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Movistar diabólico – Por Miguel González Santos

No sé si recuerdan la famosa película de Tom Holland, Chucky, el muñeco diabólico, basada en el personaje creado por Don Mancini, pero la realidad supera, como siempre, la fantasía. Si recuerdan la cinta, el muñeco tipo “niño bueno” que le regala al pequeño Andy su madre, contiene en realidad el alma del feroz asesino Lee Ray, sin que ella lo sepa. El niño venera su juguete y el asesino se vale de ese afecto para que acate todas sus órdenes y terroríficos pedidos, aprovechándose de la complicidad inocente e infantil del feliz protagonista. Como la película es de 1988, puedo recordarles el final. El muñeco, tras defenderse a cuchilladas para no ser calcinado por el niño en la chimenea, es tiroteado y descuartizado por la madre y finalmente muerto por un tiro en el corazón que le dispara el mismo policía que lo mató en la vida real en su cuerpo humano. La mala noticia es que el muñeco, reconstruido y poseído de nuevo por el mismo asesino, ha vuelto a la vida en cuatro películas más, secuelas de la primera.

Esta historia me recuerda la del operador de telefonía móvil Movistar, que tras seducirnos y engañarnos con sus prácticas infernales, nos somete a sus pedidos y estrategias malévolas para no liberarnos de su posesión, como le sucedía al muñeco Chucky que no se podía liberar del alma del asesino.

De la misma manera yo llevo intentando liberarme de la compañía telefónica desde hace más de un mes con llamadas a diario a sus operadores automatizados y robotizados. Como operarios zombis a los que se les ha extraído el alma, mantengo a diario conversaciones inútiles con largas esperas al teléfono, acompañado por una no menos música del purgatorio. Un auténtico diálogo para besugos. La lista de truculentas excusas que me han dado para no darme el código de liberación de mi terminal de móvil varía cada día como las técnicas de interregotario policial que obliga a confesar al torturado aunque sea inocente, para evitar el sufrimiento.

Para no darme la portabilidad, -impedir que me vaya a otra compañía-, me han pedido: siete veces mi código IMEI, me han mentido diciendo que es erróneo, me han dicho que mi DNI no corresponde, que esperan una clave del fabricante del teléfono, que adeudo una cantidad, luego me han dicho que era un error de la aplicación, me han cortado la línea, me han pedido el recibo de compra del teléfono, luego un recibo bancario de los pagos mensuales, después me han cargado 30 euros por reposición de línea que dicen me devolverá el sistema. Sigo haciendo gestiones a diario y no me cansaré en mi batalla, porque el muñeco seguirá vivo hasta que, como a Chucky, no se le dispare al corazón anónimo del que le da vida y posee con un alma diabólica su aparente rostro de bondad.