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Cubagua – Por Andrés Chaves

1. La venezolana isla de Cubagua, situada junto a Margarita, sigue estando en mis sueños. Hace más años de los que quisiera, mi amigo Morel Rodríguez, a la sazón gobernador de Nueva Esparta, puso a mi disposición una patrullera de la Armada para que mi novia Raquel y yo visitáramos, completamente solos, Cubagua, la isla descubierta por Cristóbal Colón en su tercer viaje. Una isla paradisiaca, con cuatro playas de ensueño, un territorio de 24 kilómetros cuadrados de extensión. La patrullera nos dejó, a bordo de una falúa, en una playa de finísima arena, con víveres y agua, y se marchó a cumplir sus misiones de vigilancia. Por la tarde volvió a recogernos. En la isla no había nada ni nadie (hoy existe un embarcadero) y los pescadores habían dispuesto una pequeña ermita con una imagen de la Virgen del Valle. Años más tarde, desde el avión de Guillermito Fantástico González, pude ver las ruinas sumergidas de Nueva Cádiz, en las que se divisan, ya desde más cerca, los escudos heráldicos incrustados en sus columnas. Materia de submarinistas.

2. Qué tiempos, Dios mío. Yo tenía entonces relativamente pocos años y todo me daba igual. Incluso que un gobernador amigo desplazara una patrullera para que pudiera solazarme con mi novia en una playa. Aquí me habrían crucificado, pero Venezuela tenía entonces -y supongo que lo conserva- un orden distinto. Estuve unas 60 veces en Venezuela, en ocasiones en estancias largas. Conozco muy bien casi todo el país. El otro día pude verme en un vídeo de la televisión venezolana, en Maracaibo, en el aeropuerto de La Chinita, bajándome del avión de Guillermo, en un reportaje que le hicieron sobre su vida y que emitió una televisión de aquí.

3. Hoy en Venezuela no se puede vivir. Tu vida no vale nada. No hay derechos civiles. No existe seguridad jurídica. Cualquier pendejo te mata o te mete preso. Aquel país maravilloso que yo conocí se esfumó. Se fue a la mierda. Ahora todo es zozobra, inseguridad, presos políticos, desazón. Se acabó la Venezuela que yo amé tanto. Siempre dije que si me perdía me encontrarían en Caracas. Ahora ya no quiero perderme, quiero irme a casa.
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