tribuna >

Una carta del papa para todos los públicos – Por Bernardo Álvarez Afonso

La Carta Encíclica Laudato si, del papa Francisco, trata sobre “el cuidado de la casa común”. Es decir, del cuidado del planeta Tierra del que todos formamos parte y del que necesitamos para vivir nuestra condición de seres humanos. Es el “cuidado de la creación”, como decimos en lenguaje teológico. Al hablar de “cuidado” el papa nos recuerda la responsabilidad que todos tenemos de proteger y preservar “nuestra casa común”, procurando evitar su deterioro, liberándola de todo aquello que la amenaza y recuperando lo que está degradado.

Ya en la misa de inicio de su pontificado, el papa Francisco dejó entrever que “la cuestión ecológica” era objeto de su interés y así lo dijo expresamente: “Custodiar toda la creación es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios”.

Y, en esa misma ocasión, abiertamente hizo este llamamiento: “Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos “custodios” de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro”.

Ahora con esta Encíclica, Laudato si, que toma su nombre del Cántico de las creaturas, de san Francisco de Asís, el papa afronta ampliamente la cuestión. En los primeros números nos recuerda que la tierra, nuestra casa común, “es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos”. Nosotros mismos “somos tierra; nuestro propio cuerpo está formado por elementos del planeta, su aire nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura”.

Ante los ataques a que se ve sometida, “esta hermana protesta por el daño que le hacemos por el uso irresponsable y el abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella”. Su gemido, unido al de los pobres, es una llamada a nuestra conciencia para “reconocer los pecados contra la creación”. El papa lo recuerda retomando las palabras de Bartolomé, patriarca de Constantinopla: “Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica, contribuyan al cambio climático, contaminen las aguas, el suelo, el aire. Todos estos son pecados”.

La Encíclica Laudato si se desarrolla en torno al concepto de “ecología integral”, como paradigma capaz de articular las relaciones fundamentales de la persona: con Dios, consigo misma, con los demás seres humanos y con la creación.

Como explica el papa mismo (cap. I) este recorrido se inicia por la escucha de la situación a partir de los más recientes conocimientos científicos disponibles hoy, para “dejarnos interpelar en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual que sigue”: la ciencia es el instrumento privilegiado a través del que podemos escuchar el grito de la tierra.

El siguiente paso (cap. II) retoma la riqueza de la tradición judeo-cristiana, sobre todo los textos bíblicos y la elaboración teológica basada en ellos. El análisis se dirige después (cap. III) “a las raíces de la situación actual, para entender no sólo los síntomas, sino también las causas más profundas”.

El objetivo es elaborar las bases de una ecología integral (cap. IV) que, en sus distintas dimensiones, comprenda “el lugar específico que el ser humano ocupa en este mundo y su relaciones con la realidad que lo rodea”. Sobre esta base, el papa Francisco propone (cap. V) una serie de líneas de renovación de la política internacional, nacional y local, de los procesos de decisión en el ámbito público y de iniciativa privada, de la relación entre política y economía, y entre religiones y ciencias, basadas en un diálogo transparente y honesto. Finalmente, sobre la base de la convicción de que “todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo”, el capítulo VI propone “algunas líneas de maduración humana inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual cristiana”. En esta línea, la Encíclica se cierra ofreciendo el texto de dos oraciones, la primera para compartir con los creyentes de otras religiones y la segunda entre los cristianos.

A lo largo de la carta hay algunos ejes temáticos que se retoman y enriquecen constantemente: “la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida”.

En el centro del recorrido de la Laudato si’ encontramos este interrogante: “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?”. El papa Francisco prosigue: “Esta pregunta no afecta sólo al ambiente de manera aislada, porque no se puede plantear la cuestión de modo fragmentario”, sino que nos lleva a interrogarnos sobre el sentido de la existencia y los valores que fundamentan la vida social: “¿Para qué pasamos por este mundo? ¿para qué vinimos a esta vida? ¿para qué trabajamos y luchamos? ¿para qué nos necesita esta tierra? Si no nos planteamos estas preguntas de fondo -dice el papa- no creo que nuestras preocupaciones ecológicas obtengan efectos importantes”.

En fin, una Encíclica muy interesante y con un tema de máxima actualidad sobre el papa no sólo nos hace pensar en la gravedad del problema ecológico y nuestra responsabilidad personal en el deterioro del medio ambiente, sino que también nos ofrece algunos puntos de reflexión para buscar soluciones concretas y ponernos manos a la obra.

El “cuidado de nuestra casa común” es responsabilidad común, es una tarea en la que todos podemos y debemos hacer algo.