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Salvatore Cancemi – Por Luis Ortega

En el primer cuatrimestre de abril el Mare Nostrum se ha cobrado mil seiscientas vidas (no es una información contrastada sino una mera estimación); unas setecientas, casi la mitad, perecieron ahogadas en la noche del 19 al 20 de abril. Al revuelo y ruido que apostillaron un nuevo episodio de la imparable tragedia de la emigración clandestina, sucedieron noticias espaciadas, cada vez con más larga cadencia y, dos semanas después, el silencio. De cuando en cuando oiremos la llamada sin respuesta de las autoridades italianas, los encuentros sin acuerdos en los órganos de la Unión Europea, los buenos propósitos, los buenos deseos y los nulos resultados de un club de naciones donde cada cual mira hacia donde le conviene. Mónica Bernabé publicó en El Mundo un reportaje donde Salvatore Cancemi, capitán del pesquero Twnti Two, habla con resignada entereza del suceso y recuerda lo que sabemos y lo que, para los sicilianos, entra en la cotidianidad. Las pateras salen de Trípoli o de Zuara y cuando están a medio camino de Lampedusa, los traficantes de seres humanos piden ayuda a la Guardia Costera y ésta, a su vez, reclama la presencia de las embarcaciones pesqueras, para que les ayuden en el rescate; las pateras no llevan luces, por lo que se dificulta las tareas de salvación, y los barcos grandes corren el riesgo de colisionar y provocar su hundimiento. Según un superviviente, el desaprensivo que llevaba el timón y su ayudante bebían y fumaban hachís, y la inmensa mayoría de los inmigrantes viajaron, desde la vecina África, encerrados en la bodega. Los responsables -un tunecino que llevaba el timón y su ayudante sirio- fueron detenidos y acusados de homicidio culposo múltiple, naufragio e instigación a la emigración clandestina. Pueden cambiar las circunstancias, los puertos de salida y el destino, tantas veces frustrado, y las víctimas mortales -siempre meras estimaciones-, pero no varía el epílogo de los isleños “pescando muertos” sin nombre y sabiendo que, en su mar diario, hay muchos más sin sepultura. Volverá el papa Francisco a llamar a la solidaridad y la misericordia, protestará el primer ministro y los comisarios afectados de la UE hablarán de los operativos vigentes o de otros nuevos, con sonoros enunciados y, también, totalmente inútiles; se evaluarán los medios y los costes proporcionales de los estados miembros y habrá conversaciones, sin demasiado eco, sobre el futuro que, lamentablemente y por la falta de coraje para decir basta, se parecerá mucho al pasado inmediato o al presente histórico, que tanto montan.