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Santa Cruz, novelera – Por Caco Senante

Recuerdo que antes, en nuestra ciudad, pasaban muchas cosas que hacían que la gente en masa se lanzara a la calle. La gente de Santa Cruz siempre ha sido muy novelera. Bastaba con anunciarle algo nuevo y allí se presentaba media ciudad. Voy a recordar alguno de los eventos que en mi infancia y juventud generaron grandes concentraciones de gente. En 1961 un suceso sacudió el mundo. El buque portugués Santa María, que hacía la línea Canarias-Venezuela, fue secuestrado por el capitán Galvao en una operación contra las dictaduras de Oliveira Salazar y Franco. Tras unas dos semanas de secuestro, desembarcaron en Recife (Brasil), donde los implicados obtuvieron asilo político. El pasaje fue embarcado en otro buque de la compañía, el Vera Cruz, para trasladarlos a Lisboa que era el punto final del viaje. El barco hizo escala en Tenerife y aquello fue una fiesta. Toda la ciudad se fue al muelle y aledaños a recibir al Vera Cruz. Recuerdo que familias enteras, con gran alborozo, bajaban por las calles de Santa Cruz para estar presentes en aquel acontecimiento. A mitad de la década de los 60, apareció por Tenerife el padre Peyton. Un sacerdote irlandés que hacía una gira mundial promocionando el rezo del rosario en familia bajo el lema de: “La familia que reza unida, permanece unida”. La concentración fue en la avenida Tres de Mayo. Allí se presentaron todas las especies habidas y por haber. Se dieron cita desde los católicos practicantes hasta los tipos más golfiantes de la isla. Lógicamente, no faltaron los típicos personajes de Santa Cruz, algún matiento y todos los noveleros que no se perdían una. Recuerdo haber ido con la típica pandilla a hacer un poco el golfo y a reírnos, típica cosa de la edad. Había muchos miles de personas. Por aquella época recaló por Tenerife un hindú que decía que estaba dando la vuelta al mundo montado en bicicleta sin apearse. Se bajaba de ella sólo para lo indispensable. Los viajes que no eran por carretera, dos veces al día para sus necesidades fisiológicas y dormir no recuerdo cada cuanto. Para demostrarlo, anunció que iba a estar 48 horas dando vueltas a la plaza España. ¡Y para allá que se fue todo Santa Cruz! Me acuerdo los aplausos y los vasilones de la gente cada vez que el hindú pasaba por delante. Pero lo más genial fue lo que le escuché a un mata: “Er nota este se cree que aquí somos tontos y que como aquí no va a haber nadie a las cuatro de la mañana, se va a poder pegar una sobada. Pues lo va a tener claro. Yo ya quedé con unos amigachos y hemos quedado para turnarnos toda la noche. Qué se cree el indio éste, que aquí somos tontos”. ¡Maravilloso! Ya no sucede este tipo de eventos que movilizaban a toda la ciudad en plan novelería. Habrá que inventarse algo. Deja ver…