LA ENTREVISTA DEL DOMINGO >

“Hay que enseñar siempre la posibilidad de la independencia para que te hagan caso”

Juan Manuel García Ramos, escritor y presidente del PNC. / SERGIO MÉNDEZ
Juan Manuel García Ramos, escritor y presidente del PNC. / SERGIO MÉNDEZ

CARMELO RIVERO | Santa Cruz de Tenerife

En su cueva de la casa lagunera donde lleva viviendo desde hace diecisiete años, rodeado de libros y una amable vegetación, Juan Manuel García Ramos huele de cerca el papel como una vieja costumbre de lector posesivo de su biblioteca. Y ese cuarto estrecho tapizado de volúmenes, con una mesa de madera y los utensilios de escritor, es como una porción imaginaria de América, que domina temáticamente los estantes. Su próximo libro es una guía para leer Cien años de soledad, casi tantos como tiene el Partido Nacionalista Canario (PNC), “unas siglas muy apetecidas”, afirma el catedrático de Filología Española y Premio Canarias de Literatura que preside esta formación política fundada en Cuba en 1924. Sería, a su juicio, “el mejor paraguas” para salir de la actual encrucijada, tras el 24M, reunificando en su seno el nacionalismo canario.

-¿Quién es la persona indicada para timonear ese proceso de convergencia?
“Manuel Hermoso, sin duda. Él ha dicho en los órganos internos de Coalición Canaria (CC) que si los interlocutores no son válidos hay que cambiar de interlocutores. Y yo creo que el mejor interlocutor es él, que hizo posible la primera mayoría aritmética parlamentaria nacionalista de la historia política de Canarias. Me alegro mucho del éxito electoral de Antonio Morales, de Nueva Canarias (NC), en el Cabildo de Gran Canaria, basado en un mensaje nacionalista tan oportuno en defensa de las energías renovables, como hemos visto en la cumbre del G-7, que alertó esta semana del final de las energías fósiles en este siglo. Antonio Castro también ayudaría, y Paulino Rivero, sin duda. No deberían dejarlo irse a su casa, tras dos buenas legislaturas pese a la crisis, con apreciables avances nacionalistas”.

-La fórmula del presidente de la CEOE de Tenerife, CC + NC = PNC, le suena bien, por lo que he visto.
“Suena muy bien. La leí gratamente en DIARIO DE AVISOS en la entrevista a José Carlos Francisco hace un par de domingos: CC y NC desembocando en un solo PNC, y aspirando de ese modo a un grupo parlamentario en las Cortes españolas.El enemigo público número uno del nacionalismo canario es la dispersión de siglas”.

-¿En qué situación queda el nacionalismo tras el 24M?
“Antes gravitaban sobre la política canaria dos partidos franquicia, PP y PSOE, y ahora tenemos cuatro, con Podemos y Ciudadanos. O nos unimos los nacionalistas ante esa avalancha de partidos franquicia o gana la colonialidad política multiplicada por dos. Además, hemos roto el tejido mediático que neutralizaba esa neocolonización mental, y hoy se potencian los medios de comunicación peninsulares, en detrimento de los propios”.

-¿Fernando Clavijo apunta maneras?
“Siempre he creído en Fernando. En su día dije que era el mirlo blanco del nacionalismo canario. No lo digo ahora que es presidenciable, sino lo dije en 2011. Está en YouTube”.

-¿Cómo sería ese PNC pancanario, cuál su ideología?
“Puede ser el paraguas de todos los nacionalistas de Canarias, un partido interclasista, progresista. Cabemos todos. A finales del siglo XIX, Secundino Delgado y sus colaboradores más estrechos en su etapa venezolana supieron dar un giro a sus planteamientos originales cuando le vieron las orejas al lobo de los Estados Unidos tragándose a la Cuba exespañola. Lo principal es la defensa de un territorio con acento medioambiental, de una sociedad y manera de ser, y de una cultura. Mi amigo Abel Posse dijo en Los perros del paraíso que Canarias es una de las veintipico partes en que España dividió América. Para el peruano Julio Ortega, que dirige unos estudios transatlánticos en la Universidad de Brown (EE.UU.), Canarias es el eje donde primero se produjo el diálogo entre el hispanismo y el americanismo. Sería un partido atlantista”.

