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Nacer en mayo – Por Juan Pedro Rivero

No sé si tiene razón el dicho ese de que a algunos “les falta un agua en mayo”. Cuando alguien no tiene todas las capacidades y competencias completas y desarrolladas, se le suele otorgar al agua de mayo la culpa. ¿Por qué mayo y no julio o agosto que, de hecho, suelen ser meses más secos? Ya sé que se trata de un dicho popular vinculado a la actividad agrícola que estima importante ese riego espontáneo un mes antes de la cosecha, y que, si luego acompaña un buen tiempo, hace que la planta alcance un nivel casi pleno. Pero, sin querer, a este mes hermoso y primaveral, le solemos hacer sentir culpable inmerecidamente de nuestros límites. Y no es así, al menos por aquellos que conozco que han tenido la dicha de nacer en mayo. Felicidades, de paso, por ello. Los cristianos vinculamos la experiencia del nacimiento al Bautismo. Nacer de nuevo, como decía Jesús. Vinculamos la madurez en la fe a la Confirmación, plenitud del Espíritu Santo. Pero resulta que la iniciación cristiana ni se completa ni se mantiene sin la participación frecuente en la Eucaristía, en la Misa. El mes de mayo va a ser testigo de esa primera experiencia de recibir y participar de manera íntegra en la mesa de la Eucaristía de muchos niños y niñas. Las Primeras Comuniones. “Sentarse en la mesa con los grandes”.

Me recuerda esa imagen infantil de las reuniones y comidas familiares en las que los pequeños comíamos antes y en un aparte, para que luego la mesa y la sobremesa fuera el centro de la fiesta familiar de los mayores. Mientras, nosotros a jugar al patio. Pero el día que, sin saber muy bien cómo, nos veíamos sentados en la mesa de los mayores y participar de la conversación de los mayores, algo distinto surgía en nosotros. Sentados a comer con los mayores. Tal vez nos sirva de ejemplo para entender la importancia que tiene la Primera Comunión para una comunidad cristiana. Ver cómo por primera vez, estos pequeños, participan con nosotros de la Mesa de la Vida y del Sacrificio salvador de Cristo. No gasten mucho en trajes y en fotos, por favor. No se compliquen la vida con tarjetas de invitación y fiestas que emulan pequeñas bodas. No es eso lo importante. Se trata de sentar en la mesa de los grandes a los que han crecido en el seno de nuestra familia. Es un nuevo nacimiento, un renacimiento, un extraordinario “nacer en mayo…”.
@juanpedrorivero