Wolfgang Kiessling: “No soy un jeque ni tengo una fortuna en el jardín”

<
>

Fotos FRAN PALLERO

Por CARMELO RIVERO

Cuatro décadas después de llegar a Tenerife y fundar contra viento y marea el Loro Parque, el mejor zoológico de Europa y tercero del mundo en competencia con los Estados Unidos, Wolfgang Friedrich Kiessling, de 77 años, se siente “más canario que alemán”, pues lleva más de media vida en la isla del Teide, de la que se enamoró a primera vista. “Me decían que estaba loco de remate por querer invertir en una colección de papagayos para los turistas”. Y ahora, en Las Palmas de Gran Canaria, tras las elecciones, escucha de parte de Podemos las primeras voces en contra del acuario Poema del Mar que ha comenzado a construir estos días, como si fuera un déjàvu de su tormentoso desembarco en Canarias en los años 70. Sus planes vitales son declararse “no disponible” una vez haya construido el acuario y el nuevo Siam Park, al cabo de una crisis muy dura, para, entonces, “viajar y vivir” y conocer, por fin, el Pacífico.

-El portavoz de Las Palmas de Gran Canaria Puede, Javier Doreste, ha cuestionado la bonificación fiscal que le otorgó el Ayuntamiento en el impuesto municipal (del 95%). Propone revertir la situación y considera que la ciudad no necesita este tipo de infraestructuras (30 millones de inversión). ¿Qué opina?

“Las obras acaban de empezar, hace dos semanas, y el acuario estará terminado a mediados de 2017. Teníamos todo en marcha y llegaron las elecciones. Ahora surgen estos comentarios negativos. Mis condiciones están por escrito. Los políticos cambian los términos. No sé si los contratos que concerté con las autoridades de Las Palmas los pueden tirar abajo. Confío en que no pase nada”.

-¿Por qué tentar de nuevo la suerte, a los 77 años, con una apuesta semejante tras sobrevivir al Loro Parque y el Siam Park de Tenerife?

“Creo que soy uno de los escasísimos empresarios de esta tierra que no es un jeque ni tiene una fortuna de dinero en su jardín y, sin embargo, asume riesgos tan grandes. La vida se ha portado bien con mis sueños. Ellos querían el acuario, y yo dije, lo hago. He buscado buenas condiciones y han reconocido que arriesgo mucho. No se hacen ni idea”.

-El concejal de Podemos le critica no querer contratar a canarios. ¿Es cierto?

“No es verdad. Mi hijo, Christoph,vicepresidente de la empresa (tiene 46 años y será mi sucesor), lamentó en una entrevista que muchos canarios no hablan idiomas y deberían hacer el esfuerzo de aprenderlo aquellos que trabajan con el turismo. Yo aconsejo al Cabildo que coja el Hotel Taoro, un edificio abandonado, y lo convierta en una escuela internacional de idiomas. En Las Palmas, el 95% de los trabajadores serán canarios como en Tenerife (muchos son de Punta Brava). ¿Cuánta gente hemos formado que iba para camarero o albañil y hoy están aquí entrenando a delfines, papagayos, orcas o leones marinos? Les enviamos dos años a América para ser entrenadores profesionales de orcas”.

-¿En Las Palmas ha sido bien recibido?

“Muy bien. Pero se van unos políticos, vienen otros, y la buena recepción se termina, y ahora no sabemos qué nos va a ocurrir. Hemos invertido muchísimo dinero. Oiga, un negocio como este no se improvisa, el tiempo corre y el tiempo cuesta. Mi hijo hizo una tournée mundial, visitó los acuarios de mayor reputación en 30 países. En el muelle Sanapú vamos a hacer uno de ese nivel”.

-¿Ha pensado en la posibilidad de retirarse de Las Palmas?

“No entra en mi pensamiento. Sería terrible tener que irme de Las Palmas”.

-¿Y cómo va el Siam Park de El Veril, en el sur de Gran Canaria (60 millones de inversión)?

“En plena lucha de permisos. Yo cumplo 43 años en el Puerto de la Cruz, y he tenido suerte. Y quiero llevarme bien con todos los partidos en Canarias, incluido Podemos. Esa es mi filosofía”.

-¿Por qué desistió de hacer en Tenerife un safari park?

“Era mi primera idea, pero un elefante come 200 kilos de verduras al día. No tenía dinero para eso”.

-¿Cuando pensó en los loros qué le dijeron?

