Cuando los italianos llegaron por primera vez – Por Eduardo Pintado Mascareño

Fue allá por los años 60 cuando el automovilismo deportivo de Tenerife comenzó a ser un referente en el panorama nacional e internacional del motor gracias a las interesantes y competidas pruebas de velocidad que se celebraban en nuestros circuitos urbanos ubicados en Santa Cruz, La Laguna, Güímar y Puerto de la Cruz, llegando a disputarse hasta cuatro eventos de primer nivel en una misma temporada. Las grandes marcas de la época y sus representantes en la Isla ponían en la parrilla de salida lo mejor que disponía. Casas como Golding (BMC), Antonio Vela Murillo (Alfa Romeo), Hernández Hermanos (Rootes) y Siemens (NSU) se enfrentaban con sus pilotos locales a volantes extranjeros y peninsulares que se dejaban ver por Tenerife atraídos por el prestigio que se habían ganado nuestros recordados circuitos urbanos.

Fue en esa época cuando, aún siendo niño, acompañé a mi padre a ver llegar los coches de la legendaria escudería Brescia Corse que entraban por el muelle y que venían a correr el Gran Premio Puerto de la Cruz. Eran ¡los italianos! que en aquellos años tenían en la Brescia una de las mayores escuderías privadas de Europa con un impresionante palmarés labrado a lo largo de los años en los circuitos.

Recuerdo con nitidez los GT 40 de la Brescia en Le Mans y en Nürburgring y también que aquí vinieron con un Porsche 911 pilotado por Bonomelli y un Alfa TZ-1 con Sala a los mandos. El planteamiento profesional y calculado que hizo Ennio Bonomelli con su 911 en el circuito del Puerto de la Cruz fue memorable y le sirvió para alzarse con el triunfo. El precioso Alfa Romeo TZ-1 de Sala, aunque un poco anticuado, también acabó la prueba en un meritorio quinto puesto… si no me falla la memoria.

En el Puerto de la Cruz, en el hotel de su prima Corina, recuerdo a mi padre decir que si su pariente Carlos Schönfeld tuviera un coche de carreras como el de los italianos sería mucho mejor que ellos. ¿Saben quién era uno de los mecánicos de Bonomelli? Un tal Peppino Zonca, que años más tarde vendría con su propia escudería Tam.Auto y haría correr a Tonino Tognana y Arturo Merzario en nuestra Isla. Sobre la fantástica carrera del piloto oficial de Vela Murillo, Spartaco Dini, en el circuito de Santa Cruz de Tenerife con su Alfa Romeo GTA escribiré otro día, si me lo permiten. Años después, siendo presidente de la Federación Tinerfeña de Automovilismo, vino a verme un joven aficionado de Treviso que tenía la intención de abrir la primera tienda de Benetton en Canarias, concretamente en la Plaza del Príncipe. Se llamaba Stefano Zanesco y con los años llegó a ser un habitual de las carreras tinerfeñas. Con él y sus amigos de Treviso, que eran aficionados del entonces Piave Jolly Club, comenzó una de las historias más gloriosas de nuestro deporte del motor en Tenerife

Como todos los planes bien hechos, la conexión con Treviso -y más tarde con todo el norte de Italia- comenzó con la venida en 1982 de uno de los mejores pilotos europeos de la época: Angelo Pressoto, campeón italiano de Grupo 1 y piloto oficial de Ford Italia. Todavía recuerdo lo mal que lo pasamos los organizadores, en especial mi amigo Juan Farizo Martínez de la Peña y su buena gente de la Escudería Teide, cuando Stefano nos comentó que Pressoto se había pegado un bombazo entrenando con el Ford Escort RS azul y blanco y que el coche estaba empenado… Recuerdo que los profesionales de Sauermann estuvieron trabajando toda la noche como posesos para que el coche estuviera listo al día siguiente y, como si fuese hoy, lo estoy viendo bajar a las siete de la mañana por la calle Numancia y tomar la salida, eso sí, algo remendado.

Nuestra sorpresa fue ver los tiempos que estaba haciendo Angelo Presotto en los primeros tramos de aquel Rallye Internacional Isla de Tenerife 1982. Parecía que se estaba jugando el Campeonato de Italia en el Rallye de San Remo y, claro, pasó lo que tenía que pasar: en la rapidísima Cuesta de Las Tablas, justo antes del puente, Presotto acabó en el barranco. El resultado fue un coche inservible y los desconsolados Stefano Zanesco y Juan Farizo -o lo que es lo mismo, Benetton y el Real Automóvil Club de Tenerife-Escudería Teide- con un enfado terrible. Pero así son las carreras.
Todavía hoy, en la web oficial del Campeonato del Mundo de Rallyes se puede encontrar el nombre de Angelo Presotto asociado a 1982 y Tenerife y su accidente, aunque y lo recuerdo como un piloto que habló maravillas de nuestras pruebas automovilísticas, con comentarios en la revista Auto Sprint, lo que nos permitió abrir muchas puertas en Italia. Y también recuerdo su empeño en que nuestro rallye tuviese dos o tres tramos de tierra, como el de Cerdeña o la isla de Elba, para tener mayor prestigio internacional.

