Un sistema sanitario a dos velocidades

Las personas con menos recursos tienen más posibilidades de padecer enfermedades en el futuro. / DA
Las personas con menos recursos tienen más posibilidades de padecer enfermedades en el futuro. / DA

Algunos gastan más y otros menos, pero por primera vez desde que comenzó la crisis las estadísticas reflejan que los canarios han incrementado su presupuesto. La media, sin embargo, no muestra un comportamiento homogéneo. Quienes conservan un empleo con un sueldo decente empiezan a sentir que la economía, como dicen algunos políticos, mejora. En cambio, los que tenían menos hace años están mucho peor. La recesión económica no ha afectado a todos por igual. Una prueba de ello es que desde 2006 el gasto en seguros médicos, salvo alguna fluctuación insignificante, se ha mantenido al alza, avalando la dualidad de la sanidad canaria. En 2006, un canario gastaba 29,25 euros al año en este concepto, y en 2014, 51,84. El nivel ascendente se ha mantenido también si el cálculo se hace a partir de los hogares y no a título individual (de 82,36 euros por familias se ha pasado a 134,62). El sistema público queda relegado a los que menos tienen y a los mayores -es decir, a los que más servicios demandan- y el privado se convierte en patrimonio de esas clases medias y urbanas que han sorteado los recortes de los últimos años.

La conclusión es de Carmelo Jorge Delgado, hasta hace poco secretario de Economía y Políticas Sectoriales de Comisiones Obreras. Desde su punto de vista, este avance progresivo de la dependencia de la sanidad privada merece un análisis profundo, ya que la transformación que se está produciendo tendrá efectos graves a medio plazo. A su juicio, la tendencia revela que las clases medias que han conseguido no perder su estatus -y en concreto la gente joven con un poder adquisitivo medio o relativamente alto- están optando por dedicar una parte de su presupuesto a este concepto. La razón, considera, está directamente relacionada con los recortes que han acometido los gobiernos en políticas públicas. “Si vas a una consulta privada y pides cita con un pediatra, por la tarde ya tienes hora”. Sin embargo, para un gran número de personas y familias -la mayoría- la sanidad privada no es una posibilidad. En este grupo están las clases más bajas y las personas mayores. Es decir, individuos que presentan más patologías y demandan más servicios. Pero, ¿por qué empeora el sistema si excluimos a una parte?

Esta diferencia de oportunidades no demuestra solo la disparidad en la capacidad de gasto, sino que da pistas de hacia dónde va el estado del bienestar. Por un lado, los que menos tienen se alimentan mucho peor, lo que a la larga se traduce en más enfermedades. Por otro, si los hospitales y los centros de salud públicos solo atienden a estas personas, es decir, a las que más achaques tendrán, lo que se genera es una sanidad sobrecargada que irá empeorando con el tiempo. Será más fácil que los que puedan costearse medios privados se vayan desvinculando de la financiación y las condiciones del sistema público.

Esta hipótesis ya ha sido confirmada, al menos en algunas comunidades autónomas. A finales del mes pasado, la Junta de Andalucía Junta de Andalucía publicó un estudio que demostraba que la esperanza de vida ya no es un índice para medir los años que vive la población de un país: las desigualdades dentro de una región se han disparado tanto que entre un código postal y otro hay una diferencia de diez años. Ese informe demuestra que el nivel adquisitivo y el empleo determinan la salud de las personas y, por tanto, la vida que tienen. La brecha la marca el barrio en el que se resida. La hipertensión, la obesidad o la artrosis son más frecuentes en las clases sociales bajas y con poca formación. En otras palabras, ya hay muchos médicos que están convencidos de que el código postal está influyendo más que el genético.

“El sistema sanitario de beneficencia, es decir, para pobres, ya lo conocimos en España. Existe en Estados Unidos y en otros países del mundo. Y todos tienen un nivel de calidad ínfimo. El sistema sanitario público es probablemente uno de los patrimonios colectivos más importantes. Y del deterioro que estamos permitiendo hay gente que está saliendo beneficiada”, apunta Jorge.

La mala alimentación

La Encuesta de Presupuestos Familiares permite saber también cómo es la cesta de la compra. Desde hace años las familias han reducido sus gastos en alimentación. Ha ocurrido en todos los sectores de la población. En 2006, el gasto medio por hogar llegaba a 4.539 euros al año; en 2014 solo a 3.763 euros. A pesar de que la diferencia aún es enorme, entre 2013 y 2014 se produjo un incremento en esta partida, aunque muy escaso. En términos generales, durante estos años se ha mantenido el consumo de pan en los hogares, pero ha caído el de carne, pescado, leche, queso y huevos.

