el dardo

Rajoy

Ya se sabe que Rajoy vive ensimismado y va a su aire, como si nada le preocupara. Es muy gallego, lento en sus reacciones, inconmovible ante los disgustos, leal con sus leales y previsible. No le gustan ni los golpes de efecto ni los cambios de caras. Por eso, como buen conservador, ha tardado en reaccionar más de tres meses a la petición de relevo que le formuló José Ignacio Wert, el ministro más impopular, pero no por ello el peor, de su Gabinete. El hasta ahora titular de Educación, Cultura y Deportes ha sido cesado con nocturnidad, alevosía y a distancia, tras meses y meses de críticas contra su labor, algunas muy duras, incluso de su propio partido. Wert tiene la intención de vivir en París junto a su novia y antigua mano derecha suya en el ministerio, la hasta hace pocas semanas ex secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, una mujer muy competente que ha sido fichada por la OCDE como directora general adjunta de Educación. El caso es que a Wert sólo le faltó ponerse de rodillas para implorar su destitución. Se va con la Lomce un tanto injustamente desprestigiada, sin haber logrado pacificar el mundo de la educación y con el impopular IVA clavado en el corazón del mundo de la cultura. Ahora le sustituye un europeísta convencido, un hombre de Rajoy de-los-de-toda-la-vida: Íñigo Méndez de Vigo, gran conocedor de Canarias y quien durante parte de su etapa como eurodiputado del PP tuvo bajo su responsabilidad los asuntos referidos a las Islas. Pero volviendo a Rajoy, los cambios de cuatro vicesecretarios y un ministro no creo que resuman lo que la ciudadanía votante esperaba. Ni que sea suficiente para devolver la confianza a quienes en su día creyeron de buena fe en el PP y sus promesas electorales. No basta ese “trabajar, explicar y comunicar” que reclama el jefe del Gobierno a sus más directos colaboradores para ganar las próximas elecciones generales. El partido no funciona, no se coordina con el Gobierno y en éste cada ministro va a su aire. Mantener a Cospedal y Arenas parece un despropósito tras sus reconocidos fracasos en los asuntos internos del partido. Lo mismo que seguir contando con ministros quemados, como los titulares de Exteriores, Interior, Hacienda, Empleo o Industria. Sin renovar caras y estilo, el triunfo será imposible.