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El gofio nuestro de cada día – Por Anastasio Cabrera

El noble y popular gofio le hemos conferido siempre un valor especial, vinculándolo de manera directa a la salud. Pese a ello, la sencillez del ancestral sustento quedó para algunos relegada al silencio. No estaba de moda y en determinados ambientes se optó por ocultar su utilidad, o en el mejor de los casos se le mencionaba como reclamo para realzar un supuesto apego al terruño, relacionándolo en su vertiente etnográfica y subrayando su proyección en el ámbito de lo folclórico.

Desde hace unos años el gofio ha recuperado protagonismo y se le menciona por su valor intrínseco, sin tener que recurrir al arraigo y posición prevalente que se ha ganado al paso de los años. La atención que ahora le dispensamos no llega de forma casual, en parte es consecuencia del movimiento pendular que trae o lleva tendencias pasajeras. Los molineros, los productores de gofio de Canarias, han ido abriendo caminos hacia el nuevo tiempo y por ello han despertado la atención de un grupo de investigadores, estudiosos y especialistas en diferentes áreas, que han aportado sus conocimientos y desarrollado trabajos con los que en conjunto se ha dotado al ancestral alimento del mayor reconocimiento. Ese trabajo colectivo ha servido de aval para alcanzar de la Unión Europea la Indicación Geográfica Protegida y pasar a formar parte del selecto grupo de alimentos que gozan de la mayor protección en el mercado.

Queda atrás la innata asociación de ideas que vinculaba al gofio como socorrido recurso para matar el hambre. Se presumía entonces que el alimento básico del isleño daba algo más que energía para afrontar las duras tareas laborales. La leche y el gofio no se ha visto desplazada por otros productos en el desayuno de muchos isleños, que atentos a su bondad no necesitan presumir ni mucho menos ocultar su ascendencia a la hora de confirmar su sabia adicción. Un estudio reciente hecho por la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias- Usos y actitudes de la población canaria hacia el gofio- señala que es el desayuno preferido en el 27% de los hogares de la provincia tinerfeña y en el 2 1% de los de Las Palmas. El 56,3 % de las personas que fueron encuestadas dicen consumirlo todos los días y otro 31,6 % lo tienen en su mesa al menos una vez a la semana.

En los últimos años se está apreciando un progresivo crecimiento en el consumo de gofio, que superó el pasado año las 5.800 toneladas. La situación económica en la que estamos inmersos ha contribuido de una parte a devolver la atención al popular sustento, pero no podemos obviar que un alto porcentaje de los consumidores que hoy acuden al gofio lo hacen por entender que aporta beneficios muy superiores a los que ofrecen otros productos, entre ellos los socorridos y altamente publicitados cereales industrialmente tratados.

El reciente estudio que ha realizado el doctor Alberto Domínguez y su grupo de colaboradores, viene a confirmar lo que ha estado en el ánimo de la población, otorgando solidez científica a la consideración popular. El gofio tiene efectos directamente beneficiosos que ayudan a prevenir enfermedades del corazón. Una vez más la sencillez de un producto, en este caso indiscutiblemente cercano, ha despertado la atención de un profesional de la investigación para mostrar en plenitud su riqueza. El cardiólogo Alberto Domínguez, del Hospital Universitario de Canarias ha prestado atención a la voz de sus pacientes, ha observado sus pautas alimenticias, atento siempre a la realidad. Se dice que la observación y la inquietud por conocer algo más, formulando preguntas y tratando de resolverlas, son la puerta que abre caminos por los que tarde o temprano se llega al mejor resultado. En este caso se confirma.