La guindadel pastel – Por Victoria Lafora

La detención del delegado del Gobierno en Valencia, Serafín Castellano, acusado de prevaricación, malversación y cohecho, por unas contratas concedidas en su etapa de consejero de la Generalitat, es la guinda que corona el pastel de la corrupción del Partido Popular en esa Comunidad.

Esposado por los propios guardias a los que ha mandado hasta ayer, la imagen añade un plus de demolición a un partido que ha tenido el poder absoluto en casi todas las administraciones regionales y municipales valencianas.

Parece ser que el beneficiario de la jugosa contrata concedida por Serafín era un compañero de cacerías que incluso llegó a regalarle un rifle de postín. Si no fuera patético resultaría curioso constatar el apoyo de la clase política a los compañeros de caza. Son inolvidables las fotografías del exconsejero de Esperanza Aguirre Francisco Granados, hoy en prisión, participando en una montería con sus cómplices en corruptelas varias. Y pensábamos que la magnífica película de La Escopeta Nacional era una parodia….

Serafín Castellano, un incombustible de la política autonómica, participó en los ejecutivos de Eduardo Zaplana, de Camps y de Fabra. Fue precisamente este último quien lo colocó al frente de la Delegación del Gobierno cuando las acusaciones de corrupción cobraron fuerza. El fue también el hombro en que se apoyó Rita Barbera la noche de su derrota electoral y al que musitó: “¡Que hostia, que hostia!”.

Si al final el candidato socialista Ximo Puig y la dirigente de Compromis Mónica Oltra consiguen ponerse de acuerdo en quién preside la Generalitat, y dejan el juego de “que te quites tú, que me pongo yo”, van a hacer falta más de dos manos para revisar hasta el último cajón buscando dónde ha ido a parar el dinero público, parte del cual contaba, supuestamente, billete a billete, el también dirigente del PP Alfonso Rus.

Si el PP necesita con urgencia una renovación de su cúpula dirigente a nivel nacional, en Valencia hay que vaciar las sedes despacho a despacho si quieren que las siglas sobrevivan. Desde Castellón hasta Alicante son pocos los que no se han visto implicados en escándalos de corrupción. Y que duda cabe de que el batacazo electoral del pasado domingo se debe, entre otras cosas, a que la ciudadanía ya no consiente la malversación de los fondos públicos cuando se ha sometido a los votantes a recortes tan importantes.

Cada vez le va a resultar más difícil a Mariano Rajoy, en lo que queda de legislatura, mirar para otro lado en los temas de corrupción que salpican por doquier a su partido. La estrategia de borrarle el nombre a Bárcenas, a Jaume Matas, a Camps y otros, no ha colado. No queda mucho tiempo para dar un golpe de timón.