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La desigualdad empieza en la escuela

EDUCACIÓN AULA

SARAY ENCINOSO | Santa Cruz de Tenerife

Los jóvenes han dejado de cargar ladrillos, han vuelto a las aulas -aunque sea para sacarse un curso de manipulador de alimentos- y las cifras de abandono escolar temprano han disminuido. Estudiar es más rentable que en plena burbuja inmobiliaria. Sin embargo, la titulación en Educación Secundaria Obligatoria (ESO) ha mejorado muy poco desde que empezaron las dificultades económicas. El fracaso escolar sigue siendo un problema en todo el país, especialmente en Canarias y, sobre todo, entre los niños que proceden de familias con escasa formación. El Archipiélago es la región con más incidencia del fracaso escolar administrativo neto entre las familias que solo cuentan con la educación obligatoria (registró el porcentaje más elevado en 2013 -30,1%-, último año analizado) y con mayor desigualdad de oportunidades educativas, una tasa que mide el éxito académico en función del origen social. En las Islas, si eres de clase baja, llevarte el diploma de ESO a casa es muchísimo más improbable. La brecha entre los hijos de padres con un nivel cultural medio o alto y los que vienen de familias donde la educación no es una prioridad es de 25 puntos; en el resto de España llega a 20. ¿Ha cambiado algo la crisis?

Los expertos han dedicado muchos esfuerzos a analizar cómo el origen social es capaz de marcar el destino de una persona y han llegado a la conclusión de que la crisis ha incrementado estas diferencias, aunque no ha ocurrido en todas las comunidades de la misma manera. En el Archipiélago, donde las cifras de abandono escolar temprano se han reducido a gran velocidad durante los años de recesión, la realidad no es precisamente esperanzadora para los que menos tienen. El abandono escolar temprano incluye a todas aquellas personas de 18 a 24 años que no cuentan con un título de educación postobligatoria y no se encuentran cursando algún tipo de formación, reglada o no reglada. “En España, por ejemplo, una persona que acabó la ESO, pero que no está estudiando nada, está catalogada como abandono educativo. Sin embargo, una persona que no terminó Secundaria y que está haciendo un curso como manipulador de alimentos, no computa como abandono educativo”.

El ejemplo es de José Saturnino Martínez, un profesor de la Universidad de La Laguna (ULL) que ha dedicado gran parte de su tiempo a investigar de qué manera la esperanza de vida académica se reduce entre los hijos de padres con poco nivel cultural. Acaba de publicar el informe Juventud y Crisis en Canarias, encargado por la Consejería de Presidencia del Gobierno.

En las Islas, un porcentaje muy elevado de la población no cuenta con estudios superiores, por lo que este escenario es frecuente. Para el docente, las administraciones usan de manera errónea la tasa de abandono educativo temprano cuando quieren medir el grado de formación de la población. Y lo argumenta con razones históricas y metodológicas. El término, recuerda, fue diseñado por los técnicos de la Unión Europea, que necesitaban un indicador para estimar las capacidades que tendrían las sociedades en el futuro y diseñar el crecimiento económico de los países miembros. “Cuando tienes 28 países debes unificar criterios, para eso surgió este indicador: no para medir la educación, sino la cualificación que tendrá la mano de obra del futuro. La población cualificada de dentro de 15 o 20 años depende de la situación en la que se encuentren los jóvenes de ahora”, apunta.

Para tener una visión más certera de la formación de las generaciones actuales, Martínez prefiere combinar los dos indicadores, el de abandono escolar administrativo (o abandono escolar, que es el concepto que usan normalmente los gobiernos) y el fracaso escolar administrativo. De esta forma se puede comparar el porcentaje de alumnos que se ha descolgado totalmente de la educación con el que no superó la educación secundaria, cruzarlo con el nivel educativo de los padres y sacar conclusiones mucho más interesantes.

“En Canarias, con la crisis, la titulación en ESO ha aumentado muy poquito. Sin embargo, en abandono educativo, la mejora es brutal”. Esta diferencia quiere decir que no hay muchos más alumnos que estén acabando la ESO, sino que los que titulan siguen estudiando y no se van con quince o dieciséis años a trabajar en una obra. El ejemplo de la construcción es recurrente porque ejemplifica a la perfección lo que ocurrió en Canarias y en las regiones del arco mediterráneo, centradas en la construcción y el turismo. Esa huida de las aulas que se producía entonces estaba liderada por los chicos que venían de familias con menos capacidad económica o escasamente concienciadas con la importancia de la educación. Es ahí donde las cosas han cambiado. “Los que han mejorado con más intensidad son los que venían de orígenes sociales más populares. Eso quiere decir que los jóvenes de familias más pobres o con menos nivel cultural siguen más tiempo en el sistema que antes porque ya no es rentable trabajar sin cualificación y eso ha reducido la diferencia entre clases sociales en abandono educativo”, concluye Martínez.

