análisis >

“La madre de todas las elecciones” – Por Leopoldo Fernández Cabeza de Vaca

Las elecciones de este domingo han sido presentadas por sociólogos, politólogos y estudiosos como las más abiertas de las celebradas en España desde que entró en vigor la Constitución del 78 y como “la madre de todas las elecciones”. La incertidumbre procede principalmente de la irrupción de dos nuevas fuerzas políticas, Ciudadanos por la derecha y Podemos por la izquierda, pero también por ese 30-45% del electorado que, según las últimas encuestas conocidas, hasta hace unos pocos días mantenía dudas sobre el sentido de su voto o no había decidido aún si acudiría al colegio electoral; 15 puntos más, nada menos, que en los pasados comicios locales. Con estos antecedentes, no puede sorprender la expectación que se ha generado en el país ante la posibilidad de que pueda producirse un cambio real en la gobernación de las corporaciones locales y en 13 de las 17 comunidades autónomas (Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía no celebran hoy elecciones regionales).

La campaña electoral -cargada de tópicos, promesas imposibles y, en unos cuantos casos, de durísimas acusaciones y descalificaciones entre los líderes políticos- ha incendiado las redes sociales y ocupado los medios de comunicación con machacona insistencia, como si en el país no hubiera otros asuntos importantes que tratar. Cuando digo campaña electoral no me refiero a la legalmente establecida de dos semanas de duración; la realidad es que estamos en campaña desde el día siguiente a la celebración de las pasadas elecciones generales. Pese a las nuevas formas de comunicación, la propia campaña ha tenido un corte bastante convencional y los líderes de los grandes partidos se han centrado más en cuestiones nacionales que en asuntos de ámbito local, que son los que se dilucidan en esta ocasión; una oportunidad que también servirá para despejar la incógnita sobre el verdadero peso de los dos nuevos actores que se incorporan a la vida política, casi monopolizada hasta ahora por PP y PSOE en ese bipartidismo tan denostado por muchos pero que, sin embargo -corrupciones y deformaciones del sistema aparte-, ha dado al país una gran estabilidad institucional durante más de 30 años.
¿Adiós al bipartidismo?

Con la conocida excepción de 2011, conviene recordar que en los últimos 15 años tan solo ha habido un punto o punto y pocas décimas más de diferencia entre PP y PSOE en las elecciones locales y que los dos grandes partidos nacionales han acaparado entre el 65 y el 75% del poder municipal y autonómico, porcentajes que sin duda caerán ahora en buena medida y obligarán a establecer una política de pactos y negociaciones a varias bandas allí donde no se produzcan mayorías absolutas. Ciudadanos y Podemos van a tener que retratarse, quizás muy a su pesar, y mostrar sus preferencias a la hora del acuerdo, en lugar de agarrarse a esa absurda pretensión de sus respectivos líderes, Rivera e Iglesias, de llegar políticamente impolutos a las elecciones generales de fin de año.

Con más o menos poder e influencia, la irrupción de los dos partidos emergentes en el Parlamento andaluz ha sido ya signo inequívoco del cambio que se avecina en otras instituciones, aunque tengo para mí que hoy se va a confirmar un cierto declive en las expectativas de voto de ambas formaciones, según advierten ya las últimas encuestas. Pero en algunos casos -sobre todo en las comunidades más pobladas y en las cuatro grandes capitales españolas-, seguro que su posición, en especial la de Podemos, puede ser determinante para la formación de mayorías, ante el descenso de los hasta ahora partidos hegemónicos.

Por lo que se refiere a Canarias, el ya tradicional reparto del poder entre tres, no dos, grandes formaciones, las especiales condiciones de las normas electorales y el estreno de casi 80.000 votos jóvenes pueden condicionar el resultado de los comicios, lo mismo que el porcentaje de abstencionistas, que en 2011 llegó al 41%, un porcentaje escandaloso. Personalmente creo que las nuevas formaciones tendrán difícil obtener representación destacada en las islas periféricas; es más, puede que los topes legales impidan o, cuando menos, dificulten sobremanera la presencia de alguna en el Parlamento autonómico.

