a propósito de la gesta

Desde la banda de babor (II)

Por Jesús Botana Cobián

En este segundo artículo de la serie ‘Desde la banda de babor’, comentamos la carta que un guardia marina tripulante del Theseus escribió a su padre. Este guardia marina no participó en el desembarco a Santa Cruz por estar recuperándose de una grave herida en una mano que se produjo durante el bloqueo de Cádiz; bloqueo que realizaba la escuadra inglesa del Almirante Jervis de la que se segregó el escuadrón que atacó Tenerife:

Carta del guardamarina William Hoste a su padre
“Theseus, 15 de agosto de 1797.
Querido padre: Debo sentarme ahora y darte un relato detallado de nuestra desafortunada expedición contra la isla de Tenerife. A pesar de lo incómodo de esta tarea, estoy seguro de que será mejor explicado por mí que por ningún otro; además de que te convencerás de que estoy bien y, créeme, desearía poder decir lo mismo de todos los de a bordo”. En estas líneas, William Hoste muestra su decepción por el fracaso de la expedición contra Tenerife y el deseo, además de tranquilizar a su padre, de que éste supiera de primera mano lo ocurrido. Probablemente, sospechaba que las noticias llegarían a la metrópoli muy distorsionadas.

Tras enumerar la composición de la expedición leemos: “Las órdenes del almirante Nelson eran -las recibí de él mismo- hacer un vigoroso ataque al pueblo de Santa Cruz, en la isla de Tenerife”.

Confirma la teoría de que Nelson venía a algo más que obtener como botín las riquezas que transportaba el navío Príncipe de Asturias, perteneciente a la Compañía de Filipinas. El desembarco realizado en la mañana del día 22 de julio con la finalidad de atacar las defensas de Santa Cruz por retaguardia y que terminó con un estrepitoso fracaso así lo atestigua. Veamos el relato: “…el 22 por la mañana los soldados de marina y los marineros armados pertenecientes al escuadrón -entre todos, 600 ó 700 hombres- desembarcaron a unas 2 millas al este del pueblo, pero fueron obligados a reembarcarse de nuevo a bordo de las fragatas antes del anochecer”. Y como consecuencia de este fracaso: “Fue entonces cuando se decidió atacar el pueblo en la noche del 24”. Tras informar que el Leander, un navío de 50 cañones, se unió al escuadrón el día 23, William Hoste hace una transcripción del diario de a bordo del Theseus. “A las 5 anclamos al este del pueblo, en compañía del Culloden, Zealous, Leander -todos navíos de línea-, y las fragatas Seahorse, Terpsichore y Emerald; el cúter Fox y la cañonera se mantenían enfrente de la ciudad. A las 7 y media la bombarda comenzó a arrojar bombas al pueblo. A las 10 y media los soldados de marina y los marineros de los diferentes barcos se reunieron y comenzaron a remar en dirección a la cabeza del muelle, bajo el mando de nuestro valiente almirante. A la 1 de la madrugada empezó uno de los cañoneos más intensos de los que yo haya sido testigo desde el pueblo sobre nuestros botes, así como un fuego de fusilería bastante regular, que continuó casi sin interrupción por espacio de 4 horas”.

Observamos en este párrafo que el calificativo que dedica al almirante muestra la admiración que sentían por Nelson sus subordinados y nos informa, quizá con sorpresa, del intenso cañoneo y fuego de fusilería fruto de la planificación de la defensa realizada por el General Gutiérrez. “A las 2, el almirante Nelson regresó a bordo terriblemente herido en su brazo derecho por la metralla. Te dejo que juzgues mi situación, señor, cuando encontré a aquel hombre, que puedo decir que ha sido como un segundo padre para mí; al ver su brazo derecho colgándole por su costado, mientras con su izquierda saltaba a la borda del barco, y con un espíritu que dejó atónitos a todos, le dijo al cirujano que preparara sus instrumentos, porque sabía que debía perder el brazo y que cuantos antes fuese, mejor”. Poco se puede añadir a este párrafo que, sin duda, relata el hecho más trascendente del combate y junto con la, ya comentada, admiración que muestra el guardia marina por su almirante, nos describe la entereza mostrada por Nelson en el difícil trance de la pérdida del brazo derecho.

“A las 4, muchos de los botes regresaron a bordo sin haber podido desembarcar debido al fuego mantenido por el enemigo. Nos dieron la desagradable noticia de que un cañón de 24 libras había alcanzado al Fox y que éste se había hundido con rapidez, con 150 almas a bordo, la mayor parte de los cuales se había ahogado. Todos los botes del escuadrón se emplearon en salvar a los hombres”. Otro de los hechos más importantes en el desarrollo del combate fue el hundimiento del cúter Fox, que, a pesar del esfuerzo por salvar a la tripulación y tropa que transportaba, causó un gran número de bajas y un grave quebranto en la moral de los ingleses. “Entonces comenzamos a albergar malas esperanzas de nuestros hombres en tierra, y no sin razón, ya que media hora después, un bote que había escapado de la costa nos informó que toda nuestra gente había sido obligada a rendirse con la condición de que fueran enviados inmediatamente a bordo de sus respectivos barcos, lo que fue garantizado por el gobernador”. Ya se presagiaba el desastre. “A las 9 llegó una bandera de paz desde Santa Cruz con un oficial español y el capitán del Emerald, quien ,entre otras malas noticias, nos dijo que el teniente Wetherhead estaba mortalmente herido en el vientre”. Se trata del bote en el que el capitán de Mar Carlos Adán y el capitán del Emerald, Waller, llevaban el texto de la Capitulación, firmada por Samuel Hood ante el General Gutiérrez, para su ratificación por Nelson; y la triste noticia del teniente Wetherhead.

Finaliza la carta con una “cuasi” omisión y un obligado lamento por haber ocupado la vacante del compañero fallecido. “Casi he olvidado decir que con la muerte del pobre Wetherhead, el almirante Nelson me dio una comisión para actuar como teniente en su vacante; me habría hecho feliz el que hubiera sido dada a cualquier otro, ya que siempre lamentaré su pérdida. [..]
Afectuosamente, su obediente hijo, William Hoste. Theseus”.