusticia, que se nos debe reparar en La Constitución, porque Canarias tiene para mí más derechos que Cataluña y País Vasco”.

Nunca fui candidato a la presidencia del Gobierno porque era palmero”

-¿El Parlamento en Tenerife y la Delegación del Gobierno y el TSJC en Gran Canaria fue un buen reparto?
“Eso fue en el Pacto de Medinaceli, por el dichoso pleito insular. La Diputación de Canarias estuvo antes en Tenerife y parecía lógico. Pero lo razonable es que el Gobierno y el Parlamento estén en el mismo sitio. Se pensó en La Laguna y no se profundizó. Habría sido la capital consensuada de Canarias. Ha salido bien y hoy ya no lo cambiaría”.

-¿La etapa de López Aguilar fue la más áspera?
“Juan Fernando, un hombre muy capacitado, era muy conflictivo de por sí. Resultaba incómodo hasta para sus propios compañeros, que a mí me lo decían. Ahí pasó de todo, y lo de menos fue el incidente que tuvo conmigo”.

-¿El “usted miente”?
“Sí, aquello se lo dije porque era el debate de investidura. Y ahí los oradores se dirigen al Gobierno. Sin embargo, él empezó a meterse con el Parlamento, Y, claro, lo corté, haciendo uso de mis atribuciones. Cuando se dicen medias verdades, se miente. Había algunos diputados que le tenían cogido el tranquillo y lo provocaban. Fue una situación desagradable hasta que se fue al Congreso”.

-¿Ha conocido políticos analfabetos?
“Sí, pero poquísimos, el 1 o el 2%. Se cuela alguno por las carambolas de la vida. Yo soy partidario de que en un Parlamento haya de todo. Cuestión distinta es que se haga el ridículo. Un analfabeto puede ser parlamentario, según qué persona. Yo he conocido analfabetos en el campo, pero ¡cuidado con la inteligencia y la filosofía de la vida que atesoraban!”.

-¿Cuál es la mayor cancaburrada que ha escuchado?
“No sabría decir cuál. Se han dicho palabras, unas más gordas que otras, sutilmente y menos sutilmente”.

-¿Nunca han llegado a las manos?
“No, no lo habría permitido. Enfrentamientos verbales, sí; físicos, no. En esta legislatura tuve que suspender la sesión un par de veces para calmar los ánimos”.

-¿Ha tenido que expulsar a algún diputado?
“Llegué a las dos advertencias. No me dieron lugar a la tercera”.

-¿Volverá el diputado 31?
“Puede suceder. Pero no sería deseable. Si fuera posible, un pacto de 60 diputados sería lo mejor para este momento. Nos lo tenemos que meter en la cabeza”.

-¿Qué opina de Casimiro Curbelo?
“Tiene una madera política enorme, pero quizá estaba en el partido equivocado por el grado de disciplina”.

-¿Su idea es la de un pacto total?
“Debería ser posible un pacto de todos por el bien de Canarias. Pero lo más probable es que sea de dos o tres”.

-¿El Gobierno de Paulino Rivero qué nota merece?
“Me parece que ha hecho una gestión notable. A Paulino Rivero hay que reconocerle su trayectoria, su trabajo. Merece todos los respetos. Seguramente, se tomará un tiempo y decidirá si se retira o sigue en la política activa, donde tiene recorrido. Le ha tocado gestionar una crisis, y eso no perdona. Canarias no está peor de lo que estaba hace ocho años. Yo creo que está mejor. Es cierto que ha alentado algunos debates que debieron tener otros foros. Pero en esta legislatura ha habido muy poca sensibilidad del Gobierno central con Canarias. Han sido relaciones difíciles entre los dos gobiernos”.

-¿Canarias y Madrid deben sellar un pacto de relaciones?
“Yo creo que sí, a corto plazo. Y las más altas instituciones del Estado deberían ocuparse de esto. Llevo más de 36 años de experiencia política, y lo que digo lo digo desde la serenidad y la reflexión. Eso, el REF, habría que regularlo a corto plazo. Y recogerlo en la reforma de la Constitución. Porque hay riesgos”.

-¿Qué clase de riesgos?
“Estamos viendo la situación de Cataluña, que si se hubiera actuado a tiempo, no se habría llegado aquí”.

-¿Una Cataluña en Canarias?
“Pues sí. Suena fuerte. Pero si la gente sigue con los niveles de paro que tenemos…, y los Presupuestos del Estado siguen incumpliendo los umbrales de inversión del REF porque no está contemplado en la Constitución, pues… la experiencia que tengo, y alguna tengo, hace presagiar esos riesgos. Si el Estado no cambia en su postura con Canarias, no necesito tener ninguna iluminación para saber que algún día aquí puede pasar algo”.

-¿Qué?
“No lo sé, pues que haya una crisis insoportable de todo tipo, política, económica y social, imagínese. Tampoco quiero magnificar. Benjamín Franklin sentenció que ‘un pequeño agujero puede hundir un barco”.

