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Hay una carta para ti – Por Ana Martín

Querido Ramzan Kadyrov: He dudado, largo tiempo, sobre si escribir esta carta. Hay muchos temas estremecedores, chispeantes e, incluso, políticos -especialmente políticos- de los que ocuparse este domingo. Pero, confieso que, después de haber cumplido con mi obligación como ciudadana, no he podido dejar de pensar en esas cosas tan edificantes que sueltas por esa boquita. Mientras metía mi voto en la urna, he llevado mis pensamientos hasta esas cientos, miles de mujeres chechenas que, tras aguantar la guerra, las restricciones y el hambre, la desaparición de sus hijos y la locura, han sido premiadas, por la gracia del parlamento y de Putin, sobre todo de Putin, con un gobernante como tú, presidente. Un tipo de mi generación, exactamente de la misma edad que mi única hermana, que, sin embargo, parece sacado de una novela medieval en el sentido más oscuro, atrasado y sucio del adjetivo.
La verdad es, Ramzan de mis entretelas, que por tener, en esta vida, lo tienes todo. Tienes una potra que ni tú mismo te la crees y que es, sin duda, la que ha hecho que te libres del mal que te desean a diestro y siniestro. Tienes hasta el mando de un equipo de fútbol, cosa que, como se sabe, solo está destinado a mentes preclaras y grandes próceres. Tus chicos del FC Terek Grozny, están, sin duda, orgullosísimos de que los presida el también presidente del Gobierno de su región. Tienes, también, a tus groupies, esos bravos hombres de tu guardia personal, 3.000 en concreto -ríete de los 300 de Esparta- a los que llaman kadýrovtsy y que han sido acusados, en no pocas ocasiones, de violar los derechos humanos porque son bastante dados a cometer actos brutales. Pecadillos de juventud, te deben parecer a ti. Y a tu amigo Vladimir, claro, que te ha condecorado con la medalla de Héroe de la Federación Rusa.

Y ha hecho muy bien, convencida te lo digo, porque solo a un héroe y a un cráneo privilegiado cual es el tuyo se le ocurriría decir, después del atentado de la maratón de Boston, perpetrado por los hermanos chechenos Dzhojar y Tamerlán Tsarnáev, que “las raíces del mal están en Estados Unidos”. Que no te digo yo que no, Kadyrov, que igual en Wisconsin o Alabama o en Washington mismo están esas raíces de las que hablas. Pero que hay que tener los atributos como los del caballo de Espartero para soltar semejante animalada, amiguito, pues también.

Aunque ninguna semejante a tu última barbaridad. Porque tú, Kady, (¿puedo llamarte Kady?) eres una caja de sorpresas, ninguna buena.
¿Quién, sino un líder a la altura de estos tiempos, haría lo que tú haces?

Igual, como tomas tantas y tan importantes decisiones a diario, ya ni te acuerdas. Pero resulta, Ramzan, que a mitad de este mes de mayo, promoviste una cosa que, desde el respeto te lo digo, es repugnante y vomitiva. Diste tu permiso, como corresponde a un líder venerado, para que Nazhud Guchigov, jefe de policía de 47 años, pudiera tomar como segunda esposa en un matrimonio forzoso a una menor de 17 años. Decisión política, la llamarás tú, que parece ser que con ello quieres ganarte a los cuerpos de seguridad. Pero ya te aclaro yo que eso se llama aberración. Se llama violación. Y se llama vergüenza.

Tú, hombre moderno que tiene, incluso, Instagram, utilizaste esa red social para decir que “el amor conquista todas las diferencias de edad”, obviando el pequeño detalle de que la niña-novia, K.G., no quería casarse y por ello fue retenida en su casa hasta el día de la boda, y de que el novio-policía amenazó a los padres con secuestrarla y con que sufrirían “consecuencias desagradables” si no consentían la unión.

Lo que se esperaba de ti, después de que una periodista, Elena Milashina, haya tenido que huir de su casa amenazada por escribir sobre el caso y se pusiera en pie la comunidad internacional (que nadie sabe bien lo que es), es que recularas y mostraras algún síntoma de humanidad. No te ofendas, Ramzan, pero en este punto hace un ratillo que hemos dejado de confiar en que la tengas.
Lejos de eso, has hecho lo que todos los grandes: matar al mensajero.

Nada de erradicar los matrimonios forzosos con menores. ¿Para qué, si a cambio se puede instar, exhortar y hasta obligar a los maridos a que encierren a sus mujeres y les prohíban usar el WhatsApp, ese instrumento del demonio que tantas sagradas uniones ha destrozado?

Eso has hecho, ni más ni menos. Decirles, textualmente, que se comporten “como chechenos”. Ir a la raíz del problema, que no es otro que las mujeres tengan acceso a las redes sociales, a la libertad, a la vida.

Porque, ¿qué hay más ofensivo que una mujer libre, que respire, que piense, que proteste si la quieren casar con un individuo que puede ser, en el mejor de los casos, su padre y que, además, no le gusta?

Nada. No hay nada más vergonzoso que eso, ¿verdad, Ramzan?

Matar gente, hacer desaparecer cuerpos en la noche, poner bombas, dejar que existan el secuestro, la homofobia, la poligamia con menores… Eso son bagatelas, quisicosas al lado de una mujer parlanchina armada con un smartphone.

Ranzam Kadyrov, yo no te deseo nada malo, líbreme Alá.
Pero mira, si por esas cosas de la vida te ves rodeado de tus 72 huríes -sin teléfono- en ese paraíso que prometen los tuyos tampoco voy a llorar, ni nada.
A seguir bien.

@anamartincoello