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Los Chanvergas solidarios

Miembros de la ABDC Chanvergas, junto al pequeño Joel, antes de viajar el lunes a Navarra. / DA
Miembros de la ABDC Chanvergas, junto al pequeño Joel, antes de viajar el lunes a Navarra. / DA

NORBERTO CHIJEB | Güímar

Comenzaron a jugar al pádel en el Club Náutico de Güímar hace unos años y eran tan malos que decidieron autodenominarse los Chanvergas, nombre que le dieron además a un torneo que comenzó en broma y que ya lleva tres ediciones, ahora que ya no son tan malos con la raqueta en la mano. Sin embargo, más allá de su amor por el pádel, este grupo de ocho amigos es hoy conocido en Güímar por su carácter solidario, de tal guisa que ya han dado de alta una asociación de carácter benéfico-deportivo-cultural con el mismo nombre de Chanvergas.
Una asociación que recauda fondos, a través de torneos de pádel y otras iniciativas, para ayudar a los más necesitados del municipio y de otros lugares de la Isla. Así han contribuido a la creación de un aula de estimulación sensorial para los mayores del CAM de Güímar, así como a la compra de materiales para la sede municipal de Afamate y esta misma semana entregaron cinco toneladas de tapones de botellas de plástico en Martínez Cano, en el Polígono, para contribuir a la lucha del pequeño Joel Franquiz contra una parálisis cerebral, si bien el tercer viaje de este niño a Pamplona está relacionado con una operación para extirparle un tumor benigno en la boca del esófago, según comenta Raúl Salvador Pérez Piñero, presidente de los Chanvergas.

A Joel, cuenta Raúl Pérez, la parálisis no se le va a ir, “pero todas estas muestras de solidaridad le harán la vida más llevadera, tanto a él como a sus padres, a quienes conocimos casualmente en un torneo de pádel”, recuerda emocionado uno de los impulsores del grupo solidario, quienes no dudaron en colaborar con la asociación Iraitza, creadora del proyecto de tapones solidarios, para contribuir a mejorar la vida de los pequeños, desde la compra de una silla de ruedas a contribuir en la investigación sobre enfermedades raras.

Hay que recordar que en el caso de Joel, que hoy cuenta con siete años, ya se lograron recopilar hasta 30 toneladas de tapones que sirvieron para sufragar los nueve mil euros que costó el diagnóstico clínico del niño de Santa Clara en el hospital navarro hace unos dos años, mientras sus padres Juan Manuel Franquiz y Jennifer Ramos siguen esforzándose los 365 días del año por hacer que su hijo supere los ataques epilépticos, y que ahora le extirpen ese tumor, una vez que son conocedores de que tienen que convivir con la parálisis cerebral con la que nació Joel, que desde su primer viaje a Navarra ya sabe caminar con andador y ha aprendido a masticar la comida gracias a unas simples tapas de plástico y a la solidaridad de cientos de anónimos y de colectivos como los Chanvergas.