“Todos me decían que estaba loco de remate. Aquí, en el pueblo, había un dicho: “Ya hemos visto todo y ahora viene uno con papagayos, que
debe ser el más locos de los locos”. Los bancos pensaban lo mismo. Nadie creía en mí, con la excepción del director accidental del Banco Exterior en el Puerto de la Cruz, que me escuchó y me aseguró un crédito de tres millones de pesetas. Cuando volvió el anterior director, lo echó abajo. Al principio, yo andaba de miseria en miseria; gracias a mi mujer Brigitte y al trabajo salimos. Desde entonces procuro no trabajar con bancos, me pegaron muy duro entre el 72 y el 78”.

-Nadie creía en usted. ¿Su padre?

“Él creía mucho en mí. Pero llegó un momento en que no podía pedirle más dinero ni darle disgustos. ¡No habría podido dormir! Tenía que decirle, todo va bomba. Tenía un socio rico que me prestó dinero mirando a mis ojos azules. Pero un día exigió su parte. Mi padre dijo: “Si quiere marcharse hay que dejarlo ir”, y le pagamos. Entonces, volví a una fase de extremas dificultades”.

-¿Pensó en cerrar el Loro Parque?

“No, eso nunca. Ni en los peores momentos”.

-Hace 40 años dijo que aquí faltaba algo. ¿Sigue faltando algo?

“Faltaba algo cuando no había sol. Y ahora me preocupa más porque vamos a ser cuatro parques. En Tenerife ya sumamos dos millones de visitantes al año; casi 50 millones hasta el momento; somos favoritos tras el Teide. Yo noto que nuestro clima ya no es lo que era. Cuando hablas con los turoperadores, el invierno que hemos pasado no nos ha hecho ningún favor. La gente no viaja para tener nubes. Tenemos que combatir el hándicap del cambio climático, con proyectos nuevos. Sigue haciendo falta un campo de golf en el Puerto de la Cruz. Isaac Valencia y Félix Real querían hacerlo en el Bollullo, pero los ecologistas dijeron que había plantas endémicas y pasó a ser un lugar intocable. El Puerto de la Cruz sería el lugar idóneo para un campo de golf y lo necesita. Yo ya no me meto en más proyectos, quizá mi hijo sí”.

-¿Sigue su valla del tiempo en una calle de Colonia?

“Sí, es la más transitada de Europa: 378.000 personas diarias. En tiempo real va dando la temperatura de Tenerife. Últimamente me gustarían dos, tres grados más”.

-¿Se siente ganador del Oscar de los parques teniendo los mejores del mundo según TripAdvisor?

“Es el mayor portal de viajes y ha designado al Loro Parque (Puerto de la Cruz) como el mejor zoológico de Europa y tercero del mundo, después de Nebraska y San Diego. Tenerife compite con EE.UU. Y al Siam Park (Adeje) lo coloca, al cabo de seis años, como el mejor parque acuático del mundo. ¿Cuántos parques acuáticos existen? Miles. Abu Dhabi había dicho: “Tenemos el mejor aquapark del mundo”. Pero llegó TripAdvisor y dijo: “No, Abu Dhabi, tú no, el mejor es el Siam Park”.

-¿El Loro Parque tocó techo?

“No lo sé, todo es una constelación de estrellas. Pero sí sé que el hecho de cosechar estos éxitos nos ha puesto en el ojo del huracán. Empieza a haber críticas”.

-¿Frente al activismo contra los zoológicos, diría que son felices los animales en cautividad?

“Yo me fijo en mis trabajadores, ellos aman a los animales y limpian sus desechos. Están con ellos de la mañana a la noche, y les cogen
simpatía. Si alguien descubre que un animal no está feliz con nosotros, lo dice para hacer algo. Ocurre muy raramente. Un antílope sale a la pradera y mueve la cabeza para divisar los peligros antes de buscar comida. En los zoológicos ese peligro no existe, si bien es cierto que viven en recintos más pequeños. Los entrenadores les sirven su comida al delfín y la orca a su hora. De ese modo, la gran orca come sus 80 kilos de pescado de primera calidad. Creo, sinceramente, que la orca no puede estar infeliz”.

-He leído su carta de respuesta a las postales escolares que le piden liberar a la orca Morgan. Se muestra dolido.

