el dardo

Casillas

Se ha escrito mucho sobre la marcha de Iker Casillas del Real Madrid. No me parece una cuestión menor porque la repercusión de la noticia en las redes sociales, en la prensa deportiva, y lo mismo en la generalista, de todo el mundo, así como en las televisiones de aquí y allá dejan bien claro que lo ocurrido con el portero titular de la selección española y del equipo más laureado del mundo no deja indiferente a nadie. Un deportista de personalidad intachable, estrella del fútbol, ídolo de masas, personaje popular -casado además con una guapa famosa presentadora de televisión-, persona modesta y sencilla, que ha dado tantas tardes de gloria a su equipo de siempre y a la selección patria, a quien no se le conocen comportamientos sospechosos ni escándalos sociales, merecía una salida honrosa a la altura de su calidad futbolística y de un club señor como se presupone que ha sido siempre el Real Madrid. Por desgracia, las cosas no han ido como debieran, en la empresa del conjunto blanco como en otras privadas que tampoco premian y despiden como Dios manda a sus mejores profesionales. En realidad, Casillas fue invitado a marcharse: no se ha ido por propia voluntad. Lo que sí ha defendido Casillas es su derecho a percibir las cantidades pactadas por contrato. Por su altísimo salario, ganado en buena lid y al que se avino su club de siempre, y algunos fallos advertidos los últimos años en su desempeño profesional -especialmente remarcados por sus enemigos, que sin embargo parecen olvidar aciertos y tardes memorables-, los dirigentes del equipo merengue permitieron que se desacreditara a un guardameta excepcional, el mejor de España en su puesto a lo largo de la historia del fútbol patrio, no en vano lo apodan El santo por las milagrosas intervenciones que ofrecía a sus seguidores. Veinticinco años vinculado al mismo club y con un palmarés envidiable, no merecía una despedida tan artificiosa y descuidada, incluida la rectificación final y la convencional y engañosa comparecencia conjunta junto al presidente Florentino Pérez. Con Casillas se va -como antes ocurrió con Raúl en similares circunstancias- un artista del balón, un deportista ejemplar que ha hecho felices a millones de aficionados y amantes del llamado deporte rey. Ojalá le vaya bien en el Oporto.