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Sentimientos leales – Por Rafael Lutzardo

Hoy no voy a escribir de política, ni de corrupción y de cosas que ya vienen siendo muy desagradables y duras en la sociedad española. Hoy, lo haré refiriéndome a los sentimientos, valores de las personas y de las mascotas. Sus orejas son como dos grandes antenas erguidas he inamovibles, como en su día los fueron: El World Trade Center (Centro Mundial de Comercio); en el Bajo Manhattan, ciudad de Nueva York, Estados Unidos; su mirada dulce y noble, sus patas afirmadas en el suelo, emulando a las gigantes plataformas ancladas en la Bahía de Santa de Tenerife y su rabo se mueve como aspa de un molino de aquella Castilla la Vieja de la España de la poesía y del canto a la libertad. Me refiero a César, la mascota de mi amiga Patri. Sí, así de eufórico se pone cada vez que la ve llegar a su hogar. César, de cuya raza es una incógnita, fue adoptado y actualmente tiene cinco años. Como muchos perros agradecidos, César es sabedor de las inquietudes de Patri, pues no en vano, sabe cuando está contenta y cuando está triste. El cariño y amor entre mascotas y personas es algo especial en la vida entre ellos.

No olvidemos, que César Millán, mundialmente conocido como El Encantador de Perros, intentó suicidarse en 2010 tras la muerte de su perro Daddy. Por todo ello, en uno de sus momentos más dolorosos de su vida, César Millán dijo: “Daddy era mi Tibet, mi Himalaya, mi Gouda, mi Buda, mi fuente de calma”. Con esas emotivas palabras manifestó la gran importancia que su can tenía para él. Esto quiere decir, que en muchas ocasiones los perros son más fieles que muchos humanos. Muchas son las historias impresionantes que se han escritos sobre la lealtad de los canes con sus dueños. César, la mascota de Patri, es uno de ellos. Testigo de las alegrías de su dueña; de sus silencios, de sus lágrimas y de sus desencantos con algunas cosas de la vida. La soledad, aunque sea deseada, también en ciertos momentos del día es dura, pero la presencia de una mascota como César, alivia la ansiedad de unas paredes que en determinados momentos se convierten en espejos invisibles de la soledad. Al igual que muchas mujeres, Patri ha sabido sacudirse de los cánticos bipolares de las sirenas del mito de Ulises. Sin duda, en algunos momentos de la vida tenemos que ser actores de nuestras propias vivencias y experiencias. Narrarlas o escribirlas como un cuentacuentos de algo que fue real, pero invertidas en experiencias positivas, con el objetivo de seguir creciendo como personas. Es por ello, que lo valores no solamente están en las personas. También, en muchos animalitos como César, el de mi amiga, Patri. Concluyo esta realidad y reflexión con unas frases de Antonio Clement: “Mientras tenga un perro conmigo, jamás me sentiré solo, porque su tierna mirada y el movimiento de su cola me dicen: “Eres la razón de mi vida, te amo”. “Si logro hacer sentir a mis seres queridos cuanto los amo, aunque sea la mitad de lo que mis perros me han hecho sentir que me aman, no habré vivido en vano…”. En definitiva, yo también me sumo al amor de los animales.