“SeaWorld (compañía estadounidense de zoológicos marinos) tenía hace años más orcas que agua. Uno de mis retos era tener a esos animales en el Loro Parque. Me ofrecieron cuatro. Nacieron dos, las criamos, una murió a los seis meses. Suele suceder también en el mar. Después recibí una llamada del Ministerio de Agricultura de Holanda. Tenían una orca varada, en 2010, en un delfinario, en Harderwijk. Si no la acogíamos, la otra opción era la eutanasia. Accedimos, pero trayéndola hemos traído también a todos los activistas del mundo, que nos han puesto verdes. La orca es sorda. Recibo continuamente tarjetas con dibujos escolares, con el lema Free Morgan, pidiendo la liberación del animal. En mi carta les explico que Morgan, sin familia y sorda, moriría en ese caso, y aquí está bien cuidada. Solo un enfermo mental pediría liberar a Morgan. Me pregunto por qué no dicen nada de los 300.000 pequeños cetáceos (delfines, marsopas, zifios) que mueren cada año a causa de los plásticos que acaban en el mar y en las redes de pesca. Critican los 256 delfines en cautividad en toda Europa”.

-¿Usted se considera ecologista?

“Claro que lo soy, lo que yo hago es tratar de proteger a los animales. A través de la Fundación Loro Parque colaboramos en el seguimiento del hábitat de la colonia de orcas en libertad en el Estrecho de Gibraltar; en el Mar Báltico evitamos con alarmas en las redes la captura de marsopas, que están protegidas. Aquí abordamos el censo de los delfines del sur y proyectos de cetáceos y tortugas bobas con centros de rescate y universidades. Nos interesamos, a mediados de los 80, a raíz de la caza de cachalotes en Madeira, hasta que se prohibió. Promovemos un santuario de protección de mamíferos acuáticos englobando las aguas de toda la Macaronesia, donde viven 33 especies de ballenas y delfines, a falta de que los políticos definan las aguas territoriales”.

-¿Un zoológico crea conciencia?

“Es la embajada entre el animal y su mayor enemigo, el hombre. Tenemos el certificado de Biosphere Park-Animal Embassy, del Instituto de Turismo Responsable vinculado a la Unesco. A mí los acuarios me han cambiado. Ahora soy incapaz de matar a un pez. Sé que tiene carácter, que puede comunicar, que te reconoce, que te puede pedir algo. Quien asista a nuestro show de orcas o delfines, tratará de ayudarlos el resto de su vida”.

-¿Le costó cara la campaña contra su pingüinario?

“Nos costó dinero. Una señora, activista, hizo denuncias sin fundamento.Han nacido crías con éxito. En Planet Penguin reproducimos las condiciones del Polo Sur, con hielo, nieve y frío de máxima calidad, respetando los ciclos de luz de la Antártida”.

-¿Por estas quejas creó una fundación hace 21 años?

“Yo estoy agradecido a los papagayos, porque nos han procurado una buena vida a mi familia y a mí. En el 86 entramos como miembros de CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres), y eso nos exponía a las campañas de los activistas contra los animales en cautividad. Decidimos regalar nuestra colección única de papagayos a la Fundación Loro Parque, creada en 1994, para la protección de las aves en la naturaleza. Empezamos con 150 y vamos por 3.800 ejemplares”.

-¿Ha logrado salvar especies?

“Hemos salvado dos especies de papagayos en grave peligro de extinción:el aratingaorejigualda y el guacamayo de Lear. Otras nueve están en vías de salvarse también. Hemos destinado quince millones a proyectos medioambientales en veinte años. Es una fundación de ámbito mundial que opera en los cinco continentes”.

-¿Respalda algún proyecto en África?

“Uno que abarcará Zambia, Botswana, Zimbabwe, Angola y Namibia, para configurar un territorio de emigración sin fronteras de aves salvajes, el proyecto Caza, que sería el mayor parque natural que el mundo ha visto. Y en Etiopía, en los últimos bosques de café, queremos proteger un papagayo que vive allí”.

-¿Qué siente cuando se le muere una de esas aves?

“En los inicios, se me murió un guacamayo en mis propias manos. Fue muy triste ver cómo la luz sale de los ojos del pájaro y se apagan. Era un cloróptero, un ara. He visto morir a otros animales, pero aquel se fue en mis manos”.

-El Siam Park está en el sur y el Loro Parque en el norte.

“Me decían que había hecho cosas bien, pero una mal, instalarme en el Puerto de la Cruz, porque el negocio estaba en el sur. Pero yo estoy muy feliz aquí. Pese a la burocracia.Tenía poco dinero cuando vine, me gustó y me quedé. Compré poco terreno (13.000 metros cuadrados) por renta vitalicia. Calculé pagarlo en doce años y el vendedor se murió a los once años y medio. Después, don Víctor Machado me fue vendiendo trozo a trozo su finca y mi hogar, que está en el parque y era su casa de verano. Hoy la superficie del Loro Parque es de casi 200.000 metros cuadrados.El negocio tardó en despegar. Lo recuerdo como la peor época de mi vida”.