La mala alimentación tiene efectos en la calidad de vida y en el sistema sanitario. “Cuando alimentamos mal a la infancia, y lo estamos haciendo, no se ahorra, sino que se trasladan los gastos a ejercicios posteriores. Un niño mal alimentado probablemente sea una persona enferma el resto de su vida, y eso va a generar gasto. Estas personas, igual que todas, tienen una vida irrepetible; solo es una, y si se la fastidiamos desde que tienen cinco o seis años, luego no hay manera de recuperarla”, lamenta Carmelo Jorge. El nivel de calidad de la alimentación “ha descendido brutalmente”, y no solo entre la gente que no tiene, “sino entre la que tiene”. “La irrupción de las marcas blancas en los grandes centros comerciales es escandalosa. Ha habido mucho miedo y la gente, aunque tuviera, se ha ajustado a un presupuesto más reducido y a vivir así”. Eso puede cambiar a partir de ahora. “Las familias que tienen por lo menos a uno de sus miembros con empleo estable y de cierta calidad sí notan parte de la recuperación. Aunque los salarios no hayan subido, mantienen el salario y los niveles de inflación son prácticamente cero, e incluso en algunos casos negativos. Es decir, han ganado un poco de capacidad adquisitiva y de consumo”.

La pensión del abuelo

El gasto también difiere en función de los ingresos de cada hogar o persona, y eso también depende de la edad. Entre los 16 y los 44 años se ha producido un retroceso de más de 2.000 euros en el gasto anual: de 10.132 euros que se gastaba un canario en 2006 se ha pasado a 8.493. A partir de esa edad y hasta los 64 años hay un leve descenso, pero el nivel adquisitivo parece mantenerse estable en términos globales. En cambio, los ancianos son los únicos que mejoraron su capacidad de gasto en más de mil euros, según la encuesta del INE.

“Es una tragedia que los ingresos más estables de un hogar sean los del abuelo. Miles y miles de familias están viviendo gracias a la pensión. Pero eso cambiará. La gente que se incorporó hace cinco años al mercado no va a poder cumplir con los criterios de cotización. Con contratos de un mes, de 15 días, ¿quién va a reunir 37 años de cotización? ¿Cómo lo conseguimos, retrasando la jubilación hasta los 90? Por el camino que hemos elegido no hay salida. Es un círculo vicioso que siempre te lleva a lo mismo: no hay dinero circulando”.

A fin de cuentas, el Archipiélago, a pesar del tímido avance en las cuentas familiares, es la autonomía con el gasto por persona más bajo.

Los presupuestos de las familias españolas

à Grandes gastos. La mayor parte del gasto medio de los hogares españoles durante 2014 se distribuyó en tres grandes grupos: vivienda (incluye facturas de agua, electricidad y combustibles), alimentos y bebidas no alcohólicas y transportes.

– Tipo de hogar. Los hogares formados por una persona o una pareja de 65 años o más fueron los que dedicaron mayor parte de su presupuesto a vivienda, agua, electricidad y combustibles para la vivienda (42%), a alimentos (16,5%) y a salud (5,3%). Sin embargo, la parte del gasto que destinaron a hoteles, cafés y restaurantes fue inferior a la media de todos los hogares, al igual que el porcentaje dedicado a transportes y a la enseñanza.

– 2008, el punto de inflexión. El gasto medio por hogar había ido en aumento durante los años previos al estallido de la burbuja inmobiliaria. Desde que empezó a elaborarse la encuesta y hasta el año 2006 no dejó de aumentar, pero a partir de 2008 todo cambió.

– Situación del sustentador principal. El perfil del sustentador principal (persona que aporta más al presupuesto común del hogar) es un elemento diferenciador en el gasto del hogar, tanto en su magnitud como en su evolución a lo largo del tiempo. El mayor gasto correspondió a los hogares cuyo sustentador principal estaba ocupado (30.669 euros), que fue un 13,4% superior a la media.

– Origen de la encuesta. La Encuesta de Presupuestos Familiares es una de las más antiguas del Instituto Nacional de Estadística. De hecho, fue la primera encuesta por muestreo que realizó este organismo en 1958. Su objetivo es obtener información sobre la naturaleza y el destino de los gastos de consumo y sobre diversas características relativas a las condiciones de vida de las familias.

Poco presupuesto pero mucho esfuerzo

El auge de los seguros privados no es algo que haya ocurrido solo en el Archipiélago. El incremento se ha repetido en todas las regiones en plena crisis. Para todos los ciudadanos, sin embargo, no implica el mismo esfuerzo. Para un canario, la sanidad privada representa el 0,58% del presupuesto total del que dispone. Ese porcentaje solo es superado en Aragón (0,66%), Baleares (1,35%), Cataluña (1,30%), Madrid (1.23%) y País Vasco (0,76%).

Curiosamente, esas regiones se sitúan en el lado opuesto a Canarias cuando se mide el nivel adquisitivo o el salario medio. Si las cuentas se hacen en término globales y no a título personal o familiar, el Archipiélago destinó 109.246 euros en 2014 a seguros sanitarios privados. Esta cifra solo llegaba hasta los 55.925 euros en 2006. Además, los canarios destinan una cuarta parte de sus ingresos a su vivienda (sin tener en cuenta gastos derivados como el IBI o la basura). El incremento que se ha producido demuestra, según Carmelo Jorge, la pérdida del poder adquisitivo que están padeciendo muchos canarios. “Las hipotecas se han mantenido, pero porcentualmente pagamos más por ellas. Eso quiere decir que tenemos menos”. A ese pago se unen las “facturas”: los recibos de la luz y el agua también son más elevados, lo que obliga a los ciudadanos a tener que emplear más dinero de su sueldo, subsidio o pensión.