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La FIFA – Por Leopoldo Fernández

Joseph Blatter, presidente de la FIFA, máximo organismo del fútbol mundial, acaba de presentar su dimisión a causa de los escándalos de corrupción que salpican a no menos de siete directivos de dicha entidad, según las autoridades judiciales norteamericanas, que llevan años investigando a esa institución. Pero la imagen de la FIFA no se limpia con dimisiones, sino mediante buenas prácticas profesionales y deportivas, con transparencia y limpieza en todas las actuaciones, eligiendo por sistema a los dirigentes más ecuánimes y capacitados, limitando los mandatos y utilizando el concurso público como mejor sistema para la adjudicación de contratos y campeonatos, introduciendo auditorías externas y controles de legalidad, etc. No son nuevas las acusaciones por las reiteradas desvergüenzas que vive la mastodóntica y opaca FIFA, desde hace lustros colocada bajo sospecha por el volumen de dinero que maneja a su antojo -unos 2.000 millones de euros anuales y más de 1.500 millones de beneficios en el pasado Campeonato del Mundo de Brasil-; el altísimo nivel de vida de sus dirigentes -con dietas millonarias entre 500 y 600 dólares diarios más un sueldo mínimo anual de 182.000 euros-, que sólo se alojan en hoteles de cinco estrellas, comen en los mejores restaurantes y de vez en cuando protagonizan orgías y alborotos; los tejemanejes arbitrales y los amaños de partidos; la compra y venta de votos casi en plan subasta; la más que discutible elección de algunas sedes de los campeonatos mundiales -el último caso ha sido el de Moscú para 2018 y Catar para 2022, pese a la violación de los derechos humanos y el clima-; el impago de impuestos al ser considerada un asociación sin ánimo de lucro, etc.

Lo malo es que esta contaminación ético-moral se ha trasladado a todo el deporte del balompié, donde se han detectado actuaciones mafiosas, manejo discrecional de dinero, comisiones cobradas de tapadillo, apuestas ilegales e incluso compra demostrada de árbitros y encuentros que en algunos casos -principalmente en Italia y ya veremos en España-, tras las investigaciones en curso han llevado al descenso de categoría de equipos y la dimisión de dirigentes. Esta FIFA no sirve. Hay que limpiar a fondo el mundo del fútbol si se quiere que el deporte no se salga de su propio cauce.