-¿Cuando compró el Hotel Botánico, en el Puerto de la Cruz, no desafió de nuevo la lógica turística de la isla?

“Me lo ofreció el Banco Santander y lo compré sobre la marcha. Tenía 20 años de existencia, han transcurrido otros 20, y hoy parece nuevo, pero entonces estaba en las últimas. En este semestre haremos obras en la piscina. Tengo en el hotel una gran colección de arte canario y, en particular, de mi amigo Emilio Machado”.

-Un turista de 91 años se tiró por el tobogán de caída libre la Torre del Poder (Siam Park). ¿Usted también?

“Claro. Cómo no”.

-Lo siguiente va a ser un restaurante de carne. ¿La influencia de la era MasterChef?

“Estará para julio, frente a la entrada del Loro Parque,es mi nueva ilusión, con un cristal enorme de una sola pieza y un nombre italiano como los de Nueva York, Brunelli, como uno de mis perros, un dogo de Burdeos, que es un buen chico, nunca me ha dado problemas. Un restaurante de carne española y argentina. Quiero que sea una carne excepcional. Ya llegó el horno. Va a 800 grados de calor”.

-¿Después que más hará?

“Tengo 77 años; hago mi acuario y el Siam Park en Gran Canaria y después me declaro no disponible”.

-¿Por qué se imbuyó del espíritu tailandés?

“Buscábamos techos de teja, que no se quemaran (frente al brezo tropical) y nos fijamos en la arquitectura tailandesa. Me apasionó su cultura. Vinieron las hermanas del rey; fui nombrado cónsul de Tailandia hace casi 20 años. Cuando vino la reina fue un acontecimiento”.

-Recuerdo a Michael Jackson en el Loro Parque en el 93.

“Sí, le impresionaban los gorilas. Pocos saben que vino a mi casa al Puerto de la Cruz sir Anthony Eden, que fue ministro británico de la Guerra y número dos de Churchill en la Segunda Guerra Mundial, un hombre clave entonces; llegó a ser primer ministro. Pasó tres meses aquí, el último año antes de morirse. Estaba casado con la hija de Churchill. Era un hombre muy elegante, apuesto. Él había urdido los acuerdos de la Conferencia de Yalta.Una anécdota de Eden en Tenerife. Cuando llega, a mediados de los 70, con su esposa nos abren la sala VIP del antiguo aeropuerto del norte, que era una cosa cutre con un sofá cubierto de una tela de plástico, humillante. Al regresar no le abrieron la sala, quizá porque se enteraron de su papel con los Aliados, y él y su esposa se tuvieron que sentar sobre sus maletines”.

-¿Qué opinión le merece Hitler?

“Un perturbado mental. Lo que yo no entiendo hasta hoy, y me rompo la cabeza, es cómo pudo seguir todo un pueblo a una criatura como aquella”.

-¿Sigue siendo demócrata cristiano como Merkel?

“Ahora prefiero a los liberales”.

-¿Cómo es el pueblo alemán?

“Somos nobles y cabezas cuadradas. Pero yo soy ya más canario que alemán”.

-¿Su personal trabaja seguro?

“A mi gente le he dicho que sepa mantener las distancias. Nosotros no podemos permitirnos un accidente”.

-En diciembre de 2009 perdió la vida el tinerfeño Alexis Martínez con una orca durante un entrenamiento. ¿Su caso alteró el método?

“Ese día decidimos que los adiestradores no participaran más en el show”.

-Posee el Premio Príncipe Felipe a la Excelencia Turística, pero ya es rey y aún no ha visitado el Loro Parque.

“Tampoco su padre. Tengo un dossier de invitaciones y de “no podemos”.

-¿Conoció a César Manrique?

“Sí. Un gran hombre. Me ayudó y me salvó. A finales de los 70, cuando el Puerto de la Cruz quería romperme el Parque por delante para que pasara la calle de Punta Brava, gracias a César el Parque pudo seguir existiendo”.

-¿Cómo se lleva con los cazadores?

“No me llevo. No puedo imaginar qué placer hay en matar a un animal”.

-¿Qué animales piensa incorporar al elenco del Loro Parque?

