opinión >

Ladran, señal de que cabalgamos… – Por Eva Luz Cabrera

El nuevo proyecto político en el que nos hemos embarcado para formar Unidos con Arona ha sido causa de las carencias en el ejercicio de gobierno de un modelo obsoleto y arbitrario, impuesto desde fuera del municipio, más propio de un loco Tirano Banderas que de una democracia madura; pero sobretodo, por la falta de voluntad de cambio en la que se han enrocado, pese a que proclamen a los cuatro vientos lo contrario.

Tan patente es esa falta de autocrítica y esa carencia de visión a medio plazo, que el partido que voluntariamente hemos decidido abandonar sólo se ha preocupado durante esta precampaña en tratar de desvirtuar nuestras razones y acrecentar su actitud mezquina atacando a nuestras personas. Eso refuerza nuestra convicción de que vamos por el buen camino. Sus estridentes ladridos sólo son señal de que cabalgamos, como decía el poeta.

Y aun así, se ve que el capitán de la nave se ha visto forzado a dejar al mando, no les debe merecer mucha confianza, aunque más parece un enfurecido verdugo amparado únicamente en el argumento de la disciplina del látigo. Debe ser la primera vez en la historia que, en la presentación de un candidato, la línea de discurso se preocupe más por la oposición que por reafirmar la confianza en los propios valores, señal inequívoca de ausencia de los mismos.

No deja de ser llamativo, cuando menos, que Unidos Con Arona esté más en boca de los mandamases venidos de la capital que lo que su propio candidato pueda lograr. Pero es un hecho que se lo ha ganado a pulso. Porque aunque nos colmen de “piropos”, la verdadera falta de seriedad y de ética política es, por ejemplo, perder el respeto al principio constitucional de Separación de Poderes. Falta de elegancia y talante democrático es insultar abiertamente a un juez que está llevando adelante una investigación porque va en contra de los intereses de un partido, aunque sea el tuyo.

La discrepancia es inherente a la política. El insulto gratuito es un síntoma de inseguridad, máxime cuando te sientes amparado en el grupo. Un síntoma de nerviosismo ante la responsabilidad de la pérdida de una mayoría absoluta, que parece se traducirá en el mayor descalabro político de la comarca sureña de Tenerife en la última década.

Quién se caracteriza por el desprecio a la oposición, quien no sabe dialogar, no puede estar al frente de un Consistorio. Es así.

Las interpretaciones deben quedar a discreción del lector, pero el buen nombre de Arona no debe volver a asociarse a comportamientos de este tipo.

Hacen falta, asimismo, instituciones en este municipio que no estén condicionadas a las decisiones personalistas, o sujetas a intereses creados por y para terceros de quien llegue al gobierno el próximo 24 de mayo. No se puede seguir manteniendo ese discurso caduco de que Arona tiene que volver a ser el tercer municipio de la Isla. Arona ya es el tercer municipio poblacional de Tenerife, con unos vastos recursos, naturales, históricos y patrimoniales, que sólo necesitan de una gestión eficiente y una voluntad decidida para volver a ponerlos en valor.

Arona no se puede volver a permitir otros cuatro años de paroxismo. No se puede perder de vista la coyuntura sociopolítica actual, y la necesidad futura de un deseo de colaboración directa y participativa con los ciudadanos, desterrando prepotencias ombliguistas.

El futuro de una Arona con autonomía suficiente, puesta en valor por y desde Arona, lejos de los deseos y designios políticos de quienes se fijan más en encuestas que en la ciudadanía, de quienes piensan más en “macros” que en “micros” pasa por el cambio que proponemos para el próximo 24 de mayo.

*Unidos Con Arona Contigo Más