Después del paréntesis

El asesino – Por Domingo Luis Hernández

¿Quién habla hoy del paro?, se preguntó Rajoy en un mitin. Y la pregunta, tratándose de quien se trata, no es sorprendente. Por más que tenga respuestas probadas: las encuestas lo repiten, los cerca de dos millones de familias con todos los miembros en paro o los múltiples ciudadanos que nos encontramos por la calle y que no solo se perciben excluidos sino que se manifiestan excedentes y sin remedio del sistema por no encontrar trabajo. Pero esos datos no se encuentran registrados en la conciencia de Rajoy. Porque él no es un presidente que gobierne para el paro, gobierna para la economía. Y en todo caso se compromete nada más que con un cálculo: un parado menos de los que heredó al final del mandato. El resto es una circunstancia que ni le quita el sueño ni forma parte de sus previsiones. Dada su concepción de la estadística, con el paro no se gobierna, se gobierna con los votos dados a las urnas por subterfugios, promesas de difícil cumplimiento o algunas mentiras estimables.

Los cerca de cinco millones de parados en España en otra circunstancia no serían, en verdad, un problema. Serían reunidos y enviados a un país conveniente con la paga estipulada. Y 0% en los registros, que es lo que mantendría al PP en su altura. Rajoy no se encuentra aquí para interesarse por todos, se interesa por los suyos y los preclaros. Es decir, el gobierno dicho puede gastarse cien mil millones de euros en el sistema financiero; ni un duro para los que sufren los desahucios. Eso sería mal interpretado para un partido de derechas como el suyo. Los bancos, dada la burbuja, era previsible que no pudieran pagar sus deudas y ahí el gobierno se asienta; las hipotecas no, son un contrato, aunque no pueda pagarse (dicen los mismo bancos que no pagaron). Por eso embargan y…

Lo que despliega Rajoy en las ocasiones inevitables (los mítines, alguna sesión del Parlamento o la pregunta adecuada) es su idea de democracia y su idea de poder: gobernar, póngasele quien se le ponga delante, el paro, el ministro en cuestión o quien caiga en desgracia. Así se manifiesta y eso confirma. Rajoy es el dueño absoluto del partido y del gobierno, con sus ministros. Y es dueño de las acciones de los ministros, ni un paso adelante ni un paso hacia atrás. De manera que en razón a su funesta ideología, pone a trabajar en su labor al ministro que fue de justicia, el señor Gallardón, en pos de arreglar la Ley del Aborto socialista, que han remitido al Constitucional. Y como le salió floja la tentativa incluso en su propio partido, paso atrás. Gallardón al paredón. Y tal cuestión se repite con Cospedal y una de sus más protervas invenciones: el ministro Wert, la instrucción más alucinante sobre la enseñanza en España de todos los tiempos. Y como es previsible que por esos manejos pierda votos, de embajador a no recuerdo dónde.

Asesino de ministros y allegados se llama esa labor. Sin compasión. Igual que el asesinato del paro. Es decir, a Rajoy, por conveniencia, no le importa cargar un revólver y pegar un tiro en la cabeza, incluso a la suya propia, porque Gallardón, Wert o Cospedal se comprometieron con lo que él se comprometió.

Eso es don Mariano Rajoy: un tipo en el que confiar. Esa es su maña en el grupo. Es decir, supera al enfermo y discapacitado Mourinho, que no trata con subalternos consecuentes sino con incondicionales. Aquí la incondicionalidad en su punto. Y que tiemblen porque, como se le mueva la silla al supremo, ni con flores a la Virgen ni prendas dadivosas en la procesión que comparten.