NOMBRE Y APELLIDO

Mariano Bellver – Por Luis Ortega

Tuvieron que pasar quince años para que pudiera regalar su colección de arte -cerca de un millar de piezas y, entre ellas, más de trescientas pinturas- a la ciudad donde reside desde 1940. Cansado por las trabas burocráticas y de rechazar peticiones interesadas de otras ciudades de Euskadi y Andalucía, un oportuno ultimátum impulsó a la corporación municipal de Sevilla a aceptar, al fin, en el pasado mayo, la rumbosa donación, valorada en más de catorce millones de euros, sólo a efectos de seguros, y se comprometió formalmente a la exigida restauración y acondicionamiento del Pabellón Real de la Feria Iberoamericana de 1929 (proyectado por el arquitecto Aníbal González y construido bajo su dirección) donde será expuesta a partir del 5 de diciembre de 2016, fecha en la que el filántropo cumplirá noventa años. Vasco de origen y nacimiento “y andaluz por libre elección”, Mariano Bellver (1928) amasó su importante fortuna en el sector inmobiliario durante la segunda mitad del pasado siglo y, con su esposa, Dolores Mejías, se inició en el coleccionismo artístico con la participación en subastas nacionales e internacionales y continuas adquisiciones en los mejores anticuarios del país. Empresario de éxito y propietario del colegio San Juan Bosco, reunió en principio, junto a pinturas y esculturas religiosas y profanas, trabajos de orfebrería, mobiliario de distintas procedencias, elementos de ajuar, tapices y labores textiles de diversas épocas y estilos, cristales y porcelanas europeas y asiáticas, marfiles franceses, africanos y filipinos y, con especial atención, una exquisita selección de óleos románticos y costumbristas que van desde los hermanos Domínguez Becquer, Rodríguez Guzmán, Cabral Bejarano, Manuel Barrón, Jiménez Aranda y José García Ramos, representado con más de treinta obras. En pocos años su lujosa residencia, una mansión dieciochesca de mil quinientos metros cuadrados, localizado frente al Museo Provincial de Bellas Artes, fue insuficiente para acoger las adquisiciones; así que, al tiempo de formular su ofrecimiento al municipio, realizó una exigente criba de todos sus fondos “con el fin de garantizar la calidad museística de todas las obras donadas, que deberán exponerse juntas”. Bellver justifica su desprendimiento con una posición pragmática: “Como no podemos llevar nada al otro lado, entiendo que lo mejor que podamos hacer con lo que atesoramos durante toda vida es dejarlo a instituciones que garanticen que su conservación y exposición en el futuro. ¿Altruismo? Sí, pero también sentido común”. Olé.