-¿Las siglas del PNC le han dado quebraderos de cabeza?
“Muchos. He tenido crisis y procesos judiciales por defender unas siglas muy ansiadas. Yo recogí la herencia de tipos excepcionales que supieron rescatar al PNC: Juan Pedro Dávila, Bernardo Cabrera, José Diego Díaz-Llanos, Antonio Pérez Voituriez, Victoriano Ríos…”.

-¿Anaga, nueva Reserva de la Biosfera, es un buen macondo atlántico?
“Yo no sé cómo no lo habían sido antes esas 49.000 hectáreas, con una antigüedad de millones de años. Simboliza muy bien esa Canarias nacionalista y medioambiental reunificada y protegida”.

-¿Por qué ha de velar el pacto de Gobierno tras la constitución ayer de los ayuntamientos?
“De inicio, la lógica electoral conduce a CC al PSOE. Canarias tiene que perfeccionar sus contratos con Madrid y Bruselas. El Estatuto y el REF, que están en revisión, son los contratos que tenemos con el Estado, y sería muy provechoso llevarse bien con el que gobierne en Madrid. En fin, esta es una doble realidad en la que hay que saber moverse. No conozco a la nueva dirigencia del PSOE, pero sí la conducta responsable de José Miguel Pérez”.

-¿Qué signo define la nueva legislatura?
“Ya crecemos por encima de la media española y europea: el 3,1%. Yo he podido resistir con mi sueldo de profesor universitario, pero, como alguien dijo, ser de izquierdas no es ser feliz solo. No sé si soy de izquierdas o no, pero no me gusta vivir feliz solo”.

Juan Manuel García Ramos, escritor y presidente del PNC. / SERGIO MÉNDEZ
Juan Manuel García Ramos, escritor y presidente del PNC. / SERGIO MÉNDEZ

-¿Qué opinión le merece Rajoy?
“Me parece un tipo responsable que ha hecho su trabajo. España hoy tiene una gran solvencia. Pero no ha sabido tener en cuenta a las familias que peor están”.

-¿Cree posible un tete à tete Soria-Paulino Rivero?
“No lo veo fácil, hay rencores crónicos”.

-¿Suscribe la reforma del sistema electoral?
“Las islas menores no pueden ser relegadas en ninguna reforma futura”.

-¿Escritor, político, profesor?
“Esquizofrenia profesional. El escritor no renuncia a hacer política; el político no renuncia a leer y escribir; el profesor disfruta del contacto de la juventud y de sus dudas fecundas…”.

-¿Español, canario, atlántico?
“Canario, atlántico fronterizo”.

-Le pregunto al americanista: ¿Canarias es África?
“Tenemos un sustrato africano innegable, pero, si somos rigurosos, ni nuestro origen geológico, ni nuestra oceanidad, ni nuestro mestizaje, ni nuestra porosidad cultural, ni nuestro cristianismo o postcristianismo frente a la civilización islámica de nuestros vecinos, nos dicen que somos África. Canarias no es África en términos absolutos, porque, además, su situación sobre la superficie planetaria la emplaza, al este y al oeste, entre el desierto más grande del mundo y el segundo océano del globo terráqueo, entre más de nueve millones de kilómetros cuadrados de arenas ardientes y noches glaciales y unos ciento seis mil kilómetros cuadrados de aguas indomables y fosas abisales”.

-¿Qué queda del enfant terrible García Ramos?
“Una vida sin crítica y sin enemigos no vale la pena vivirla. A mí una polémica de vez en cuando me entusiasma. Al hacerme mayor me he hecho más intransigente, pero también más indulgente. Uno tiene su carácter y está fatídicamente conformado por la genética y los entornos. Yo soy un respondón, un canario que canta fuera de la jaula. Hay muchísimos dentro de la jaula, lo que llamo la colonialidad, eso que queda gravitando después del colonialismo y hace a una sociedad alienada y acobardada, a la espera de que las ideas y las aprobaciones vengan de fuera. Desde el punto de vista mental, somos una colonia”.

-Cela, el Nobel, era un célebre respondón.
“En los 80 celebramos aquí el III Congreso Internacional de Escritores en Lengua Española, del que fui secretario, y se armó una pelotera. Cela le ofreció una trompada a Francisco Rico -gran cacique del siglo de oro-, si se presentaba a fiscalizar los gastos enviado por el Gobierno. Rico no vino. Le cogió miedo a Cela”.

