Desde la Óptica >

Se movió la montaña – Por Javier Rabanal

Sabía que tener fe, porque otra opción no teníamos. Y la tuvimos pero sobretodo la tuvieron. Ellos, los jugadores, el cuerpo técnico y todos los que rodean al equipo. Con una final por delante y una escalofriante visita al Molinón llegó la tan ansiada victoria fuera de casa. Y aparecieron a los que desde estas líneas pedíamos agarrarnos. En papeles asombrosos y desconocidos como el de Carlos Ruiz, goleador abriendo el partido y sembrando de nervios a un inconsistente Sabadell. Luego Suso, llamado a poner las asistencias y que cogió dos balones como el niño que se la juega solo contra todo el equipo contrario. Sí, agachó la cabeza, pero lo hizo de la mejor manera que sabe. Nunca jugará en un equipo combinativo de primer nivel (ni de segundo) pero para un club como el nuestro es imprescindible.

Serios en labores defensivas y acertados arriba la segunda parte fue un mero trámite gracias al tercero en discordia: Dani Hernández. Un par de intervenciones de gran mérito impidieron que los locales se metieran en el partido. Algunos dirán que para eso está, pero lo cierto es que para eso están todos y pocos lo consiguen.

Con un jugador destacado por línea, incluyendo la portería, sólo faltó el resurgir de los de arriba cosa que es imprescindible por las bajas de cara al fin de semana. Otros tendrán que aparecer para sentenciar lo antes posible está permanencia y poder así descansar todos (incluidos los aficionados).

Me comentaba el amigo Óscar Herrera que algunos aficionados decían que Agné había equivocado el mensaje al decir que el de Sabadell era un partido más y que por el bando contrario Mandiá acertaba al calificarlo de superfinal. El aficionado del Tenerife no solo es ventajista sino que además tiene poca memoria. ¡Ahora resulta que el bueno era Mandiá! Con argumentos así es mejor no escuchar todas las opiniones y valorar desde la objetividad lo ocurrido porque para faltar al respeto, resolver los problemas del equipo con dos cambios y hasta ganar una Champions con Madrid o Barcelona ya están llenas las barras de los bares. Lo mejor es poder decir que con todo lo mal que se ha hecho estamos a un paso de permanecer una temporada más en la categoría que nos corresponde y que esto se consiguió gracias a la fe, que con un poco de fútbol y acierto, movió la montaña.