TERREMOTO EN NEPAL >

“Vimos aldeas en el suelo, familias destrozadas, esto nos ha afectado”

Los bomberos tinerfeños Reyes de Miguel y Víctor Hernández a su llegada a Los Rodeos. | FRAN PALLERO Los bomberos tinerfeños Reyes de Miguel y Víctor Hernández a su llegada a Los Rodeos. | FRAN PALLERO Los bomberos tinerfeños Reyes de Miguel y Víctor Hernández a su llegada a Los Rodeos. | FRAN PALLERO
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Los bomberos tinerfeños Reyes de Miguel y Víctor Hernández a su llegada a Los Rodeos. | FRAN PALLERO

JOSÉ LUIS CÁMARA | Santa Cruz de Tenerife

Agotados física y psicológicamente, y consternados por lo vivido, pero convencidos de que volverán a la montaña “y a cualquier sitio donde nos necesiten”. Así se expresaban ayer al aterrizar en la Isla Víctor Hernández y Reyes de Miguel, el matrimonio de bomberos que quedaron atrapados en la cordillera del Himalaya después del devastador terremoto acaecido en Nepal.

Ambos estaban de turismo en el país asiático, a donde viajaron fundamentalmente para hacer trekking por algunas de las montañas más altas y espectaculares del planeta. Junto a dos hermanos de Reyes, se encontraban en un campamento cercano a la aldea de Dingboche -a unos 130 kilómetros de la capital, Katmandú, y a casi 5.000 metros de altitud- cuando se produjo el sismo. Pese a que en un primer momento su traslado hasta Katmandú se iba a hacer en helicóptero, finalmente decidieron hacer el camino a pie hasta Lukla, donde la embajada española pudo evacuarlos hasta la capital nepalí. Su travesía duró cinco días, los que necesitaron para salir de la peligrosa zona donde se habían quedado aislados. Según relataron en una improvisada rueda de prensa en el aeropuerto de Los Rodeos, el peor momento fue cuando llegaron a Pheriche, donde comprobaron in situ la magnitud de la tragedia, por la cantidad de accidentados que llegaban del campo base del Everest y los alrededores. “Allí nos dimos cuenta de la gravedad de lo que pasaba, porque había muchas personas heridas y decenas de muertos. Pensamos que teníamos que ayudar en lo que pudiéramos, pero también que teníamos que salir de allí”, expuso Reyes de Miguel, quien recordó los cinco días de accidentada caminata hasta Lukla. “La vuelta se nos hizo muy dura porque no sabíamos cómo estaban los senderos después del terremoto; de hecho, pasamos por caminos que estaban completamente destruidos y cerrados. El problema no era caminar más, sino el miedo y la incertidumbre, lo que nos hacía estar cada vez más cansados”, agregó la bombero tinerfeña, que tiene su base precisamente en el aeropuerto Los Rodeos.

Para ella y su marido, la bajada fue especialmente difícil “por todo lo que nos encontramos, muchos pueblos que a pesar de que lo habían perdido todo estaban dispuestos a ayudarnos con una sonrisa”. “Por eso, nos sentíamos en deuda y decidimos que debíamos ayudarles”, denotó.

Un agradecimiento que Víctor Hernández personificó en los sherpas y los guías que los acompañaron durante el descenso, “que no se separaron nunca de nosotros”. “Dos de los chicos, a pesar de que habían perdido su casa, siempre estuvieron a nuestro lado ayudándonos. Formamos un verdadero equipo, y entre todos nos apoyamos para poder salir de ahí”, subrayó.

La tragedia y la odisea vivida les ha hecho además reflexionar sobre la falta de previsión de muchos países en materia de desastres. “Se supone que en el primer mundo estamos más preparados para estas catástrofes, pero nunca se sabe. Por ejemplo, cuando sobrevolábamos hoy la zona de Anaga y Santa Cruz veíamos los puntos flacos en los que se podría armar una buena si ocurriera algo así aquí”, denotó Reyes, quien confesó que esta no es la situación más complicada en la que han estado, como fue Haití. “Pero sí nos ha dolido e impactado más por la relación que tuvimos con muchas familias afectadas”, concluyó.