-¿Y cuál ha sido su bronca más sonada?
“Una que yo no he creado, que es la de Juancho Armas Marcelo. He tenido que pagar por el hecho de formar parte del jurado de los Premios Canarias. Como no lo ha recibido, me señala a mí, al pobre Arturo Maccanti, a Justo Jorge Padrón, a Juan Cruz, en ABC y El Mundo”.

-Fueron grandes amigos, ¿cabe el armisticio?
“Ha dicho cosas muy graves de mí y de mi familia en sus ataques. Esa es una guerra sin retorno. Onetti se exilió en España por la puñeta de haber sido miembro de un jurado literario, cuyo fallo no gustó a la dictadura y le costó la cárcel. La peligrosidad de formar parte de un jurado literario. O te meten en la cárcel o insultan a tu familia”.

-Usted tuvo algún roce con Cabrera Infante…
“Ah, sí, eso fue en el restaurante La Riviera, en Santa Cruz, cenando con él, su esposa Miriam Gómez, Pérez Minik y alguien más. Infante estaba obsesionado con el castrismo, se lo dije en la cara y no le gustó, era muy intransigente, pero supo llevar la música a la literatura”.

-Las letras cubanas también salen del bloqueo: Premio Princesa de Asturias a Leonardo Padura.
“Uno de los mejores novelistas cubanos actuales. Me alegro mucho por él, y por mi amigo Ricardo Piglia, que acaba de ganar el Formentor y está enfermo”.

-¿Canarias es una bomba de relojería para el Estado?
“Depende de cómo vayan las relaciones. Canarias está completamente neocolonizada en seguros, bancos, energía… Tenemos que hacer un esfuerzo para apropiarnos de esas fuentes y consolidar una clase empresarial fuerte, como está sucediendo en Gran Canaria. En una España federal podemos caber todos. Si no, cada territorio tomará por su lado”.

-¿Por qué esta no es una autonomía histórica?
“Porque lo han entorpecido los partidos franquicia, PSOE y PP. A diferencias, somos los más diferentes. Nuestra autonomía debe ser absolutamente máxima. Yo creo que hay que enseñar siempre la posibilidad de la independencia para que te hagan caso, hay que usarla, porque, además, es real. En la conferencia de octubre de CC se abordó el informe de los profesores de las dos universidades canarias, coordinados por Urbano Medina, que establece la posibilidad de ser autosuficientes. Y eso hay que ponerlo sobre la mesa”.

-José Martí escribió Nuestra América antes del 98. ¿Falta hacer el ensayo Nuestra Canarias?
“Por mi parte, he intentado hacerlo. El otro día, en Ciudad Vieja (Cabo Verde), en un debate con el ministro de Educación, que coordinó José Gómez Soliño, dije que cuando llegaron los europeos, los canarios llevaban en las islas dos milenios. Somos atlánticos del monte Atlas proyectándonos en el Atlántico, un concepto que nace en el siglo XV y generamos nosotros. Colón puede viajar hacia el oeste mediante una laguna jurídica que tiene el Tratado de Alcazovas-Toledo. Si no hubiera sido por la excusa de Canarias, no hubiera existido ese concepto. De ello habría que hablar en esa reflexión de Nuestra Canarias que sugiere en su pregunta”.

-Pero Canarias no juega aún en la champions de la Historia del Atlántico.
“Pues yo le reconozco ese papel, es la raíz de toda mi teoría de la atlanticidad, la comarca literaria común. Quien mejor supo verlo fue Antonio Rumeu de Armas, que escribió hace más de medio siglo Canarias y el Atlántico, y tengo el honor de que prologó mi libro Por un imaginario atlántico. Para mí es el Braudel del Atlántico, incluso se adelantó al francés. Es el único historiador canario que conozco que sabe escribir bien”.

-Rumeu me dijo, al final de su vida, que pagó caro académicamente su dedicación a la historia de Canarias.
“Es lo que contaban en Madrid el otro día profesores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Los tribunales de plazas universitarias y de sexenios consideran provincianos los estudios canarios”.

