trac tici tac >

Mala praxis – Por César Martín

Amanece, que no es poco, mientras me lanzo al café, al rito de la mañana cargado de buenos alimentos que contribuyen al arranque del día. Empiezo con las piezas de fruta que el naturista me recomendó. Completo con algún hidrato de carbono más en forma de tostada y frutos secos -todo según la recomendación del experto- y apuro el negro brebaje.

Aunque no siempre fui así. Antes le daba a la leche con gofio como un campeón, pero los entendidos en la materia me dijeron que si yo me dedicaba a cavar papas, que a dónde iba con tanta carga energética, y claro, ahí caí en la cuenta. También tuve otras etapas en las que me descuidé bastante a causa del estrés, de la vida desordenada, usted sabe.

Pues bueno, en lo que comía un plátano, dos almendras y medio racimo de uvas, recibo la primera llamada de la mañana, que con su tremendo ¡riiiing!, viola de un plumazo la tranquilidad que reposa en mi hogar. Descuelgo y arranco con un entusiasmado “buenos días”. Al otro lado del aparato, la comercial de la conocida empresa que no voy nombrar, pero que curiosamente combina el jazz con los teléfonos (cosa que jamás entendí, ¿qué tendrá que ver?), comienza con su retahíla de promociones, ventajas, descuentos y miles de argucias más en torno a su producto. El asunto versaba sobre la promoción de televisión, lo que en mi caso, es un absurdo porque no tengo televisor, extremo que le confesé a mi interlocutora, que tras semejante declaración, colgó el teléfono de manera inminente y sin despedirse.

En otra ocasión hubiera montado en cólera, pero el momento zen que da la fruta fresca mañanera hizo que me lo tomara con paciencia. La suficiente como para llamar al servicio de atención al cliente y manifestar que bastante torcidas están las cosas como para perder lo poco que nos queda. El respeto por el otro debe ser la base de las relaciones, sin importar su naturaleza.

¿Qué cuesta un “gracias”, un “hasta luego buenos días”? Digo yo que es lo mínimo, que ya que molestan a todas horas, pues hombre, como decía el personaje de Fernando Tejero: ¡un poquito de por favor!

@cesarmg78