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En campaña – Por Leopoldo Fernández

Partidos políticos y agrupaciones electorales han entrado en campaña. En realidad hace tiempo que la propaganda y las declaraciones cargadas de intencionalidad apuntaban al 24 de mayo como si se tratara de una fecha mágica y seductora deseada por todos. Desde las cero horas de ayer, quienes aspiran a representarnos en las distintas instituciones locales y autonómicas han hecho pública demostración de entusiasmo y determinación; algunos incluso han realizado promesas de imposible cumplimiento. Más que en los anteriores comicios, la irrupción de nuevas fuerzas políticas, en especial las emergentes Podemos y Ciudadanos, va a introducir un inevitable componente de incertidumbre en los resultados, junto a la poco experimentada práctica de acuerdos entre tres y, según las encuestas, hasta cuatro grupos o partidos.

Se abre así un horizonte difícil y apasionante por la complejidad de la situación que se dibuja, que seguramente obligará a reiterados ejercicios de renuncia ante la fragmentación del voto y la imperiosa necesidad de lograr pactos y consensos para la mejor gobernación de las instituciones. No obstante, la anunciada celebración de las elecciones generales a finales de año puede condicionar las posibles alianzas en ayuntamientos y cabildos, incluso en el Gobierno autonómico, sobre todo por parte de los partidos nuevos, que desearían llegar a esos comicios -tal y como han certificado sus dirigentes- sin ataduras ni compromisos previos que limiten su teórica virginidad política. Así las cosas, hará falta generosidad y altura de miras para, en un leal compromiso con los ciudadanos, tratar de dar a dichas instituciones la necesaria estabilidad, sin la cual su funcionamiento podría sufrir una parálisis de graves consecuencias, tal y como sucede actualmente en Andalucía.

Dicho esto, no conviene olvidar que las elecciones locales nada tienen que ver con las generales. Se trata de escoger a quienes deben ocupar las instituciones más cercanas al ciudadano, aquellas que se ocupan de la prestación de los servicios de proximidad determinantes de la convivencia general, la calidad de vida y el mejor funcionamiento de nuestros barrios, pueblos, ciudades, islas y comunidad autónoma. De momento, que el respeto y el juego limpio sean el norte de todos los candidatos.