-¿Confía en que ruede la lista y ser diputado?
“Fui de siete y salieron seis, si entro bien, y si no, también. O haces política o te la hacen. Por eso hago política”.

-¿Conoce colegas políticos que lean?
“Pocos. El que leía más era Fernando Fernández”.

Una tarde con homero en Maipú

La soledad de los muertos impactó a Juan Manuel García Ramos desde niño; pasaba a menudo por el Hospital de los Dolores de La Laguna y veía salir las cajas fúnebres con viejitas sin parientes. Más tarde escribió Malaquita. Otros muertos asombraron al autor por entonces: el peor naufragio español en tiempos de paz, del que se salvó su abuelo. Don José Aquilino Ramos había reproducido en su finca de Valle de Guerra una pequeña Cuba para tener América a mano, con plantaciones de tabaco, caña de azúcar, plátano y algodón, y en esa atmósfera su nieto, García Ramos, era todo oídos, escuchaba las historias que le contaba aquel hombre calmo y adivino que sobrevivió porque supo escrutar los cielos del Caribe. De ese modo, el escritor se enteró del naufragio en 1919 del Valbanera, el Titanic de los pobres, en el que viajó a Cuba su abuelo con 20 años junto a más de 1.200 emigrantes, desde la isla de La Palma, y cómo al llegar a Santiago, antes de proseguir hacia La Habana, predijo la tragedia y propuso quedarse en tierra. Los casi 500 tripulantes y pasajeros, la mayoría canarios, que siguieron navegando murieron contra los cayos de Florida, cerca de Rebecca Shoalds, sin que quedara rastro de un solo cadáver. El nieto, un niño de la calle lagunera de Herradores, hijo de Juan Antonio y Concepción, dueños de un comercio, y su abuelo se hicieron grandes amigos y este, sin duda, le inculcó la idea de América. Juan Manuel García Ramos es un docente y escritor americanista sin vuelta de hoja. Amén de El zahorí del Valbanera, la novela en la que relata el citado pasaje desde el fondo de sus memorias familiares, América impregna la vida de autor y profesor universitario y hasta de político de este lagunero de 66 años, el mayor de cuatro hermanos, casado con Mercedes y padre de un físico formado en Manchester y una hija decantada a la Pedagogía, al que le dio por leer y escribir. El partido que lidera, el PNC, nació en La Habana, precisamente, como parte de una predestinación, y en cuanto tuvo la oportunidad puso un pie en la otra orilla. Recuerda la tarde que acudió a la avenida Maipú, en Buenos Aires, y se elevó con su mujer hasta el sexto piso, tocó en la puerta y le abrió Borges en persona. “Fue como estar con Homero”. El autor de El tamaño de mi esperanza los recibió con un traje de alpaca gris y los acompañó a la sala de estar para que aguardaran a que se pusiera la corbata y regresara dispuesto a pasar toda la tarde hablando. “Estuvimos casi cinco horas juntos y le pregunté todo lo que quise”. Borges, que en el 78 frisaba los 80 y estaba completamente lúcido, hurgó varias veces en la genealogía de sus ancestros durante la entrevista. A García Ramos le dijo que tenía un Bethencourt en sus apellidos procedente de Canarias. Otras veces, García Ramos hallaba América en una cama inopinada de Madrid. En la casa de Onetti. Cuando lo visitaba, el escritor uruguayo lo recibía en su lecho de vida, donde pasaba el tiempo bebiendo, fumando y leyendo a Simenon. Encima de la nevera tenía alineadas las botellas de un cuarto de litro rellenas con vino y se las iba pidiendo a la mujer religiosamente. García Ramos lo trajo a Tenerife y lo alojó en su casa, e hizo para Cátedra una exitosa edición crítica de su novela El Astillero, que ha alcanzado ya once ediciones. Habla con un afecto reverencial de aquel hombre “enamoradizo” que no había hecho el bachillerato, “pero no he visto a nadie escribir mejor en español”, desde que lo leyó por primera vez a sugerencia del padre de Fernando Clavijo, que le recomendó El pozo, la primera novela que escribió el autor una tarde en que se quedó sin tabaco. En diciembre, a los 20 años de su muerte, García Ramos recorrió Montevideo en busca de la ciudad mítica de Santa María fundada por Onetti en La vida breve, y paseó con sus personajes bajo cielos azules y la sombra de plátanos del Líbano por aceras avejentadas. Todos los caminos han llevado siempre a García Ramos a América, desde que pasara semanas enteras junto al abuelo en su impronta antillana de Valle de Guerra. El padre le abrió una cuenta en una librería para que compraran libros a discreción. “Me dijo, compra los libros que te dé la gana, y eso decidió mi destino. Me hizo un lector y a partir de ahí no he podido concebir la vida sin la literatura”. Y sin América. Una de las obras que leyó muy pronto fue Cien años de soledad, y dice que “fue como leer una biblia”. García Márquez lo hipnotizó.