PP y PSOE se la juegan

La crisis económica, con sus secuelas de paro y crisis social; la corrupción en sus más diversas formas junto a la insuficiente reacción ante la misma de los grandes partidos; más los fallos del sistema y el desencanto ciudadano ante una situación degradante han propiciado un cambio en el panorama político español cuya profundidad o alcance va a ser medido hoy en las urnas. Para algunos de los que, al amparo de estas aspiraciones de transformación y cambio, han llegado a la vida pública con intenciones de permanencia, parece obligado echar abajo las puertas del marco constitucional; para otros, en cambio, es mejor preservar ese escenario y proceder a su mejora y perfeccionamiento desde la necesaria estabilidad, olvidando radicalizaciones y rupturas. No es esto lo que se aborda hoy, pero aquí se confunde y se mezcla todo porque estas elecciones están muy próximas a las generales y en un escenario político tan incierto como el que ofrecen las encuestas, aparecen los problemas estructurales y hasta pueden ser determinantes.

El PP es la formación que más tiene que perder en estos comicios, puesto que en los que en 2011 cosechó un triunfo espectacular, con el 46,1% de los votos (el PSOE logró el 28,7%) y la gobernación de una decena de comunidades autónomas y de más de 3.500 ayuntamientos. Sus grandes retos de hoy son el mantenimiento del poder en las comunidades de Madrid, Valencia, Castilla- La Mancha y Extremadura, así como en las alcaldías de Madrid, Valencia y Sevilla principalmente, y en una treintena de grandes corporaciones. Las últimas encuestas le daban muchas posibilidades de conservar la mayoría en Castilla-León, La Rioja, Murcia y Aragón. Un descalabro de los populares hipotecaría el futuro de Rajoy y podría aupar a Esperanza Aguirre en sus aspiraciones por sucederle, sobre todo si consigue la alcaldía madrileña.

Pedro Sánchez se la juega en su primera batalla electoral. Sería un éxito si mantuviera para el PSOE el segundo lugar entre los partidos y, además de sostener Asturias, incorporase a las filas socialistas las comunidades castellano manchega y extremeña, como recogieron algunos sondeos de opinión. En caso contrario, los días de Sánchez al frente de la secretaría general socialista pueden estar contados y descartada por completo la posibilidad de que gane las primarias para lograr la candidatura a la Presidencia del Gobierno en las próximas elecciones.

Lo que hoy se decide

Mucho tendrá que decir Ciudadanos sobre las posibilidades del PP si, como apuntan algunos observadores y ha anunciado el propio Albert Rivera, lo normal es que su formación respete las listas más votadas. Pero quizás eso no sea suficiente si no compromete su voto y opta por una cómoda abstención, ya que en tal caso seguramente facilitaría el acceso al poder de las alianzas de izquierda, lo que abriría escenarios inéditos de colaboración hoy un tanto utópicos a tenor de las encuestas difundidas. En cuanto a Podemos, tras sus críticas a “la casta”, va a tener que pactar con el PSOE si quiere participar en la articulación de mayorías “de progreso” en Parlamentos y municipios, con lo que en ese supuesto caerá en un discurso contradictorio, tras las reiteradas acusaciones de Pablo Iglesias a los socialistas.

Pero en las elecciones de hoy no se vota a líderes nacionales ni proyectos nacionales. Lo que se decide son las políticas autonómicas, insulares y locales, es decir, aquellos asuntos que afectan más directamente al día a día de los ciudadanos, en especial la prestación de los servicios más próximos o inmediatos. La confianza o conocimiento de los candidatos, la experiencia de éstos y su trayectoria y cualidades cuentan a veces más que los programas ofrecidos por los partidos políticos, casi siempre poco conocidos por el gran público, o el legado que dejan los que ahora cesan en sus funciones representativas.

Al final serán los ciudadanos los que libérrimamente decidan. En la gran fiesta de la democracia que es el día del voto, lo importante es participar para que los elegidos reciban el mayor apoyo popular posible. En esta tierra de absentismos electorales, sería bueno que, por encima de posturas personales muy respetables, esa tendencia al pasotismo se transformara en una masiva presencia en las urnas como prueba irrefutable del interés que despierta la actividad política. Al fin y el cabo se trata de elegir a quienes han de administrar nuestros intereses y proponer las soluciones más adecuadas para la resolución de los problemas que nos afectan, sobre todo de aquellos que más necesitan de la solidaridad y el consenso de todos.