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Respeto – Por Juan Carlos García

A un alumno desestabilizador se le exige cambiar de actitud. Si continúa con ella se le apercibe de sanciones académicas. Si persiste se aplica la sanción. Si redunda se le expulsa. A un miembro de un partido político que muestra conductas perjudiciales para dicha formación se le conmina a cambiar de actitud. Si sigue con ella se le advierte de sanciones. Si persevera se le fija la sanción. Si se obstina se le expulsa. A un futbolista con recursos violentos sobre el césped se le requiere cambiar de actitud. Si repite se le avisa de una sanción. Si insiste se le impone la sanción. Si se empeña se  le expulsa. El respeto se ha desvanecido en cada uno de estos casos. Una parte de la sociedad española  sitúa un cuarto caso por el mismo camino. Harta de las inabarcables demandas soberanistas de vascos y catalanes, y tras pedirles cambios de actitud no realizados, propone advertirles de sanciones. Si persisten, aplicarles las sanciones correspondientes. Si se empecinan, se les expulsa. Pero el sentimiento y el respeto deben mostrarse unidos. Y en el Camp Nou sobró sentimiento y faltó respeto. En esta sociedad occidental, la de este nuevo siglo, la española en general y la canaria en particular, el respeto cabalga hacia su perdición. Respeto al rival deportivo. Respeto al adversario en las urnas. Respeto del político a sus electores. Respeto del empresario a sus trabajadores. Respeto a culturas y religiones. Respeto al ser humano.

Respeto a la vida. Respeto a la vida humana y respeto a la naturaleza. En el mar. En la tierra. En el aire. En la agenda de ayer, marcado en rojo, se leía Día Mundial del Medio Ambiente. Entre los objetivos, concienciar a la sociedad de la necesidad de llevar a cabo un desarrollo sostenible. En la agenda de hoy, en la de mañana, en la de todos los días, debe realzarse en rojo el respeto al medio ambiente. El respeto a la naturaleza. De la misma manera que debe subrayarse en rojo en la agenda diaria de cada uno de los gobernantes el respeto a los gobernados. A una sociedad irrespetuosa con la naturaleza, esta la requiere cambios. Si los ignora la anunciará castigos. Si la desoye la castigará. Y si se enroca, la naturaleza acabará expulsando a esa sociedad. Respeto reflexivo y recíproco.