tribuna villera

Cierre del Café Comercial

El 27 de julio de 2015, año internacional de la luz, se apagó la vitalidad de un café multisecular de la capital española, Café Comercial, por cuanto culminaron sus actividades gastronómicas y culturales, según comunicaron por redes sociales sus actuales propietarias. La prensa se ha hecho eco de la noticia por cuanto formó parte de la infra historia de la ciudad madrileña, de la zona de la Glorieta de Bilbao cerca de Malasaña. Durante 128 años fue un espacio singular privado abierto a todos los públicos y consecuentemente conoció a tirios y troyanos, a lo largo de las diferentes etapas políticas de la España contemporánea. Desde que la luz llegó por cable eléctrico (siglo XIX) hasta que la alcaldesa Carmena quiere borrar nombres singulares en calles madrileñas (siglo XXI) incluido el ínclito Muñoz Seca y el presidente futbolístico Santiago Bernabeu. De mi etapa universitaria en Madrid, primeros años de 1960, recuerdo las tardes que me acercaba al Comercial para estudiar en equipo durante horas, con mis compañeros Fernando Giner y Miguel Ángel Chico, algunas asignaturas de la carrera forestal en la Etsimo. Mientras tanto, degustábamos largas tazas de café que siempre lo comparaba con el del bar Parada, en La Orotava, que regentaba Domingo, adejero retornado a Tenerife después de su periplo por Venezuela, y la diferencia era abismal. Circunstancias de la vida me llevaron luego a residir puntualmente en Madrid, en la zona situada entre las glorietas de Alonso Martínez y Bilbao. Así pude degustar la cerveza de la plaza de Santa Bárbara que tanto le gustaba a don Benito Pérez Galdós cuando trabajaba en su editorial de la calle Hortaleza, como disfrutar también de la calidad gastronómica del restaurante La Fuencisla, regentada por el segoviano don Miguel de Frutos, donde pude conocer a Sánchez Dragó, saludar a un alcalde de Madrid y a algunos ministros de la época democrática, responsable de Hacienda uno y del Interior otros. A la hora del café y del fútbol televisado me acercaba al Comercial y solía encontrar a la familia de don Miguel. Lo cierto es que este triángulo gastronómico, cultural y político se acabó. Hoy solo queda Santa Bárbara ya que don Miguel de Frutos falleció al igual que su señora, que era la cocinera, y el café Comercial se cerró el pasado 27 de julio, sin saberse las razones verdaderas del cese de actividades que nos ha sorprendido a muchos incluida la prensa. Es una pena porque la Villa de Madrid ha perdido un histórico lugar de encuentro y tertulia, y parte de su geografía cultural.