-¿Cuál ha sido el peor momento del matrimonio Canarias-Estado?
“La peor etapa fue el desentendimiento total que demostró España hacia Canarias en la época napoleónica. Aquí se mantuvo el tipo y la vocación de permanecer en el ámbito español. Nos quedamos desconectados. Se cortó la comunicación”.

-¿A cuánto asciende la factura de los incumplimientos?
“En esta legislatura, el Estado nos debe un tercio del presupuesto canario, más de 2.000 millones, 700 por año”.

-¿Y por qué esa ceguera del Estado con Canarias?
“La cultura política de España siempre ha sido centralista. Madrid cree que Madrid es España. Cuando yo era senador, se cerró la única clínica de los Llanos de Aridane, que era privada. Y un secretario de Estado me dijo que por qué no llevábamos los enfermos en barco de Los Llanos a Santa Cruz de La Palma”.

-Antes citó a Suárez. ¿Supo entendernos?
“Supo entender el momento político y la situación de Canarias, y lo hizo de un modo brillante”.

-¿Y en Europa quién?
“Jacques Delors. Lo conocí siendo yo consejero de Agricultura. Era un estadista que sabía lo que Europa tenía que ser y hacer, y cómo hacerlo. Mantuvimos dos encuentros muy provechosos cuando Fernando Fernández era presidente del Gobierno. El paquete gordo de la negociación era el agrícola, el mío. Y me impactaba que el presidente de la Comisión Europea mostrara tanto interés por nosotros y comprendiera nuestra complejidad. Había estado aquí. Creó el grupo interservicios para Canarias, y puso al frente a Ciavarini, al que volví a saludar el otro día en la entrega de la Legión de Honor de Francia a Leopoldo Cólogan. Ya está jubilado”.

-¿Y los reyes?
“Don Juan Carlos fue un rey encomiable, muy cercano con nosotros. Él y doña Sofía son dos personalidades. Cuando vino don Felipe a la inauguración del Palmetum, aún no era rey, y le pedí que cuando lo fuera, igual que con sus padres, Canarias fuera una de sus primeras visitas. Creo que la Casa Real debe cuidar su presencia en las Islas. Un rey nuevo debe tener una agenda muy densa. Pero cuando una familia tiene muchos hijos y uno tiene más problemas que los demás, necesita una atención especial”.

-Por un error nunca presidió el Cabildo de La Palma.
“Gané las elecciones, hubo un recuento erróneo en una mesa, y por 112 votos le dieron la presidencia a mi buen amigo Felipe Hernández, del PSOE. Cuando los tribunales nos dieron la razón, yo ya estaba en el Gobierno y ocupó mi lugar Gregorio Guadalupe. Me quedó pena”.

Un pacto de 60 diputados sería lo mejor ahora. Nos lo tenemos que meter en la cabeza”

-Vuelve al Parlamento de cabeza de lista por La Palma.
“A trabajar intensamente por mi isla, que lo está pasando muy mal. La Palma ahora mismo es la isla más necesitada”.

-¿Ha tenido favoritismo con su isla?
“Con todas. La autonomía ha servido para reequilibrar a las islas menores con las capitalinas”.

-¿Qué fue de su agria polémica con Perestelo, que diría Ramón Arangüena?
“Nunca ha habido una mala relación entre nosotros. José Luis Perestelo es una persona encantadora. Algunos planteamientos suyos a raíz del congreso insular no me gustó que se airearan, él también lo ha entendido así, y va en primera línea al Cabildo. Es una labor de equipo, con el presidente del partido, Juan Ramón Hernández, y de la secretaria general, Guadalupe González Taño”.

-¿La política que viene cómo será?
“De muy día a día. No bastarán los programas electorales, sino el contacto permanente, con mucha telemática. Hay que saber tener respuestas inmediatas. Yo he vivido escenas espeluznantes de desconcierto. En tiempos de la Junta de Canarias, cuando se empezaba a debatir sobre el ingreso de Canarias en la Comunidad Europea, había una clara división. En una asamblea de más de 300 empresarios, sindicatos y políticos del máximo nivel, en el Hotel Santa Catalina de Las Palmas, vi cómo se llegó a proponer una votación con una urna sobre la marcha para decidir si entrábamos o no en Europa. ¡Una burrada! Era como si en una boda se sometiera a votación si se quita al alcalde del pueblo. Al final no se votó”.

-¿Usted es de izquierda, de centro o de derecha?
“Me considero cercano, moderado, entre una socialdemocracia y un socialiberalismo. Admiro la política británica y el pragmatismo norteamericano. A Sandro Pertini, que era socialista y le dio estabilidad a Italia”.

-Aunque usted recuerda más a Andreotti, demócrata cristiano, por incombustible.
“Pues quizá una mezcla de los dos”.

-¿Cómo son las Islas?
“Canarias para mí es el paraíso de la Tierra”.

-¿El paraíso a veces se torna un infierno?
“Es cierto que magnificamos los problemas”.