Durante los siguientes años, el flujo de pilotos italianos fue incesante. Si la memoria no me falla, casi una veintena de ellos se desplazaron a nuestro rallye internacional. Desde grandes pilotos, hasta deportistas sencillos pero muy animosos, que nos permitieron ver en nuestras carreteras prestigiosas marcas como Renault, Volvo, Opel, Abarth, Lancia y Porsche. Estoy hablando de Livio Lupidi, que en 1984 no acabó la carrera al fallarle el alternador de su Renault 5 Turbo; Tonino Tognana, que ganó en 1984 con su Porsche 930 Turbo y que al año siguiente tuvo que retirarse por avería; Arturo Merzario, que corrió en 1985 con su Porsche 911; Franco Cunico, que ganó la prueba en 1985 y 1986 con un Lancia 037 Rallye; Aldo Fasan, que tuvo un accidente en 1983 con su Opel Kadett GT-E; los hermanos Alessandrini, con su Lancia S4 y Andrea Zanussi, con su Audi.

¿Se acuerdan de la revista Auto Sprint dedicándole tres páginas al Internacional Isla de Tenerife y solo un rinconcito al Costa Brava? ¡Qué tiempos aquellos! Sin duda, éramos la envidia del calendario nacional y, dicho con cariño y sin que nadie se ofenda, la pauta la marcaba la Escudería Teide y el Internacional Isla de Tenerife. Recuerdo que el Hotel Mencey y su legendaria barra reunía más periodistas italianos que cualquier otra prueba automovilística de fuera de Italia. Y algún día contaré lo que dio de sí una tertulia entre los italianos y el sueco Ingvar Carlsson, que corrió en 1984 pero no acabó la carrera porque rompió su motor. La prueba de El Bailadero, con treinta y pico kilómetros y de noche, aún está en la retina de los miles de aficionados tinerfeños. ¡Qué tiempazo el de Franco Cunico con su Lancia 037 Rallye! Y qué orgulloso se sentía uno cuando, semanas más tarde, Stefano convocaba a los italianos en Treviso y ellos empezaban a hablar de Haffner y aquel muerto de Talbot Avenger como si fuese un extraterrestre. Supongo que se referían a Carlos Haffner bajando por Las Mercedes y a que no habían visto en mojado una cosa igual. Los italianos brindaban con su spumanti por los bravos pilotos locales de Tenerife y no paraban de discutir con qué máquinas volvería a competir al año siguiente. Cada año querían venir más pilotos y Stefano los embarcaba a todos, aumentando nuestra leyenda… al tiempo que Juan Farizo estaba al borde del infarto ante tal avalancha. Menos mal que CEPSA echaba una mano y Benetton y el hotel Mencey (el Cabildo) participaban con entusiasmo en la organización de la prueba.

Los años pasan y ahora el destino me ha unido de nuevo con los italianos. Los Stefanos de ahora se llaman Giusseppe -y sus amigos del Ferrari Club-, Antonio, Daniele y Ricardo, quienes han visto con bueno ojos la inversión en el Circuito Internacional Isla de Tenerife. Ellos, junto a una docena de empresarios italianos, han apostado por este proyecto que ha impulsado a lo largo de los años el Cabildo. Llevan meses trabajando para que su proyecto de construcción y gestión sea una realidad en 2017 y a lo largo de este verano comenzarán las obras para hacer realidad nuestro sueño. Otra vez, a los italianos, gracias. La segunda parte de esta historia la contaré, si Dios quiere, cuando comiencen las obras. Y habrá algunas anécdotas de nuestro presidente, Carlos Alonso, en Monza en una reunión de trabajo con los técnicos del legendario circuito italiano.

Antes de acabar, quiero hacer justicia con personas que merecen un reconocimiento. Adán Martín empezó, Ricardo Melchior continuó y Carlos Alonso lo culminó. Eso es política, pero yo también quiero hacerle un homenaje a Stefano Zanesco, a Robert Spencer -al que todo le debo-, a Juan Farizo y, sobre todo, a nuestros amigos, los italianos.

*CONSEJERO DEL CABILDO DE TENERIFE
EXPRESIDENTE DE LA FEDERACIÓN TINERFEÑA DE AUTOMOVILISMO