al golpito

El poder del ser humano – Por Rafa Lutzardo

Muchas personas luchan incansablemente por ser protagonistas en la sociedad donde viven. No les importa lo que les pueda ocurrir a los demás, siempre y cuando ellos asuman poderes y beneficios materiales que les permitan disfrutar de una vida más cómoda y placentera que el resto de la clase media más pobre. Una lucha de casta, donde la competitividad de ser el mejor provoca consecuencias negativas en otras personas que no buscan protagonismos, sino que destacan por sus cualidades innatas, virtudes y humildad. Al igual que en muchos sectores de la vida, hay que ser astuto, inteligente o listo para desarrollar determinadas funciones, pero no todos lo hacen por el bien de la humanidad. Es decir, muchos se aprovechan de hacer negocios con las ventas de órganos de menores; tráficos y ventas de drogas, explotación de menores en el mundo de la prostitución, esclavitud laboral, explotación comercial de los animales y abusos de poderes fácticos. ¿En realidad hemos evolucionado tanto para que una gran parte del mundo sea protagonista de tantas maldades? Yo diría que no. Alguien podrá decirme que no todos somos iguales y que el mundo no sería emocionante si todos pensáramos de la misma manera. ¿Por qué a la gente buena le ocurren cosas malas? ¿Por qué es tan injusto el mundo? Las palabras y las promesas no dan de comer a los más pobres. Son los hechos los que consolidan las acciones. El poder del ser humano es tremendamente influyente en un determinado momento de nuestras vidas. El mejor testigo de todo ello es la propia historia de cada etapa de la vida. El hombre ha sido líder de sus fantasías, paranoias, fanatismos, locura, ideologías, religiones, etc. Otros, han destacado por su bondad, humanidad, pensamientos nobles y evolucionistas, por un mundo mejor, por la defensa de los derechos humanos, por la discriminación racial, por el hambre en el mundo y por la paz universal, pero muchos de ellos fueron abatidos por los conspiradores de los poderes fácticos que dominan el planeta Tierra. Muchos creemos en un futuro de tiempos mejores; intentando mejorar o aliviar con soluciones y hechos positivos a través de la moral, principios, honestidad, nobleza, especialmente apostando por un proyecto que permita vivir en sociedades con mayor calidad de vida y donde impere la libertad y la paz en el mundo. En fin, yo no puedo solucionar este desdibujado escenario de la vida, pero si puedo aportar el lado humano positivo. Mis deseos son: sentirme una persona normal y que los gobiernos del mundo presten más atención y ayuda a los pueblos más pobres. Y que no beneficien a las mafias, corruptos y jueguen con las vidas y sentimientos de millones de personas desamparadas. Aunque todos no pensemos igual, sí que podemos ser mejores.