-¿Dos millones de habitantes se merecen un debate?
“Hay que debatir sobre el crecimiento. Sin miedo. No puede ser tabú. El crecimiento ha de ser compatible con la protección medioambiental, nuestra mayor riqueza”.

-¿Cómo somos?
“El canario es amable, envidia un poco lo que tiene el otro”.

-¿La doble insularidad existe?
“Y no es conocida por todos los canarios, como los peninsulares no saben lo que es la insularidad”.

-Somos la triple paridad, decía el palmero Acenk Galván.
“Esa es una buena fórmula.

-¿Querer sustituirla por un canario un voto le ofende?
“Ofende y es desconocer nuestra realidad. ¿Están primadas las islas menores? Sí, ¿pero cuál es el pecado? Los que hablan de la lista autonómica, tampoco saben lo que dicen. Lo que hay que modificar son las barreras”.

-Defina a su isla.
“Bonita e inteligente. Alonso Pérez Díaz, Blas Pérez, Elías Yanes, Manolo Blahnik… El primer ayuntamiento democrático de España fue Santa Cruz de La Palma, en 1773”.

-¿La huelga de hambre de Tanausú está arraigada?
“No todo lo que debiera. Fue un gesto de protesta contra la injusticia y el crimen que fue la Conquista”.

-¿Le preocupa el megatsunami de Cumbre Vieja?
“Nadie tiene la certeza. Podemos estar hablando de algo que no sucederá antes de un millón de años”.

-¿Ha pensado en retirarse?
“Esta vez, sí. Me pidieron que continuara y pensé, ¿te reclaman en momentos difíciles y les contestas que no, que por encima de todos estás tú? Me quedé”.

-¿Cuando escriba sus memorias contara algunas cosas?
“Si yo hablara…”.

Antonio Castro es perito agrícola y consejero histórico de Agricultura. | S. M.
Antonio Castro es perito agrícola y consejero histórico de Agricultura. | S. M.
Entre el almendro y el mar
Cuando la Negra Tomasa y los indianos empolvados como los ñáñigos cubanos toman la calle O’Daly (la Calle Real) de Santa Cruz de La Palma, el presidente del Parlamento no puede entrar en su casa. “Hace años que ya no salgo de indiano, porque la fiesta se ha ido masificando, pero no cabe duda de que es divertida. Esa noche en la calle no cabe un alfiler y si estás en la Alameda y quieres regresar a casa, mejor te esperas a las seis de la mañana, a que se vaya la gente”. Como quiera que Cuba, históricamente, fue una prolongación de La Palma, era razonable que sus padres hubieran cruzado el charco en alguna época de sus vidas. Y, a pesar de que lo hicieron casi a la vez, don Antonio José y doña María, de Tijarafe y El Paso, no se conocieron en Cuba, sino en La Palma, tras retornar a la isla de origen, como van y vienen los puntos cubanos, que eran parte del equipaje, “pues yo volveré a acercarme/para contigo casarme”. Una historia de amores tardíos, ella con treinta años largos y él con más de cuarenta. Entonces fundaron una familia, trajeron dos hijos al mundo, chico y chica, y se dedicaron a labrar la tierra, que era el medio de sustento más común. Antonio Castro se profesionalizó en el oficio tradicional a través de la Universidad. Con el doble título de perito e ingeniero técnico agrícola trabajó para multinacionales en Valencia y Barcelona, y se licencio en sociología. Aún hoy guarda intacto el gusto por las horas de campo como en las cartas de Rilke a su jardín. “El amor a la tierra, a pesar de la rutina, es el disfrute que un sencillo agricultor siente cuando planta una semilla y a los veinte días ya ve que despunta la planta y al mes la ve esplendorosa, y un mes más tarde ya tiene un árbol, un ciruelo, un almendro o un melocotonero. En enero echa flor y se pone precioso, después da hojas y empieza a nacer la fruta en verano. Esto te da una fuerza espiritual única”. Las tres “finquitas familiares”, herencia de los padres, de frutales y hortalizas, de plátanos y de viñas que conserva en La Palma, las cuida y cultiva con mimo como un legado que pasa de padres a hijos. Él tiene dos hijas, una licenciada en Derecho y la otra en Farmacia, y si le dan a elegir menciona el almendro de la infancia, como Estévanez, de icono sentimental. “A ese árbol frutal le guardo más cariño porque era el cultivo principal de mi padre, que nos dio de comer a toda la familia y nos permitió una vida digna”. El padre fue alcalde de Tijarafe en la República y lo sorprendió la guerra. “Antonio, tú no te dediques a la política”, le requirió sin éxito, con los malos recuerdos de la contienda, la emigración forzosa y los alzados. Antonio por Antonio terminaron arribando al mismo puerto. “En casa mi padre era Antonio y yo Antonio Ángel, mi nombre compuesto, para distinguirnos”. Aunque su biografía oficial lo adscribe al campo, su primera vocación fue el mar. “Soñaba con ser capitán de barco y navegar días enteros conociendo culturas diferentes”. Era la política y no el mar, donde estaba llamado a remar contra corriente desde una isla periférica.