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¿Píldora con generosidad? – Por José Juan Rivero

Hace unos días, mientras revisaba las hemerotecas científicas, me encontraba con una noticia, que aunque esperable por la excesiva relevancia o moda de dar una explicación neurocientífica a todo, junto con su correspondiente psicofármaco, todo ello como única fuente para algunos de explicación y cambio del comportamiento humano. Pues parece que han desarrollado el fármaco milagroso: la pastilla de la generosidad.

Mi primer planteamiento antes de leer el artículo fue ver lo oportuno o no de diseñar un fármaco que nos haga más generosos y, como dice el autor, activar una parte de nuestro cerebro que se denomina área prefrontal en una zona determinada y que nos hace ser más humanos. Por cierto, curiosa afirmación, parece que todo aquello que está relacionado con el esfuerzo, el crecimiento personal, el cambio y el desarrollo de planes personales queda en segunda línea. Lo ideal es inventar La Píldora de la Felicidad. Que por cierto, según los estudios sobre generosidad y felicidad ya estaría descubierta, según los estudios realizados en Filadelfia por el grupo de investigación de Martin Seligman, la generosidad vista como altruismo espontáneo genera altas dosis de felicidad.

Así que lo que hice fue leer el artículo, sorprendiéndome aún más con sus afirmaciones. Resulta que se obtienen resultados importantes en personas con ciertos patrones de personalidad, y ciertos patrones evolutivos; hasta ahí te puedes plantear que es importante potenciar sociedades generosas, pero cuando profundizas en la investigación, parece que esto sucede incluso con personas que voluntariamente no han querido ser generosas en momentos concretos. En este momento cabe plantearse que si por cualquier motivo una persona no quiere ser generosa en un momento de su vida, y quiere mirarse el ombligo puesto que su momento vital, sus experiencias, su potencialidad personal así se lo plantean, ¿no puede hacerlo?

Por último, te dejo una reflexión del propio autor, un español llamado Ignacio Sáez que afirma que entre el 40 o 50% de nuestro comportamiento lo determinan nuestros genes, pero que además el resto lo podemos achacar a la educación y al ambiente social, y esto es así. Pero además sabemos que la interacción entre educación, ambiente y genética moldean nuestro sistema nervioso…. pero afirma que: “Lo que mostramos aquí es qué botón del cerebro podemos activar para que esto cambie y actuemos de otra manera…”. Pero al final, dónde queda aquello de “la felicidad se encuentra en el camino”, unida a un proceso de crecimiento personal. Yo prefiero realizar ese camino, ¿y tú?

*Psicólogo y miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva