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Pedro Zerolo – Por Luis Ortega

A los viejos recuerdos (domingos en La Laguna, la casa franca de Pedro González y Chicha Zerolo y el ambiente entrañable de la familia) les cuesta abrirse paso entre la profusión de sentimientos que, en las últimas horas, coparon las redes para testimoniar el reconocimiento, la gratitud y el afecto a una persona luminosa, valiente y alegre, con tanto talento como corazón. Cuando escribí estas líneas, la capilla ardiente de Pedro Zerolo (1940-2015) en la Casa de la Villa, era una colmena intensa de emociones y Jesús Santos, su esposo, Conchi, Eladio y Cristi, sus hermanos, no daban avío para atender el desfile multitudinario de gentes de toda condición, rostros conocidos y anónimos, que acudían a despedirse de un líder social de insobornables principios que, por decencia y constancia, se ganó la admiración unánime en una nación pasional y, por ende, polarizada. Tanto como hoy, los manuales de historia harán justicia al abogado que, por su cuenta y riesgo, defendió la igualdad de derechos que la pragmática transición postergó, como tantos asuntos sensibles, para hacer viable un proyecto común de convivencia. Activista social y militante socialista, con el aval del presidente Rodríguez Zapatero abrió un horizonte de libertad para la sociedad española con la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo, aprobada en 2005 y con la que, por primera vez, un país democrático asumió la igualdad de los enlaces de gais y lesbianas y, dos años después, la de identidad de género, que dio cobertura y seguridad jurídica a los transexuales para corregir su asignación registral. A sus desvelos se debe también el prolijo cambio semántico en el sistema legislativo español para responder a los alcances de unas normas que superaron todos los escollos legislativos y que, finalmente, fueron aceptadas por sus más enconados opositores. Secretario de Movimientos Sociales del PSOE, fue concejal desde 2003 y diputado electo de la Asamblea de Madrid tras los comicios locales y autonómicos de mayo. Por una vez, España dejó de ser furgón de cola, se convirtió en vanguardia mundial de la extensión de derechos y los debates maniqueos e interesados dejaron paso a la necesaria y gozosa normalidad. En esta hora triste confirmo que un hombre como Pedro Zerolo no cabe en las treinta y cuatro líneas de la columna, que deja tras sí la estela del talento con corazón -binomio de lujo en horas canallas- y que, para gozo de quienes le conocimos, vio la vida de frente y salió de ella con la entereza y elegancia que sólo se reconoce en los elegidos. A