-¿Ser lector le hizo escritor?
“No sé por qué me hice escritor. Quizá me incitó un compañero preuniversitario: Juan Cruz, que estaba siempre escribiendo y todo el tiempo quería que lo leyera. Al principio, para mí era un coñazo, porque yo estaba en otras cosas, en el fútbol, en el automovilismo, en un mundo de acción, no de reflexión, en el Instituto Cabrera Pinto, leyendo otras cosas, a Julio César nadando contra las olas del Adriático, o a Lawrence de Arabia articulando el mundo árabe en contra de los otomanos…”.

-¿Qué personaje canario le ha atrapado?
“Nicolás Estévanez. Un hombre muy valiente. Don Luis Rodríguez Figueroa lo era también: cuando lo mataron tirándolo al mar, se llevó por delante a uno de sus verdugos. Estoy intentando escribir algo sobre la familia Rodríguez Figueroa. Conocí a su hijo, Elio, jugando al tenis con 82 años, que luchó con el ejército republicano y con los aliados, estuvo en Bolivia y conoció al Che”.

-¿Entonces, el deporte fue antes que la política?
“Sobre todo, el tenis. El fútbol me gustó siempre, pero era difícil reunir a 22. Me interesan los deportistas que son atletas. El caso de Cristiano Ronaldo. Y el de Andre Agassi, del que acabo de leer sus memorias, un gran libro sobre un niño al que no le gustaba el tenis y llega a ser el número uno por la obsesión de su padre”.

-Pedro Zerolo era uno de esos canarios batalladores.
“¡Qué pena que habiendo librado un combate tan duro, la vida le haya posibilitado tan poca existencia! Sí, era un canario con coraje. Creó espacios de libertad insólitos”.

-¿Cómo valora el desafío de Felipe González a Maduro?
“De un gran arrojo. Estoy admirando mucho al Felipe González mayor, que está dando perfiles de estadista. Hay dos Venezuelas, camino de una guerra civil”.

-¿Qué le parece el guión de esta selva global?
“Hay dos personajes providenciales: el papa Francisco y Obama, que inyectan optimismo. Y me intriga el yihadismo juvenil, como si a esas edades la energía que se reprime se volviera destructiva”.

-¿Quiénes son los extreñidos de la cultura?
“Llamo así a los que escriben los libros para que los lean los que escriben los libros, y son herméticos. Yo cada vez estoy más por la nobleza de la claridad, deseo ser legible. Escribir sencillo es una cortesía del autor, decía Ortega”.

-Cumple 40 años dando clases de Literatura Hispanoamericana como si de un amor se tratara.
“He permanecido 40 años fiel a ella. Cien años de soledad determinó mi visión de las letras”.

-Usted pasó una etapa clandestina en la Universidad…
“En mi juventud o eras comunista o compañero de viaje. Yo fui compañero de viaje y a mucha honra. En el franquismo, el Partido Comunista fue el único que dio la cara”.

-¿Y cómo se convirtió al nacionalismo?
“Es un problema de sentido común, que se aprecia, sobre todo, cuando uno viaja”.

-¿Entonces, el nacionalismo no se cura viajando?
“Para esa frase esta otra: el nacionalismo se cura viajando en primera clase”.

-¿Existe un pleito peninsular Madrid-Canarias?
“Existe, claro. España siempre ignoró a sus colonias, es un complejo imperial. Las islas somos ocho cosmogonías”.

-¿La Laguna es un lugar cosmocanario?
“Es el distrito federal de una nación que nunca se ha encontrado a sí misma”.

