nombre y apellido

Christopher Lee

A este actor de gran porte y peculiar fisonomía le debo parte de mis miedos infantiles, cobrados en las sesiones de tarde del Circo de Marte, cinematógrafo diario y teatro y escenario de variedades, foráneas y locales, cuando se terciaba. Por precio, naturalmente, la programación se nutría de las españoladas, despreciadas global e injustamente cuando la industria nacional vivía, sin medios pero con talento, una auténtica edad de oro; de viejos filmes americanos, buenos a punto de la descatalogación y malos a porrillo; lotes indiscriminados de cintas mejicanas (algunas del exiliado Buñuel), con rancheras, episodios de Cantinflas y apariciones estelares del Indio Fernández, y las bellísimas Dolores del Río y María Félix; títulos europeos, alternativas interesantes y auténticos peñazos y divertimentos de consumo de compañías británicas, salvados en parte por la calidad de actores como Christopher Lee (1922-2015), nacido en el seno de una familia de artistas y aristócratas que, hasta su dedicación al Séptimo Arte, probó fortuna como jugador de fútbol y hockey, y nadador y ganó sus primeras libras como recadero y locutor de radio; voluntario en la II Guerra Mundial, sirvió durante cinco años en la Royal Air Force y en los servicios de inteligencia. En 1946 inició su carrera con papeles con Terence Young y Laurence Olivier pero, hasta su encuentro con Peter Cushing (1913-1994), con quien compartió reparto en La maldición de Frankenstein (1958) -una adaptación respetuosa de la novela de Mary Shelley-, no se convirtió en un actor reconocido internacionalmente y en la imagen poderosa y la voz profunda del Conde Drácula, el mito creado por el irlandés Bram Stocker (1847-1912) que vivió su primera etapa de esplendor en el primer tercio del siglo XX y que resucitó, con inusitado vigor, durante la Guerra Fría. Hammer Productions promovió el rodaje de una digna saga sobre el vampiro de Transilvania que, acogida con frialdad por la crítica tuvo, sin embargo, un éxito arrollador de taquilla y, siempre con la dirección de Terence Fisher, se extendió a otras fabulaciones de horror. Con exitosas grabaciones líricas y dramáticas, aventuras musicales y teatro en directo, Lee trabajó hasta casi su muerte, avalado por la pegada de la serie de El Señor de los Anillos, donde encarnó al mago Saruman, y dejó una extensa filmografía con más de doscientas cincuenta intervenciones estelares o de reparto.