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Riabel Morales: “Los jóvenes ya no entienden otra forma de trabajar que la de colaborar”

Foto DA
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Por Verónica Martín

Riabel Morales Pérez se encontraba hace cosa de dos años en una tesitura importante: había decidido convertirse en emprendedora aplicando sus conocimientos de ingeniería a la eficiencia energética, pero no se encontraba cómoda trabajando en casa. Bueno, cómoda sí. Es algo que muchos emprendedores van a entender bien porque trabajar en casa, en pijama y poniendo lavadoras en los descansos puede resultar cómodo… un tiempo, pero no muy profesional. Entonces, fue cuando decidió buscar un coworking para poder ejercer su actividad y… finalmente terminó montando uno. Su historia ejemplifica la de muchos emprendedores como los que comparten espacio en el coworking Franja 47, en el corazón del santacrucero barrio de El Toscal.

-Franja 47 es un espacio coworking que se inauguró en enero de este año. ¿Cómo surgió la idea?

“Todo surgió en una cena de Navidad. La dueña de la casa, Pilar Romero, es familia mía y en ese momento le conté que acababa de montar mi propia empresa de ingeniería 2S-Studio y que quería irme a atrabajar a un coworking. Ella no sabía qué era eso y le conté el concepto… entonces me recordó que tenía una casa grande abandonada en El Toscal y que había sido el estudio de arquitectura de su marido, que había fallecido unos meses antes. Me comentó que una forma perfecta de darle vida a ese espacio sería convertirlo en coworking y…”.

-… está claro que la casa era perfecta…

“Sí. Fuimos a ver la casa y empezamos a trabajar con el arquitecto Alejandro Bautell, que también es amigo de la familia y lo vio claro. Entonces le encargamos el proyecto que empezó en marzo de 2014 y logramos inaugurar en enero de 2015”.

-¿Cómo es el día a día de un coworking como Franja 47?

“No difiere mucho de una empresa con muchos departamentos, aunque en un entorno más privado donde las personas con las que compartes despacho no son solo compañeros de trabajo sino que, en el entorno, se crea comunidad. No se trata de ir a trabajar simplemente, sino que te puedes nutrir de muchas disciplinas y tienes la posibilidad de hacer sinergias. Estar en un espacio con otras personas que trabajan en disciplinas distintas te da la posibilidad de tener una fuente de conocimiento y de reciclaje constante”.

-¿Es tan real esa comunidad, esa sinergia de las que se hablan de los coworking o en la práctica es solo una manera de compartir gastos?

“Nosotros somos, en estos momentos, 19 coworkers y hay un poco de todo dependiendo de la personalidad y de la disciplina de cada uno. Ya se han creado sinergias importantes entre los ingenieros, los diseñadores y los aparejadores. Esa unión se ha hecho fuerte… luego, hay otras personas que no tienen tanto tiempo o que trabajan directamente para una única empresa y esa circunstancia limita la posibilidad de colaboración, pero… en general se crea comunidad”.

-¿De qué depende?

“Depende de la persona y del trabajo al que se dedique. Hay gente que viene más bien para no quedarse en casa, hay otros más activos que organizan eventos y proponen cosas… la comunidad la crean los propios miembros de Franja 47. Nosotros aportamos una filosofía coworking: creamos talleres, comunidad, sinergia, networking y todo en un espacio que en el que te sientes a gusto”.

-¿Qué ofrece Franja 47 frente a otros espacios similares?

“La idea es que tengan una imagen de marca común y que los mismos integrantes puedan recomendarse unos a otros. Estamos abiertos no solo a la gente interna sino que queremos ser un lugar donde los emprendedores que se acerquen a nosotros puedan crecer”.

-En este tiempo han hecho eventos propios, ¿tienen en mente alguno nuevo?

“En unos días vamos a tener el lanzamiento de una aplicación, por ejemplo. También tenemos una clases de conversación en francés para niños de intercambio y algunos grados de la Universidad de La Laguna (ULL) han venido a impartir alguna clase en nuestro espacio Hemos hecho de todo: desde un showroom de nuevas marcas de ropa hasta una comida por el Día de Canarias destinada a la comunidad de fuera que trabaja en Franja. Hemos organizado excursiones y rutas por parajes como Anaga. Además, vamos a lanzar en breve una revista digital: Magacine 47, elaborada por los propios coworkers”.

-¿Compatibiliza bien ser la directora de Franja 47 con tener su propia empresa?

“Sí, por la mañana me centro en mi propio negocio y por la tarde es cuando me dedico a Franja 47 y lo compagino muy bien. Es cuestión de organizarse”.

-La sensación al entrar en un coworking suele ser un ambiente muy optimista… ¿es así?

“Sí, sobre todo con la gente más joven que tiene esa idea de trabajar en un coworking para conocer a gente y a profesionales y crear una marca común. Hace años veía a personas que venían de empresas tradicionales que montaban una startup por la crisis, pero no porque tuvieran esa mentalidad.. Ahora veo otro perfil: gente joven que tiene una filosofía más colaborativa. Esto pasa especialmente con aquellos que regresan de estudiar fuera, que ya tienen estos conceptos arraigados y tienen claro qué es una aceleradora, un business angel o la importancia de la marca. Los mayores terminaban en estos proyectos por necesidad, no tanto por filosofía, y los jóvenes no se plantean ya otra manera de trabajar”.

-¿Por qué cuando se planteó usted misma elegir establecer su propia empresa decidió acudir a la fórmula del coworking?

“Porque no me podía permitir un despacho para mí sola y trabajar desde casa tenía sus pros, pero también sus contras. Quería trabajar fuera, en un ambiente laboral. Tuve una experiencia similar en el vivero de empresas que tiene la Cámara de Comercio en el Edificio Olympo y me gustó el ambiente que se crea. Una de las cosas que me impulsó a montar mi propia empresa fue la creación de la Ley de Emprendedores y la posibilidad de poder pagar solo 50 euros al principio como cuota de atónomo en la Seguridad Social”.

-¿Sin esa reforma no la hubiera montado?

“Sin esa ayuda no me hubiera lanzado porque empezar es muy duro; ahora que ha ido subiendo te das cuenta de que la cuota se va pagando sola, pero al principio, como no tenía ingresos, los gastos eran demasiados como para asumirlos…”.

-¿Qué es lo más difícil de ser emprendedora?

“Lo más difícil es que confíen en ti y crear una marca. En mi caso, ser mujer e ingeniera y aparentar menos edad de la que tengo me perjudica porque mis clientes son empresarios que están acostumbrado a tratar con otro tipo de perfil. Eso es lo que más me costó, que confiaran en mí y explicarles que les doy nuevas ideas, nuevas maneras de pensar… Ahora, ya cuento con trabajos que me avalan y es diferente”.

-¿Cuáles son esas socluciones diferentes que usted aporta a sus clientes en materia energética?

“2S-Studio es un estudio de ingeniería especializado en soluciones energéticas y de innovación. Hacemos aplicaciones móviles, ingeniería de telecomunicaciones y consultoría energética para el ahorro de las grandes cuentas. Tenemos diferentes comercializadores eléctricos y logramos los mejores precios en función de las necesidades y de su forma de consumo”.

-¿Y qué es lo mejor de ser autónoma?

“La disponibilidad de tu tiempo para poder organizarte a tu manera”.