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Nuevo rumbo – Por Leopoldo Fernández

Ya tenemos nuevo Consejo Rector de la Radio Televisión Canaria (RTVC), órgano colegiado de administración y gobierno llamado a renovar la gestión de este ente público mejorando su calidad, transparencia, objetividad, pluralismo y autogobierno. Como dijo su flamante presidente, Santiago Negrín, durante la toma de posesión de los cinco miembros de dicho consejo, se trata de recuperar y potenciar el espíritu fundacional de la radio y la televisión públicas para atender mejor las necesidades de los ciudadanos canarios en materia informativa y de ocio, además de contribuir a la cohesión territorial de las Islas, promocionar la identidad canaria y ayudar al desarrollo de la industria audiovisual de la comunidad autónoma.

Tras casi una veintena de años de funcionamiento, parecía aconsejable un “cambio de rumbo” que, sin negar sus propias esencias, recoja mejor el espíritu de servicio público de este ente desde posiciones más profesionales e independientes; por ello a partir de ahora no tiene adscripción orgánica ni funcional al Gobierno y sólo responde al mandato del Parlamento canario. Para conseguir esa “televisión digna y sin aldeanismos” a que aludió Negrín en su toma de posesión, la cámara legislativa no debe intervenir más allá de lo estrictamente necesario en la confección del llamado mandato-marco, dejando a los miembros del Consejo Rector la tarea profesional de gestión y confección de contenidos, sin que los criterios de audiencia y rentabilidad política condicionen, como a veces ha ocurrido en la televisión, la calidad general de la programación y la difusión de algunos espacios por influencias ajenas a la propia RTVC. Es una lástima que la elección del primer Consejo Rector, así como la creación del Consejo Asesor u órgano de participación de la sociedad en el ente, sigan teniendo una fuerte carga política y que este último cuente nada menos que con 26 miembros, lo que dificultará su operatividad. Aun así, bienvenido sea el Consejo Rector si los buenos profesionales que lo integran consiguen que la televisión y la radio públicas se conviertan en espacios para la libertad, el debate, la información, la cultura y el entretenimiento desde principios presupuestarios cuidadosos con el gasto y la contratación, y sin injerencias políticas extemporáneas.