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Hipotética presidencia – Por Cecilio Urgoiti

La presidenta en funciones de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, ha reprochado a todas las fuerzas políticas, salvo a su partido, de ser “surrealista” la situación que se ha producido, tras la segunda votación de investidura, de su persona como presidenta. También los ha criticado, diciendo que “empieza a rozar el ridículo de cuatro fuerzas políticas”, en clara referencia al PP, Podemos, Ciudadanos e IU. “Están forzando un ‘no’ liderado, que es lo más irresponsable, por el presidente del Gobierno, que va de adalid de la responsabilidad y de la estabilidad en España y que se presenta aquí, en el arranque de las elecciones municipales, a decir: este es el camino -bloquear, boicotear y frenar, que Andalucía tenga un gobierno para nueve millones de andaluces-”. Palabras dichas por la señora Díaz a los periodistas al término de la segunda votación en el propio Parlamento andaluz.

Susana Díaz gozaba de la presidencia de un gobierno heredado, obtenido de pura carambola y es totalmente cierto, y también lo es que era firme y estable y hasta lícito con el Estatuto en la mano. Fue ella la que tomó la medida de fraccionar aquel acuerdo de gobierno y, por tanto, fue un acto unilateral. Porque consideró que era el momento de ascender a sus primeras elecciones autonómicas y beneficiarse de las circunstancias que ella y sus asesores juzgaron que les eran propicias. Así, de esa manera, adelantó las elecciones y las ganó, aunque perdió votos con respecto a las anteriores y con una paradoja de la ley electoral, donde su antecesor las había perdido por goleada. Pero si nos fijamos, en lo hecho y dicho, en el nuevo parlamento y unimos esto último, de verdad que todo es surrealista. Poco sentido tiene pedir coherencia ahora cuando lo “imaginario y lo irracional en cierto modo están dentro del sentimiento surrealista y forma parte de la propia filosofía”. Lo cierto es que la presidenta en funciones, del anterior paradigma, no encuentra ahora quién le compre ese ramillete de ofertas que lanzó a los cuatro vientos tras el discurso de investidura. Le guste o no, ha empezado a cambiar la forma de hacer política y el actual constitucionalismo se ve poco práctico para encajar, con sus caducas leyes, tanta marrullería y olvidar ese estilo inspirado en leyes de corte dictatorial. El nuevo paradigma que viene, y ya está asomando, está totalmente lleno de impulso y rebosante de ética, honestidad, honradez y no tiene que tener padrino alguno. Los ideales y legítimos padrinos han de ser cada uno de los miembros de la sociedad española. El camino tiene que venir preñado de un ideario que nos lleve a la ley por la vía de la nueva ley. Eso sólo se consigue impulsando unas Cortes Constituyentes y un cierto y certero impulso, para plasmar una auténtica separación de poderes y un tan largo etcétera que los que hoy están, por ese mero hecho, quedan invalidados para ser parte de la solución y sería mejor para todos que se queden como parte única del problema. Lo que hoy vive en el parlamento andaluz la hipotética futura presidenta le hubiera ocurrido al candidato de la derecha o al propio Rajoy. Hay que darse cuenta de que el paradigma actual está en declive y que ese cambio de paradigma viene impulsado en los últimos años por una sociedad que se ha dando cuenta de que no solamente existe una infamia social, sino también una injusticia ecológica. Hecatombe de ecosistemas enteros y, en último término, una crisis general del sistema, la propia vida en la Tierra. La que llaman crisis económica es un “hacer caja el propio capital”.