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Una ONG canaria lucha contra el tráfico de órganos y niños en Nepal

La ONG presta asistencia en Nagarkot, una aldea situada a unos 70 kilómetros de Katmandú. | DONA VIDA
La ONG presta asistencia en Nagarkot, una aldea situada a unos 70 kilómetros de Katmandú. | DONA VIDA

SARAY ENCINOSO | Santa Cruz de Tenerife

Sin un riñón y “con el cuerpo totalmente comido por detrás”, pero con fuerzas para cantar. Así acabó uno de los niños a los que la asociación Dona Vida ha atendido en Nepal tras el devastador terremoto que conmocionó al mundo. Tumbado en un hospital de campaña, cantaba de felicidad al ser atendido -con morfina, allí no se usa la anestesia- por los médicos canarios. El caos en el que está sumido el país ha favorecido la entrada de mafias que se dedican al tráfico de órganos y de menores. Los miembros de la ONG canaria, que acaban de regresar con una buena cantidad de vídeos y fotografías que atestiguan esta realidad, buscan dinero para costear la operación que el pequeño necesita -5.000 dólares-, pero también para continuar con su labor.

La situación del país, lejos de mejorar, es cada día más dramática. A Germán Domínguez, el presidente de la entidad, aún se le nota afectado por la dura vivencia que acaba de experimentar, a pesar de que no es la primera vez que acude al país. La organización llevaba tiempo trabajando en Nepal. Su relación con el país y su gente es visceral: hace años adoptó a una niña. Admite con tristeza que las mafias acuden a países donde no hay prevención de riesgos y los desastres naturales son devastadores. Históricamente, la naturaleza ha sido para Nepal su principal atractivo y fuente de ingresos, pero también su mayor vulnerabilidad. La clase política no ha sabido garantizar una mínima seguridad en las condiciones de vida de sus habitantes desde que acabó la guerra civil en 2008. Los terremotos -no han cesado desde que ocurrió el primero- suponen un retroceso económico para Nepal: destruyen infraestructuras y, además, menoscaban drásticamente los ingresos del turismo y la escasa calidad de vida de sus habitantes. “En el tiempo que estuvimos sufrimos cinco réplicas, aunque yo, cuando los temblores superan los cinco grados, creo que hay que llamarlos terremotos y no réplicas”, subraya Domínguez.

La situación en la que se encuentra el niño que ha perdido su riñón, y que la ONG grabó en vídeo para mostrarlo a su llegada, no es una excepción. Ocurría antes del desastre natural y sucede ahora.

“En Nepal, las personas que pertenecen a las castas más bajas no tienen derecho a la educación ni a la sanidad. El gobierno solo les da paracetamol”, explica el presidente. “Las familias son engañadas: las mafias prometen llevar a los niños a otros países donde tendrán una vida mejor, pero en realidad acaban en redes de explotación sexual, en circos…”. Para erradicar este fenómeno, Dona Vida emprendió un proyecto de alfabetización en una aldea fronteriza con la India. Los resultados han sido asombrosos. “Hemos conseguido acabar con la trata de menores”. El reto es conseguir hacerlo en más aldeas. La ONG se ubica en zonas alejadas de Katmandú. En Nagarkot, una de las aldeas donde han trabajado los 20 médicos canarios que han ido bajo el paraguas de la ONG, han levantado un hospital. Solo allí atienden a 7.000 personas, pero en total han ayudado a más de 21.000.

El país, en datos
Dimensiones. Nepal no supera los 600 kilómetros de largo y los 200 de ancho. Viven 27,7 millones de habitantes.
Orígenes. Es un país relativamente joven. Nació en el siglo XVIII cuando en 1768 el rey unificó los tres reinos independientes (Katmandú, Patan y Bhaktapurh).
Falta de prevención. Hasta mayo de 2015, el 84% de los nepalíes tenía acceso a agua potable. Sin embargo, los terremotos dañan los sistemas y hacen que el acceso al agua reaparezca como una urgencia de primer orden. Dona Vida donó 10.000 litros diarios durante su estancia.
Economía. La economía nepalí apenas alcanza los 20.000 millones de dólares. Es uno de los países más pobres del mundo: ocupa el puesto 145 en el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, por debajo de Bangladesh o Laos. La economía del país, basada en la agricultura y el turismo (800.000 visitantes anuales), había crecido el año pasado, pero los terremotos pueden hacer retroceder 50 años al país.
Educación. El gobierno es incapaz de asegurar la educación de un millón de niños. Unicef ha instalado 137 aulas temporales, hechas con bambú para que 14.000 menores puedan regresar a las aulas, pero 985.000 no han podido hacerlo aún.
Víctimas. El terremoto dejó 8.000 muertos, 14.000 heridos, 600.000 edificios afectados, 2,8 millones de desplazados y una situación severa de crisis humanitaria que demanda mucha ayuda.