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Arturo Maccanti – Por Luis Ortega

Murió el 11 de septiembre de 2014 y una tarde cualquiera de abril, sobre la fina brisa que despide al día radiante, volvió a sonar su voz y deambuló su sombra por las calles rectas y empedradas. Al conjuro de fotos amarillas e imágenes rayadas, con activa nostalgia -la vida no es exacta si es vida- el alma sensible descargó emociones y secretos ante una cámara encendida y, diez años después, en su homenaje, el confidente Tarek Ode, Bea Chinea y Felipe Brito, en formato documental, presentaron una biografía coral donde los testigos reafirmaron y adornaron las confesiones del protagonista. Viajero inmóvil, como tantos, se movió durante ochenta años entre dos mundos -el de la infancia, playa y madre, el mar que nos espera a todos y los amigos mayores que enseñan “lo que no se aprende en el bachillerato”- y el elegido, tierra adentro, La Laguna. Luis, su hermano, Martín Chirino, mentor fraterno, Alberto Pizarro, colega de a pie, Fernando Bellver, afecto en el disenso, trazan las coordenadas de espacio y tiempo por donde discurrió su tristeza y sensibilidad herida. Con una eficaz estructura -mérito capital del trabajo estrenado en el Teatro Leal- las opiniones se suceden y complementan sin pisar los contenidos y emociones vertidas por el poeta de la Generación del Medio Siglo, ilustradas todas por imágenes de archivo, tratadas con gusto y sabiduría, magro material fotográfico e intencionados rodajes y fotos fijas. Compatible con la exactitud de Juan Ramón y la cadencia de Pavese, la lírica conmovedora de Maccanti encontró una original vía de expresión en el metro decimal -la espinela de los puntos cubanos, con carta de naturaleza en Canarias, y los palabreos americanos- y, como Doncel de Guerea (la ciudad amada y reinventada) mantiene una amorosa relación epistolar con Circe -Cecilia Domínguez- que tiene ganado un lugar de privilegio en el anaquel de las letras canarias. Ese capítulo entrañable se contó perfectamente en el documental que, en la médula del actor, cita sin carga, huye de los complementos circunstanciales y del exceso elegíaco en su orientada búsqueda del hombre, “que es amor, amor o nada”, como afirmó en un soneto redondo, frontispicio de la última edición del Día de las Letras Canarias. Por piel y magia, Tarek y su breve equipo nos devuelven al canario universal y admirado para la eternidad ante “el pequeño país de inmenso cielo, de inmenso mar”.