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Estupidez, con voz y voto – Por Cristina Molina

Las pasadas elecciones han parido una nueva camada de alcaldes, concejales y diputados de Podemos y sus mil y una marcas blancas. Cuando uso la palabra camada no me refiero a grupo de personas que en un periodo dado participan de experiencias comunes. Me refiero, más bien, a una cuadrilla de pícaros, faltos de honra y vergüenza. Lejos de aliviar los graves problemas que afectan a nuestro sistema democrático, enmarañarán todavía más la situación.

La hasta ahora activista y alborotadora, reconvertida hoy en lumbrera y próxima alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha dicho que desobedecerán las leyes que les parezcan injustas. Es decir, en España tenemos que avanzar en la independencia del poder judicial y se tiene que garantizar la no injerencia del poder político. Sin embargo, esta señora (por lo visto, superior moralmente) pretende decidir según su parecer, insisto, según su parecer lo que es justo y lo que no. Teníamos un problema no menor, ahora nos aumentará exponencialmente. Otro personaje es el exconcursante de Gran Hermano, el Yoyas, archiconocido por sus dotes dialécticas y su mesura. Este primor de los valores que más necesita la política hoy en día será concejal en Vilanova del Camí. La estupidez no tiene límites, se dice que afirmó Einstein. Por si fuera poco, se ve que la sed de venganza es también inagotable para algunos. “Os vamos a hundir, esto es la guerra”, expresó en Twitter uno de los que será próximamente diputado en la Asamblea de Madrid.

Estos personajes son mediáticos y por eso trascienden ellos o sus disparates. Habría que preguntarse por la cantidad de estupideces que se pretenderán hacer desde las instituciones los próximos cuatro años. Disparates de unas personas que se han sumado al carro -legítimo y urgente- de luchar por sus ideas pero que lo hacen con el único aval de saber jalear y hacer ruido.