“Queremos traer una pareja de osos koala. Estamos esperando esa oportunidad. Es dificilísimo traerlos de Australia directamente”.

CIEN AÑOS Y UN PUÑADO DE GRANOS

La noche que Wolfgang Kiessling decidió ir al encuentro de los chimpancés y entró a solas en la jaula cometió una temeridad que pudo costarle cara. Pero no era consciente del peligro que corría, ofuscado con la idea de remedar al empresario de otro zoológico, el Asper Holl holandés, al que vio jugando tranquilamente con sus primates. “Estoy más seguro con un gorila que con un chimpancé”, admite ahora. Kiessling, espoleado, entonces, por el valor de aquel colega, dio el paso y entró en la jaula. “Eran cinco chimpancés. Tony, el mayor, al verme, se engrifó y parecía el doble de tamaño. Se abalanzó sobre mí, pero no me hizo daño, curiosamente me abrazó, y después nos sentamos como si fuéramos a conversar. Los otros cuatro vinieron enseguida a tocarme la cara por todas partes. El encuentro fue cordial, pero yo estaba asustado, y cuando decidí marcharme me dejaron ir. Nunca más volveré a hacerlo”. Semanas después, dos chimpancés atacaron al director de un zoo de Colonia y casi acaban con él. “Son animales incontrolables”. Él mismo confiesa que también lo era; tuvo un pasado díscolo. A los 20 años se fue a Estados Unidos a la aventura y trabajó de barman, de vendedor y en las minas de uranio, siguiendo una pauta de su generación a finales de los 50. “Como los jóvenes de África que vienen a Europa, los chicos de la posguerra queríamos conocer América”. En la Segunda Guerra Mundial se localizan los recuerdos más desapacibles de su niñez, la Alemania nazi y las hostilidades de la URSS en su región natal, Gera, de Alemania del Este. Su padre fue hecho prisionero tras la guerra por los soviéticos. “Lo acusaban de capitalista”. Cuando salió de la cárcel, a los dos años, decidió evadirse con su familia. Kiessling recuerda la casa en silencio, cuando regresó del colegio, con todas las cosas empaquetadas esperando que se hiciera de noche. Al oscurecer, la madre, él y su hermana se marcharon en un coche, y el padre lo hizo en un tractor con los muebles y el equipaje. “Mis padres se la jugaron y pasamos al oeste, a Fulda; los bultos quedaron depositados en algún sitio y seguimos hacia el sur en tren”. Una odisea: “Si te descubrían, los alemanes te devolvían al este”.

Diez horas después llegaban, al fin, a Württemberg, a la casa de un tío fabricante de básculas de precisión, que encauzó a su padre en ese sector. Kiessling creció en una Alemania que renacía de sus cenizas y pasó años en un internado, hasta que descubrió su olfato para vender y siguió los pasos del padre. “Vivir la vida”, pese a todo, es el lema de la peripecia de este estajanovista. Ganaba más que el director de la fábrica de balanzas y su siguiente estación fue dirigir una compañía aérea, que volaba los fines de semana a Tenerife. De ese modo, por azar, surgió su idilio con el Puerto de la Cruz, la entonces capital turística de Canarias, y, al paso de los años, recibiría títulos de hijo adoptivo y medallas de oro en la tierra de acogida. “Fue un amor a primera vista”, afirma lacónico bajo el rostro de Anthony Hopkins que se le ha puesto. Cuando la ciudad se enfoscaba y los días eran grises faltaba algo para los turistas, pensó en un show de elefantes, pero su padre le dio una idea más viable cuando paseaban en Miami por un parque temático: “Fíjate, los papagayos viven más de cien años y comen un puñado de granos al día”. Así nació el Loro Parque. Bajo la lluvia. El 18 de diciembre de 1972, al día siguiente de los discursos, todo salió al revés. Le denegaron el permiso para colocar en la autopista los papagayos de metal recortado como el toro Osborne; los cinco mil globos previstos se redujeron a cincuenta porque no consiguió inflar más; el folleto no llegó a tiempo, y, en la madrugada anterior, la sala de calefacción había explotado. “En medio de un completo desastre, abrimos el Loro Parque, y entre las 10.00 y las 10.50 habían entrado 82 personas. A las 10.50 comenzó a llover como nunca en el Puerto de la Cruz. Fueron tres días de agua sin parar”. Tres años duró el naufragio del zoológico, sumido en continuas pérdidas, antes de convertirse en uno de los tres mejores jardines de animales del mundo.