al golpito >

Tu pobreza es mi riqueza – Por Rafael Lutzardo

No sé si será una huida o un encuentro conmigo mismo, pero necesito escaparme, evadirme de este mundanal mundo occidental. No adelantamos a nuestros propios escenarios de la vida; pensando que somos los verdaderos “arquitectos” de la evolución humana. Es cierto que la que ciencia ha trabajado sin descanso por encontrar fórmulas que nos permiten vivir más tiempo y tener mejor calidad de vida. Sin embargo, me gustaría conocer la otra parte de ese mundo desconocido para una gran parte del planeta tierra. Ese lugar, donde algunas personas con familias todavía viven de forma neolítica en las aldeas rurales; aprovechando sus propios recursos naturales y sabiendo respetar todo aquello que les rodean. Valores consolidados en amor, nobleza, generosidad y respeto. Nepal, cuántas cosas te han sucedidos desde que te unificaron, sobre todo después de estos dos últimos terremotos. Sinceramente, que envidian me dan todos ustedes ante esa fortaleza espiritual. Y en ocasiones me pregunto: ¿si yo pudiera adentrarme en las almas o contagiarme de cada una de sus sonrisas? Niños/as, ancianos que han vivido en un mundo de extrema pobreza; los cuales desconocen la otra realidad de una vida más sonorizada, perfecta, evolucionista y enriquecidas por los poderes fácticos de la otra cara de la media luna del mundo. Ellos, los niños nepalíes, no conocen más mundo que en el que viven.

Son felices con un globo pintado; un caramelo, pero especialmente cuando alguien les observa con la mirada llena de amor. Te abrazan, te besan, te acarician, lloran de emociones. Se acurrucan entre tus brazos, apoyan sus corazones en tu pecho y sus cabezas sobres tus hombros. No hay maldad en sus miradas, gestos y pensamientos. No conocen las nuevas tecnologías ni las castas ambiciosas. Solo conocen su mundo rural; el contacto directo de la naturaleza y la majestuosa montaña del Everest: vigilante de día y de noche del pueblo nepalí. Así me lo ha contado mi gran amigo Germán Domínguez Naranjo, creador de Cooperación Internacional Dona Vida. Es por ello, que quiero llegar cuanto antes. Necesito estar con ellos. La vida me tiene que dar otra oportunidad de llegar a tiempo para abrazarlos, amarlos y quererlos. No quiero hoteles de lujos, ni ropas ni calzados de marcas. Solo quiero el amor verdadero de esos niños que no conocen la maldad de un mundo desigual, ambicioso y depredador de su propio entorno y sentimientos. Mientras una parte del mundo celebra eventos deportivos, sociales y políticos, muchos países se mueren de hambre, pero yo no tengo la varita mágica para solucionar todos los problemas que nos rodean; pero no me falta voluntad para poner una parte de mi corazón allí donde me necesiten. En esta ocasión mis sentimientos están en Katmandú; con Cooperación Internacional Dona Vida.