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La despedida y la entrada – Por Norberto Chijeb

Catorce años dan para mucho y mucho ha hecho José Gumersindo García Trujillo por el municipio de Candelaria que hoy deja en manos de otra socialista, la primera alcaldesa de la Villa Mariana, Mari Brito.

José Sindo deja un Ayuntamiento más saneado de lo que él se encontró hace 14 años y con unas perspectivas de crecimiento tan buenas como las que él pudo disfrutar en sus primeros años de mandato, cuando la inversión se hizo visible en aquella etapa de bonanza donde la construcción y el crecimiento poblacional hizo que Candelaria pasara de ser una amalgama de pequeños pueblos diseminados a una gran ciudad conectada con sus medianías.

Es obvio que habría que ponerle reproches a la gestión de los socialistas en Candelaria en estos tres mandatos y medio que han estado en el gobierno, pero casi todos tendrían que ver con los efectos del acomodamiento, eso que que te hace alejarte muchas veces de la realidad, sin entender que las cosas se pueden hacer de otra manera, o que hay una ley superior a la que tienes que enfrentarte.
Eso ha llevado, en el final del mandato, a una judicialización de la política municipal que ha contaminado más que la propia central de Las Caletillas, esa que ahora, socialistas y nacionalistas unidos en el gobierno, quieren desmantelar, cuando gobernando juntos en Canarias ni siquiera se han atrevido a ponerle fecha de caducidad.

Los 14 años de José Gumersindo García serán recordados, como él mismo dice, por mucha pequeñas cosas que han servido para hacer una gran montaña. Una montaña más moderna, con mayor accesibilidad y conectividad, más cultural, deportiva y comercial, que ha pasado de dar cobijo a 10.000 personas a casi 27.000 y que presume de disponer en el municipio, a pesar de emisarios, playas inacabadas y escasas zonas verdes, y la siempre inoportuna central térmica, de una gran calidad de vida.

Una montaña de pequeñas cosas que se reflejaron en las urnas con una nueva victoria socialista el 24 de mayo, aunque no le sirviera para renovar la mayoría absoluta, ya sin el reclamo de José Sindo. La candidatura de Mari Brito, una matemática silenciosa y laboriosa, sacó ocho concejales, suficiente para ser con diferencia la primera fuerza y poder seguir gobernando Candelaria con algunos viejos compañeros y con savia nueva que debe darle un giro de “transparencia y eficacia”, como han proclamado en un grupo de gobierno que tendrá que ser compartido con cinco concejales nacionalistas, de los cuales cuatro se estrenan en política, lo que le confiere un aire de renovación necesario en un municipio que tras un severo ajuste económico podrá generar recursos para hacerle la vida más fácil a sus vecinos.