-¿Cómo han sido estos 40 años de escritor?
“Nunca he dejado de escribir, pero lo he hecho con muchas pausas. Bioy Casares decía que está la vida y está escribir sobre la vida, que es vivir más intensamente”.

-¿Además de Cien años…, qué libros le han marcado?
“El Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa; El astillero, de Juan Carlos Onetti; El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad; la poesía de Jaime Gil de Biedma y Arturo Maccanti; El tiempo recobrado, de Marcel Proust; Los Buddenbrook, de Thomas Mann, y, últimamente, David Foster Wallace y Roberto Bolaño”.

-Carlos Fuentes en los lapsus del Nobel…
“Merecía el Nobel antes que Vargas Llosa. Es el padre del boom”.

Juan Manuel García Ramos, escritor y presidente del PNC. / SERGIO MÉNDEZ
Juan Manuel García Ramos, escritor y presidente del PNC. / SERGIO MÉNDEZ

-¿Le sorprendió la portada de ¡Hola!?
“Vargas Llosa e Isabel Preysler estaban llamados a encontrarse. Siempre lo supuse. Los dos tienen ese lado hedonista y casi exhibitorio”.

-¿Cuarenta años después, qué valora más del boom de la narrativa canaria?
“La movilización. Era total. Todos hacíamos de todo”.

-¿Su Biblioteca Básica Canaria, de la etapa de consejero de Educación y Cultura, tendrá continuidad?
“Fue un canon necesario de nuestra literatura y ya está en marcha una Biblioteca Atlántica complementaria”.

-Hay personajes que han habitado y agitado las islas: Manrique, Minik, Westerdahl, Cubillo… Y actuales: Pedro González, Los Sabandeños…
“Ser amigos de copas de Gaceta de Arte, de Pilar Lojendio y Antonio Vizcaya. Fue un lujo que la historia nos concedió. Manrique nos descubrió el paisaje, y Cubillo la excepcionalidad de nuestra condición geográfica y política. Pedro González y Los Sabandeños confirman lo que decía Carlos Fuentes, que no hay globalidad que valga sin localidad que sirva”.

-¿Quién es Juan Manuel García Ramos?
“Un hombre lleno de dudas que se acerca a su mayoría de edad con mayor número de dudas”.

-¿Usted tiene sentido del humor?
“Me río poco y ese es un defecto”.

-¿Qué es lo que más le cabrea?
“Me cabrea que la Real Academia Española haya legalizado la palabra evento, con lo que me considero libre de hacerle caso a esa corporación de higiene expresiva. Me cabrean cínicos y avaros”.

-¿Quiénes somos los canarios?
“Somos una nación que procede de una nación que respetaba a sus muertos, como decía Viera y Clavijo, junto a egipcios y peruanos. Pero también somos un pueblo que tiene miedo a pensar por sí mismo. Vivimos en un lugar luminoso, y eso es muy de agradecer cuando se cumplen años”.

-Usted rechaza que las Endechas a la muerte de Guillén Peraza (siglo XV) sean el antecedente de las letras canarias.
“Eres desdicha, desdicha mala…’. Ese autor anónimo odiaba a Canarias. En cambio, en las endechas que descubre Torriani, y que canta Rogelio Botanz, hablan los vencidos, los guanches, y me parecen más legítimas: ‘Aicámaragá, aititùaguahae…’ (‘¡Sed bienvenidos! Mataron a nuestra madre/esta gente forastera…’. Me decía Eliseo Izquierdo, citando a don Elías Serra Ráfols, que si Anchieta no se hubiera ido de Canarias en el siglo XVI, hoy el guanche sería una lengua viva”.

-¿Por qué un borgiano como usted no escribe cuentos ni poesía?
“Solo escribí un poema cuando una novia y yo nos dejamos. No sé escribir poesía y sé leer poesía con muchas limitaciones. Preferí la novela y el ensayo”.

-¿El pájaro canario es una buena metáfora para cerrar esta charla?
“El pájaro canario nos une. En Cien años de soledad, Amaranta Úrsula viene de Bruselas, pasa por Canarias y se lleva 25 parejas de canarios para repoblar el cielo de Macondo. A medida que se reproducen los va soltando, y más tardaban en sentirse libres que en fugarse del pueblo, daban una vuelta en el cielo y parecían encontrar la manera de volver al archipiélago. ¡Que precioso pasaje!”.