en la carrera

El Bosque Espeso – Por Domingo J. Jorge

El pasado martes, el Seminario Menor compartió una tarde con los alumnos de 4º de la ESO del Colegio Virgen del Mar, en la que representaron para ellos y para un grupo de jóvenes del Chamberí, El Bosque Espeso, una excelente representación teatral en la que más de 25 chicos ofrecen su visión de la esperanza, el compartir, y la necesidad de ser, ante todo, persona.

Participé con ellos en esta actividad, donde más de 60 jóvenes, en torno a una misma idea común, ser persona, y mirar el interior, a través de una obra de teatro, fueron capaces de entablar posteriormente una pequeña conversación, en forma de toma de contacto, con la que pusieron en común el modelo de vida elegido por los seminaristas. Un modelo de vida que en el fondo es el mismo que el de cualquier otro chico que quiera disfrutar de su vida, teniendo en cuenta la necesidad de cuidar su cuerpo por fuera, pero también por dentro.

Más de una vez, no solo durante la obra, sino también cuando escuchaba luego las muchas preguntas formuladas por los espectadores, esos 60 chicas y chicos, me dio la sensación de que muchas veces, desde muy pequeños, casi sin darnos cuenta nos metemos en un bosque espeso en el devenir de nuestra vida, con lo fácil que es tomar el camino sencillo, que nos da además muchas satisfacciones. Pero aún así, más de una vez elegimos un camino que nos introduce en las penumbras, y sin embargo contamos siempre con la suerte de que tras esa multitud de ramas y rastrojos, siempre hay una luz que nos devuelve la esperanza.

Me sentí satisfecho por una razón muy clara. El motivo me lo dieron los chicos y chicas del Virgen del Mar y los seminaristas del Menor. Unos y otros ratificaron algo que yo defiendo, el que los jóvenes crecen hoy entre inquietudes positivas. Ambos grupos, unos y otros, desde ambientes parecidos, pero no iguales, compartían las mismas inquietudes. Y más importante todavía, ofrecían su bello sentido de la vida, desde la sencillez de vivirla entre valores.

Cuando terminó la obra de teatro, y después de compartir todos ellos una tarde en el Seminario Diocesano, entre amigos, salía el sol en el patio, y tras el bosque espeso se veía una preciosa luz. Estos chicos son un ejemplo.