a veces soy humano

Deseos, suerte y desengaños

Atrás quedaron las cenizas que eran barridas ahora por la suave brisa marina. También quedaron las virutas de madera que escaparon del fuego purificador casi de forma milagrosa gracias al camuflaje de las sombras y la noche. Sobre la arena pisoteada se mostraban, solidificados, los restos de distintas velas de colores y algunas cintas de tela que parecían ancladas al suelo.

El paisaje era desgarrador porque además del legado de cosas esparcidas por la costa, invisibles y en el aire, merodeaban miles de ilusiones, y deseos imposibles de cumplir en una vida, y que fueron proclamados durante una de las noches más largas del año. En otro escenario, un hombre solo leía y releía un papel de ocho folios. Con media sonrisa miraba de reojo a su teléfono móvil cuya pantalla estaba colonizada por avisos de mensajes sin verificar. Lo había vuelto a conseguir. Acumulaba más de 25 años pegado a sueldos públicos, algo que en su pueblo natal no hubiera imaginado ni la más benévola de las amigas de su madre.

Desde que aterrizó en La Laguna se movió bien entre cafeterías, parrandas y chuletadas, lo de estudiar no se le dio tanto. Durante aquellas interminables tertulias izquierdistas escuchaba más de lo que hablaba, pero siempre supo sentarse junto a los líderes adecuados. Hoy vivía de ello. Aquella mujer caminaba sin rumbo, dirección ni motivo. Todavía no se había acostumbrado a su nueva forma de vida. En menos de dos años aquel castillo de naipes sobre el que había edificado ilusiones, amores, trabajo y proyectos vitales se había desmoronado. Ahora que disponía de más tiempo para sí misma se sorprendía pensando cómo no lo había visto venir.

Entre las escasas conclusiones a las que había llegado rumiaba una muy certera, un día se creyó que había cumplido sus expectativas y en ese momento comenzó a caer sin saberlo. Regulada laboralmente, es decir despedida; separada gracias a la rutina; medio hipotecada por repetir el modelo predominante sin reflexionar.

Así miraba ahora al futuro sin saber qué camino tomar.