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La copla y eso

1. Murió Marujita, que era una de las ruidosas musas del franquismo. Franco permitió las coplas y las pícaras para que lo dejaran tranquilo. E hizo que naciera una fauna prodigiosa, de la que formaban parte desde Marisol a Pablito Calvo, pasando por Joselito, que luego fue soldado de fortuna y nunca creció del todo. Marisol se hizo progre cuando se casó con Antonio Gades y salió desnuda en Interviú; y Pablito Calvo casi gana el festival de Berlín. A Marcelino Pan y Vino, de Ladislao Vajda, le dieron el Oso de Plata. Eran épocas en las que ganar cualquier cosa fuera de España era casi imposible, no porque no hiciéramos pelis muy buenas sino porque a la España de Franco nadie la quería premiar. Paquita Rico hizo de Mercedes de Orleans en ¿Dónde vas Alfonso XII?, de Luis César Amadori, que fue el prólogo de la serie austriaca de Sissi. Sarita Montiel se fue a Hollywood a cepillarse a Hollywood y Marujita se quedó aquí cantando Banderita tú eres roja y poniendo en pie a la soldadesca que hacía la guerra de Ifni. Era la leche.

2. Ahora se ha muerto Marujita; queda su amiga del alma, Carmen Sevilla, que se extingue en un asilo. Carmen, una mujer de bandera: simpática, ocurrente, que acabó ganando una pasta haciendo el telecupón y participando en programas de televisión. Todas triunfaron, hasta otra niña prodigio, Rocío Dúrcal, que descubrió tarde que su vida era una ranchera y al género se consagró. Un día, en México, la recogí del suelo del hotel Crown Plaza, perdida y triste, nunca supe por qué. Estaba llorando.

3. Marujita Díaz era la penúltima de la generación del taconeo. Todavía cautivaba cuando aparecía como bufona de España en algún desagradable programa de televisión, donde iba para que le tomaran el pelo sin el menor respeto a lo que fue. Ha muerto de un cáncer del que se negaba a hablar, dejando poca familia, muchas joyas y bastantes ahorros, según dicen por ahí. Los teatros se han rendido a eso que llaman progresía, pero las figuras de relumbrón ya no interesan. Los personajes públicos de hoy ni siquiera hacen gracia y algunos hasta hacen política. Qué tristeza, no me interesan.

achaves@radioranilla