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Prensa casi gratuita

Se supo a principios de mes. La edición española de la revista Rolling Stone anunció que no se editaría más en nuestro país. La despedida de la emblemática publicación pasó desapercibida: se trató de un ejemplo más del declive que la prensa, especializada y generalista, sufre desde hace años. Los responsables de Efe Eme, uno de los pocos diarios de actualidad musical que resisten en España, conocen a la perfección lo difícil que es seguir en los kioscos: hace tiempo que sus responsables desistieron de su empeño de vender ejemplares en cada esquina y se concentraron en mejorar su edición digital, en enviar todas las mañanas una newsletter completísima, y en diseñar un producto solo para sibaritas. Cada tres meses sacan a la venta un número de Cuadernos Efe Eme, una publicación que ofrece lo que Internet no da: información de calidad, extensa, reflexiva, pausada, cuidada. Los ejemplares solo se pueden adquirir bajo pedido.

La muerte del papel, parece, está siendo más lenta de lo que los gurús presagiaban. Los medios digitales que han nacido en plena crisis han llegado para hacer frente a los medios de siempre, pero saben que solo pueden plantarles cara desde la red: el precio del papel es inaccesible para ellos, Internet ofrece infinitas posibilidades tecnológicas para comunicar y las nuevas generaciones lo quieren todo a golpe de click. Sin embargo, siguen creyendo que la información más trabajada tiene que pasar por la rotativa y editarse solo cada dos o tres meses. Lo han hecho eldiario.es, Tinta Libre o Jot Down. Además, está a punto de regresar el concepto de semanario de información generalista con Ahora, una cabecera que ya ha sacado varios números cero y que promete mucho análisis.

Esta efervescencia periodística, sin embargo, no convence tanto a los lectores como para que paguen por ello. Hace unos días, el Instituto Nacional de Estadística publicó la Encuesta de Presupuestos Familiares, que reveló lo que todos intuíamos: el gasto en prensa ha caído en picado durante los últimos años. La crisis, la económica y la de credibilidad, puede explicar el problema, pero solo en parte. Durante 2006 cada canario se gastó 42 euros en comprar periódicos o revistas; en 2014, solo 13. La estadística no especifica qué tipo de prensa compraron. En total, en todo el Archipiélago se invirtieron 27.000 euros frente a los 80.000 de hace ocho años. El descenso ocurrió en todo el país, pero las regiones donde más bajó fueron Extremadura, Andalucía y Canarias. Navarra (49 euros en 2006 y 77 en 2014) y País Vasco (51 y 85 , respectivamente) se situaron en el lado opuesto. Los gurús que hace diez años estaban convencidos de que el papel no aguantaría ni cinco también usan datos como estos para convencernos de que hay que cambiar el modelo de negocio. Algo de eso hay, sí, pero hay algo más importante, y más difícil, que debe cambiar. Las consecuencias de no hacerlo las expuso el periodista Cristian Campos en Jot Down hace unos días: “Quizá habría que empezar a pensar en pagar, aunque sea modestamente, por los productos que consumimos. O al menos por aquellos que consumimos regularmente. La alternativa es un internet de puto asco en manos de youtubers histriónicos, trols de catorce años y amateurs bienintencionados pero intrascendentes. Y no es que tenga nada contra las guarderías, pero cuando toda la oferta cultural a nuestro alcance sea esto, quizá añoremos maravillas como esta” (al pinchar en la palabra esta se podía leer The New York Times Magazine).

@sarayencinoso