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Eduardo Galeano – Por Luis Ortega

Uruguayo de clase media, con ascendencia italiana, española, alemana y galesa, obrero industrial y mecanógrafo, mensajero y cobrador de banco, dibujante, pintor, y periodista, por encima de todo, Eduardo Galeano (1940-2015) dejó a su muerte cuarenta y cinco títulos -entre Los días siguientes, publicado en 1963, y Mujeres, en 2015- y sus precisos análisis sobre los problemas viejos del Nuevo Mundo y las rotundas pasiones -locales, nacionales y planetarias- que provoca Su Majestad el Fútbol , éstas tratadas en sendos ensayos fechados en 1968 y 1995. Sus reflexiones y posiciones políticas se resumieron en la paradoja de la tierra rica y los hombres pobres, por la secular y sistemática expoliación de sus recursos -oro, plata, reservas mineras y azúcar y “otros monarcas agrícolas”- y la terrible mentira del viaje al desarrollo, “que cuenta con más náufragos que navegantes”. Le valieron una docena de premios y cárcel en su país, cinco doctorados honorarios y otras tantas expulsiones de países con gobiernos totalitarios. El reconocimiento de su original heterodoxia, que combina documentos y ficciones, periodismo de ley y compromiso democrático, justificó la traducción de su obras capitales a veinte lenguas y la manifiesta incomodidad de los dictadores y demagogos que encontró en su camino. En los estertores del régimen franquista y los trompicones de la transición, nos abrió los ojos sobre la realidad de un continente amigo, secular patria de acogida de isleños sin recursos ni oportunidades de conseguirlos en su territorio breve y fragmentado. Pero hemos tenido que contemplar con estupor, rabia y desencanto la perpetuación de los abusos por los mismos opresores y, en paralelo, por otros abusadores, elegidos bajo teóricas reglas democráticas, para comprobar que, cuatro décadas después, Las venas abiertas de América Latina no han perdido la médula y el vigor de la denuncia ni el intenso dolor de la protesta. Pero él ya respondió con su digna existencia y su activismo a la interrogante histórica que movió su mejor literatura -¿Es América Latina una región del mundo condenada a la humillación y a la pobreza- con evidencias de que ni Dios ni tampoco la naturaleza la condenaron a tal castigo, que la desgracia es producto de la historia y ésta, para bien y mal, es responsabilidad de los hombres y a ellos les competen los cambios necesarios en busca de la justicia y felicidad.