ESTUDIANTES
Los hijos de las familias canarias que solo tienen la educación obligatoria son los que menos titulan en Secundaria de toda España. / DA

Una clase social perpetuada

La trayectoria académica de cualquier joven está marcada por dos efectos: su capacidad para culminar sus estudios y el convencimiento de que debe hacerlo para tener un futuro mejor. Cuanto más bajo es el nivel educativo, más determinante es la capacidad del alumno. “Si tienes en un aula a 100 chicos de origen popular, muchos no acabarán la ESO, pero los que terminen son buen alumnado, están muy bien seleccionados. A medida que van superando etapas dependen mucho menos del origen social familiar y más de su propio esfuerzo”.

Con la crisis hay algo que no ha variado en absoluto: la gente de origen social popular tiene la misma dificultad para acabar la ESO que antes. “Si tu padre antes de la crisis no tenía estudios, ahora tampoco los tiene”. Lo que sí ha alterado la crisis es el coste- beneficio de estudiar. “Como ahora no pueden trabajar en la obra se van a la Formación Profesional, que es la salida que tienen. Por tanto, el fracaso escolar administrativo tiene que ver con el nivel intelectual, y el abandono educativo temprano con “la rentabilidad” de estudiar. Ahora no es rentable salir de las aulas, pero el nivel cultural y económico de los que menos tienen no mejora, ni por un lado ni por el otro.

Políticas sociales

Para entender cómo ha transformado la crisis el panorama educativo de Canarias y España, Martínez distingue siempre entre el efecto paro y el efecto tijera. El primero hace que rente más estudiar y que baje el abandono educativo. Y el segundo tiene que ver con que tanto las familias como las instituciones educativas tienen menos dinero para invertir en educación. “Tengo la hipótesis de que el efecto tijera va tener un efecto a medio y largo plazo. ¿Por qué? Porque a un chico que tuviese 15 años en 2008 y viese que de repente se recortaban las inversiones en materia de educación y que su familia tenía menos dinero, no le afecta: todo lo que había aprendido en la escuela durante nueve años lo retiene. Sin embargo, el que tenía seis años en 2008, que todavía no ha terminado su paso por el sistema educativo, sí va a sentir todos los recortes.

¿Más dinero o más cultura?

Los estudios sociológicos demuestran que, pasado cierto umbral mínimo – “aunque en Canarias y en regiones concretas hay dificultades específicas”-, lo importante no es tanto el dinero como el nivel cultural de las familias. “Con la crisis el tope económico se puede haber visto afectado, lo fundamental es que un chico tenga garantizadas unas ciertas condiciones mínimas en cuanto a la alimentación y la sanidad. A día de hoy, en Canarias, a pesar de las dificultades, todo el mundo tiene garantizada la sanidad, algo que no ocurre en países como Grecia o Estados Unidos”. Por ese motivo, Martínez está convencido del éxito que supone la apertura de comedores escolares en las Islas durante las vacaciones. “Afecta al desarrollo de los niños que sus familias tengan dificultades para que hagan tres o cuatro comidas de calidad al día. La política de comedores escolares es una de las que más hay que cuidar en estos tiempos de crisis. Pero pasado este umbral no se nota tanto la cuestión de si la familia tiene más o menos dinero. Lo que importa entonces es el nivel cultural. Y eso con la crisis no ha cambiado”.

¿Qué nos hace diferentes?

El liderazgo de Canarias en desigualdad de oportunidades educativas y fracaso escolar no cuenta aún con opiniones fundamentadas. Martínez, no obstante, apunta algunas opciones que está estudiando. “No lo he estudiado a fondo; solo se me ocurren algunas hipótesis. Una de ellas tiene que ver con el factor de la doble insularidad”.

El nivel universitario mejora menos en las Islas

Si tus padres son universitarios y suspendes tanto como para no titular, no tienes muchas excusas. Eso es lo que dice la literatura científica y las estadísticas sobre el tema. Ocurre en Canarias, donde la tasa neta de fracaso escolar llega solo hasta el 6,4% (ha subido dos puntos con la crisis), y también en el resto del país. No hay ninguna comunidad donde este indicador supere el 7%. Aún así, es destacable que el Archipiélago también lidere esta clasificación. Es la región donde más hijos de universitarios no titulan en Educación Secundaria Obligatoria. El porcentaje, no obstante, no es alarmante. Hay otra relación que es más importante tener en cuenta: el vínculo entre los ‘ninis’ y, otra vez, la clase social. No es casualidad que Canarias y Andalucía mantengan un empate en el porcentaje de jóvenes -30%- que no se encuentran estudiando ni trabajando. En el Archipiélago, el 45,4% de los ninis son hijos de obreros no cualificados. Estas cifras se explican fundamentalmente por el aumento del desempleo, ya que el abandono educativo ha disminuido. La dispersión entre comunidades es considerable: las Islas duplican la media de País Vasco, por ejemplo.

A pesar de que los jóvenes hayan salido especialmente mal parados de la crisis, Martínez no es partidario de que los gobiernos diseñen políticas específicas para este colectivo. Explica que la tasa de paro juvenil suele situarse en el doble de la general y que es más eficaz acometer reformas globales que acaban afectando al conjunto de la población y mejorando las cifras económicas. De esta forma los chicos se verán también beneficiados y podrán irse incorporando al mercado laboral. De momento, a pesar de la mala fama que tienen los contratos en prácticas, Canarias no cuenta con un porcentaje excesivo de personas en estas circunstancias, según los datos recabados por Martínez que acaban de ser publicados.